¿Porque las clases medias occidentales odian a Chávez y las clases trabajadoras venezolanas le votan?

Desde hace 14 años cada comicio electoral venezolano viene precedido de una avalancha mediática en Europa y Norteamérica en contra de Hugo Chávez. El estertor de los rotativos es sin embargo aún mayor en España donde día tras día se nos informa del inminente derrumbe de la economía venezolana, de su corrupción, del crimen imperante, del autoritarismo de Hugo Chávez, e incluso de la aparentemente insaciable vida amorosa de mandatario bolivariano.

No cabe duda de que algunos aspectos de su gestión como, por ejemplo, los problemas con el funcionamiento del sistema judicial, la inseguridad en Caracas o algunos planteamientos o alianzas de su política exterior tienen un fondo real que justifican un debate serio y profundo. Sin embargo, la caricatura interesada realizada sobre el proceso bolivariano y la persona de Hugo Chávez tienen una más que dudosa credibilidad. Necesitamos un enfoque que documente y valore de la forma más objetiva posible lo que de positivo haya podido aportar el proceso que se inició con la constitución de 1999, refrendada por una amplia mayoría de venezolanos (más del 70%).

Radiografía de la economía venezolana

Graduado de economista en la Universidad de La Habana, Víctor Alvarez fue ministro de Industrias y Minería del gobierno de Hugo Chávez y director de Pdvsa. En su labor de docente e investigador del Centro Internacional Miranda, de Caracas, coordina un equipo de estudio sobre nuevos modelos productivos. En su último libro, Claves para la industrialización socialista, propone un nuevo tipo de desarrollo industrial basado en diferentes formas de propiedad social en manos de los trabajadores y las comunidades, sin mediaciones burocráticas. Allí busca identificar diferentes formas de intervención eficaz del Estado para orientar procesos que él considera no pueden quedar sometidos a las fuerzas ciegas del mercado.

Venezuela: Un triunfo esperado, gratificante, alentador

Latinoamérica sigue respirando sin sobresaltos: en las inmaculadas elecciones presidenciales venezolanas, el presidente Hugo Chávez fue reelecto para un tercer mandato, impidiendo la restauración neoliberal alentada desde Estados Unidos y varios países europeos y avivando, una vez más, el proceso integrador de la región.

El triunfo bolivariano es un aliento para aquellos que en Latinoamérica y el mundo buscan salida a la crisis del neoliberalismo: sí se puede luchar contra el capitalismo. “Venezuela ha cambiado. La lucha de clases (ocultada por la historia tradicional) que se inició desde el mismo siglo XVI, hoy día está culminando: la antigua hegemonía de la cultura burguesa está siendo suplantada por una contrahegemonía de la clase popular”, dice el historiador y antropólogo Mario Sanoja Obediente.

Elecciones en Venezuela: declaración de Carta Abierta

7 de Octubre: el triunfo de Hugo Chávez será un triunfo de la causa latinoamericana

El próximo siete de octubre se realizarán elecciones a los principales cargos nacionales en la hermana República Bolivariana de Venezuela. No es una elección intrascendente: en gran medida se juega en ella la posibilidad de continuar con éxito el proceso de integración latinoamericano, en un marco de soberanía nacional y participación popular. Hugo Chávez Frías pone en juego su liderazgo, confiando en que el pueblo con su voto consolide el proceso de transformación social y político mas importante de ese gran país.

Las elecciones presidenciales en Venezuela

El domingo 7 de octubre hay elecciones presidenciales en Venezuela. Es un acontecimiento político fundamental no sólo para ese país sino para toda América latina. Si ganara el Presidente Hugo Chávez, se profundizará el proyecto político y social comenzado en 1999, lo que consolidará a Sudamérica como bloque geopolítico independiente en un mundo multipolar. Por el contrario, el triunfo del opositor Henrique Capriles Radonski significaría volver a una política conservadora y una economía neoliberal, con el consiguiente debilitamiento de Unasur y Mercosur.

La llegada del nuevo socio

Qué le aporta económicamente al bloque el ingreso del país conducido por Hugo Chávez, cómo cambia el equilibrio de fuerzas al interior del Mercosur y qué consecuencias tiene en el escenario geopolítico.

