Duro cruce entre Berlín y París por el rescate de la economía griega

Europa no tiene buenas opciones para sacar a Grecia del pozo de la deuda. El ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, adelantó ayer la opción de un canje. En una carta enviada a sus homólogos europeos, al Banco Central Europeo (BCE) y al FMI, aboga por una reestructuración a través de un canje de bonos, otro plan de rescate y más dureza en los planes de ajuste. Pero su propuesta chocó de frente contra Francia, la Unión Europea y las agencias de calificación.
París fue tajante en su negativa. La posición de Francia es “el rechazo a la reestructuración de la deuda griega. No nos desviamos” de esa línea, advirtió el portavoz del gobierno y ministro de Presupuesto francés, Francois Baroin. Una simple razón: La banca privada francesa es acreedora de 60 mil millones de euros de los 320 mil millones de euros de la deuda griega.

Sobre Estados Unidos

Que uno de los países más poderosos del mundo celebre como una fiesta nacional el asesinato de un terrorista y la masacre de su guardia personal es un abominable testimonio de la degradación de los principios éticos que fueron el fundamento de su nacimiento y desarrollo.
En su euforia, los estadounidenses olvidan que Osama bin Laden fue formado como terrorista por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para que combatiera de modo victorioso a los soviéticos que invadieron Afganistán (1978-1989).
Es verdad que con estos celebrados crímenes cierran la herida abierta por la brutal violación de su soberanía, al destruirse las Torres Gemelas. Pero ¿y qué decir de la soberanía de Pakistán, el fiel aliado, cuya soberanía fue violada por el operativo de exterminio?

¿En serio o en broma?
En una deplorable exhibición de espeso orgullo, propio de cowboy bravucón de películas de serie “B”, Barack Obama afirmó: “Cuando decimos que nunca olvidaremos, lo decimos en serio” (Eddie Murphy lo hubiese hecho mejor).
¿Debe interpretarse, entonces, que hablaba en broma cuando prometió al mundo que cerraría la inhumana prisión de Guantánamo al día siguiente de su juramento como presidente?
Sólo con incurable ingenuidad se podría aceptar que Bin Laden fue ultimado el 1º de mayo, exactamente ocho años después de que George W. Bush lanzara triunfalmente desde el portaaviones USS Abraham Lincoln el grito de “misión cumplida”.
La misión de buscar y destruir armas imaginarias no terminó, pese a lo cual los estadounidenses se retirarán del infierno iraquí a fines de este año, dejando una estela de, hasta ahora, 4.415 soldados muertos y 32 mil heridos, de los cuales miles regresan contaminados por las radiaciones de los explosivos de uranio empobrecido, que les dejarán crueles secuelas de discapacidades.
Por cierto, los civiles iraquíes desarmados muertos ascienden a 106 mil, una proporción razonable de 23 musulmanes muertos por cada occidental y cristiano armados.
Otra casualidad: el 1º de mayo de 1945 se anunció al mundo que Adolf Hitler se había suicidado el día antes... Los estadounidenses cuidan siempre hasta los menores detalles.
¿Cómo podría creerse que Bush y halcones asociados hablaban en serio cuando juraron ante el mundo que Irak poseía armas de destrucción masiva? ¿Hablaban en serio cuando Al Qaeda preparó en Afganistán los criminales atentados del 11-S, cuando es harto notorio que el adiestramiento de los terroristas se realizó en territorio de los Estados Unidos?
¿En 1964 hablaba en serio el general William Westmoreland cuando pidió, y obtuvo, un millón de soldados para poner de rodillas al Vietcong? El mismo pueblo que hoy festeja un crimen como sustituto de la justicia transmutó en ironía su lacerado orgullo cuando afirmó que “Westmoreland ganó tantas batallas que terminó perdiendo la Guerra de Vietnam”. Por hablar en serio.
¿Hablaba en serio el general David Petraeus cuando felicitó a sus soldados por lograr la pacificación de Irak? ¿O acaso olvidó que sus tropas no tuvieron nada que ver en la tregua entre chiítas y sunitas que detuvo la virtual guerra civil que desangraba al martirizado país: el clérigo chiíta Muqtada al Sader, principal referente iraquí de esa rama del islam, ordenó a sus cuadros de combate el alto el fuego, al tiempo que los sunitas rompían relaciones con Al Qaeda.
Al día siguiente de su arenga, el sueño de Petraeus fue turbado por el estallido de dos cargas explosivas. Aun en pleno sopor, Obama lo envió a pacificar Afganistán.
Tampoco en Latinoamérica. Por supuesto, la historia no se repite en forma mecánica, pero desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, cada vez que los Estados Unidos hablan en serio los hombres de buena voluntad del mundo entero se estremecen y esperan lo peor.
¿En 1954 hablaban en serio cuando acusaban al gobierno progresista de Jacobo Arbenz de estar conduciendo a Guatemala al comunismo porque exigía que el gigantesco imperio de la corporación estadounidense United Fruit pagara impuestos acordes con sus latifundios bananeros y sus gigantescas exportaciones a la Unión? ¿Hablaban en serio cuando denunciaban, como prueba del siniestro designio bolchevique de Arbenz, la compra de armas en Checoslovaquia, país gobernado por comunistas?
Hablemos en serio: esas armas fueron compradas realmente en Checoslovaquia y transportadas a Guatemala en un buque carguero sueco e introducidas con una falsificada declaración jurada de importación. ¿Necesitaba Arbenz, presidente del país, presentar en la aduana un falso manifiesto de carga? No. Simplemente porque Arbenz no había comprado una sola bala de ese cargamento.
Las armas fueron efectivamente compradas en Praga por... agentes de la CIA que fungieron como traficantes y las pagaron al contado. Y, lo que supera la imaginación literaria, el armamento había pertenecido a la Wehrmacht nazi, que lo entregó a los aliados cuando se rindió. Arbenz fue derrocado en junio de 1954.
La política exterior estadounidense parece inspirada en los delirantes escritos de Groucho Marx y de Woody Allen, de Ambrose Bierce y H. L. Mencken. El problema es que cuando los estadounidenses presumen de hablar en serio en política, sus ecos reales son destrucción y muerte, salvajes desconocimientos de las soberanías de los pueblos y de sus derechos humanos, de los que fueron precursores.
Lástima que su digno impulso humanitario comienza a desvanecerse en ominosa sincronía con su decadencia imperial.

Bin Laden, ese viejo socio

Mencionar simplemente el nombre Bin Laden ha supuesto en los últimos años, especialmente en Estados Unidos, algo similar a nombrar al Diablo. Se lo vivió como la verdadera encarnación universal del Mal. Era el primer “enemigo público número uno” del siglo XXI.
¿Pero siempre fue así, Bin Laden siempre representó eso en Estados Unidos?
Nada más lejos de la realidad. Cuando George W. Bush se vio obligado a felicitar a Barack Obama por matar a Osama Bin Laden, habrá recordado sin duda cuán ligada ha estado su familia con la del líder de Al-Qaeda.

Todo lo que los EE.UU. mataron junto a Bin Laden

La manera en que fue abatido quien ya era un muerto político agotó la ilusión de recuperación de la legalidad y del idealismo que habían llegado con Barack Obama.

Una de las lógicas de la confusión es dejarle a la gente las teorías y alejarla de los hechos. El desorden noticioso alrededor de la muerte de Osama bin Laden se instaló en esa trampa de suposiciones. Si bien es cierto que esta neblina del final le hace un justo honor a este célebre espectro, el hecho es que se trata de una muerte incomprobable.

No hay cadáver ni fotos a la vista, sólo una suposición reafirmada como certeza por la Casa Blanca. Debería alcanzar, pero todo ha quedado de tal modo oscuro y manipulado que lo que se informa puede haber tanto sucedido como que Bin Laden haya muerto hace años, en la invasión de Afganistán una década atrás, y ser restaurado ahora en los titulares porque cambiaron las circunstancias que hacían conveniente la estrategia de mantenerlo con vida .

El factor Osama

El asesinato de Osama Bin Laden está siendo celebrado por los medios de comunicación y funcionarios del Gobierno de Estados Unidos, que lo pintan como uno de los eventos más importantes desde el 11 de septiembre de 2001. Desde la perspectiva de que lo ocurrido debilita a Al-Qaeda, esto sería ciertamente una ganancia. Pero vale la pena echarle una mirada sobria a la realidad detrás de las exageraciones.
Bin Laden, quien –como Sadam Husein y otros infames asesinos en masa– fue apoyado por el Gobierno de Estados Unidos durante varios años antes de volverse en su contra, cambió el mundo con el más destructivo acto de terrorismo jamás cometido en tierra estadounidense. Pero la razón por la cual pudo hacerlo tiene tanto que ver con la política exterior de Washington en ese momento en particular, como con sus propias metas y estrategia.

Discurso de Barack Obama al recibir el Premio Nobel de la Paz

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, recibió en diciembre de 2009 el premio Nobel de la Paz. Ante los sucesos que acontecen actualmente en Libia, Egipto y Túnez, con la intervención armada de la OTAN, creemos pertinente revisitar el discurso íntegro de recepción del Premio Nobel de la Paz.

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BP es una bomba de relojería para el sistema financiero internacional

BP es una bomba de relojería para el sistema financiero. La empresa se refinancia con derivados crediticios y fondos de pensiones que ahora, y para desdicha de sus clientes, experimentan graves pérdidas. Dos elementos tan centrales como obsoletos del actual capitalismo –una economía fundada en la energía fósil y la especulación financiera a escala planetaria— nos llevan derechos a la próxima catástrofe.

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Obama y el joven siglo

El presidente Barack Obama es atacado desde muchos rincones. Es un "socialista" que quiere extender un poder sofocante del gobierno. Es un "reaccionario" que limita al poder público y favorece a la empresa privada. Es un político "pasivo" al que le haría falta el activismo de Clinton. Es un político "frío" al que le faltaría, en cambio, la demagogia populachera de Bush. Una mirada histórica a las políticas que anteceden al Presidente Obama y a las que ofrece éste en su actual administración. Estados Unidos y su entrada al siglo XXI.

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