No sólo petróleo

Por Alejandro Robba

Mucho se ha dicho y opinado en los últimos días sobre el ingreso de Venezuela al Mercosur. Los análisis desde los sectores conservadores afirman que la incorporación supone una “chavización”, mientras que otros dan por hecho que ahora sí el bloque se encamina hacia una profundización de la integración suramericana. Por fuera de posiciones maniqueas, lo que se abre es un nuevo escenario, donde el ingreso de un país con potencialidad económica y presencia política impactará sobre los equilibrios y disputas de poder actuales.

La gran alianza del Atlántico

La incorporación definitiva de la República Bolivariana de Venezuela al Mercosur constituye un salto cualitativo en el proceso de integración continental. Esa incorporación no sólo completa el gran acuerdo económico, comercial y político nacido hace 21 años, sino que transforma al Mercosur en el más importante proyecto geopolítico intentado en nuestro continente desde los tiempos de la Gran Colombia.

En 1951, el presidente Juan Domingo Perón lanzó su propuesta de integración con Brasil y el resto de Suramérica a la que llamó Nuevo ABC. La iniciativa implicaba no sólo una alianza estratégica de nuestro país con el gran vecino lusoparlante, sino también una articulación con el resto de los países hispanohablantes de la región para equilibrar la relación con Brasil. En la visión de Perón –el principal estratega de la unificación suramericana y, posiblemente, el único político que, después de la Segunda Guerra Mundial, se aventuró en esa propuesta–, la Argentina debía cumplir un doble papel. Por un lado, convertirse en el principal aliado estratégico de Brasil, gobernado entonces por Getulio Vargas y en pleno proceso de industrialización– y, por el otro, acaudillar al resto de los países hispanohablantes de la región.

“Con peso y de pleno derecho”

La definición del diplomático señala que la integración pone a su país en el eje principal de su perspectiva histórica.

"El Mercosur constituye la columna vertebral de la integración económica de América del sur. Venezuela, como una economía media a nivel regional, suma sus recursos energéticos y, aunque pequeña, también aporta su capacidad industrial; además de un mercado interesante”, señala Carlos Eduardo Martínez Mendoza, general retirado y compañero de promoción del presidente Hugo Chávez. Al igual que otros militares de su generación, el actual embajador de Venezuela en la Argentina participó de la rebelión del 4 de febrero del ’92. “Mi país se encuentra ahora, como miembro pleno del bloque, con el eje principal de su perspectiva histórica: una presencia con peso y de pleno derecho en Suramérica, nuestro espacio natural, aunque haya estado durante doscientos años de espaldas a la región”, afirma Martínez Mendoza.
Su visión del proceso de integración subraya que la membresía plena de Venezuela a la zona comercial implica para su país un desafío que ya trasciende el “hacer cada vez más fluidos los intercambios de bienes y servicios”. Se análisis resalta la importancia de “avanzar en la planificación conjunta de los procesos de industrialización mediante mecanismos de complementación porque incluso Brasil, que es la mayor economía de la región, necesita de sus vecinos para darle sustentabilidad a su desarrollo”.

Uno más

Venezuela es la cuarta potencia de América del Sur. Tiene una población de 30 millones de personas. En 2011, el PBI fue de 342 mil millones de dólares, que implica un Producto per cápita de 11.400 dólares, uno de los más altos de la región. En ese mismo año, el saldo comercial positivo sumó 46 mil millones de dólares, obtenido fundamentalmente por las exportaciones de petróleo. Con los recursos de la Faja del Orinoco, es el país con las mayores reservas de hidrocarburos líquidos pesados y extra pesados probadas del mundo. Durante casi seis años distintos bloqueos en los Congresos de Brasil, Uruguay y Paraguay impidieron concretar el ingreso de Venezuela al Mercosur. El último bastión de resistencia era el Senado de Paraguay. El golpe parlamentario contra el presidente de Paraguay Fernando Lugo derivó en la suspensión de los guaraníes del bloque y terminó así facilitando la incorporación de Venezuela.