Romper todo

Claudio Scaletta
El encuentro fue el pasado miércoles en el Hotel Alvear. La organización corrió por cuenta del Consejo Interamericano de Comercio y Producción, una entidad integrada por varias cámaras empresarias y presidida por Eduardo Eurnekian. Sus luminarias fueron Miguel Angel Broda, Carlos Melconian y el tosco José Luis Espert. A ninguno de los tres se lo conoce por sus aportes al pensamiento económico.

Pero justo es decirlo, jamás se lo propusieron y no se les paga por ello. Los tres son “economistas profesionales”, cuentapropistas de la comercialización de información macroeconómica formateada a gusto de la demanda corporativa. Su tarea específica, entonces, es la de ideólogos de sectores particulares. Por ello no importa en absoluto que sus predicciones nunca se cumplan, el objetivo es proponer políticas a demanda y asustar con el advenimiento de crisis y devaluaciones si no se aplican. Con este objetivo, los tres economistas fueron invitados a decir lo que buena parte de la cúpula empresarial quiere oír.

Quizá sea ocioso decirlo, pero el marco teórico de las recomendaciones escuchadas es una antigualla. En la historia del pensamiento económico corresponde al siglo XIX. El equilibrio general, por ejemplo, fue formulado por los fundadores de la escuela neoclásica hace ya más de un siglo. Continuar con conceptos basados en la neutralidad del dinero, o las versiones más ramplonas de su teoría cuantitativa para explicar fenómenos complejos como la inflación, son anacronismos que desconocen todo el debate teórico del siglo XX. En un límite casi hilarante, calificar al actual programa económico como “marxista”, según sostuvo sin sonrojarse Miguel Angel Broda, es un resoplo de quien no registró siquiera la caída del Muro hace ya más de un cuarto de siglo. El mismo anacronismo sistémico que mostraron los empresarios que, desde el lugar de escuchas-financistas de los expositores, cerraron el encuentro con un brindis “por el capitalismo”. La atrasada pantomima podría ser parte de una obra de Henrik Ibsen o mejor, de Bertolt Brecht. El autismo zombie impidió a los viandantes comprender que los polos del debate económico actual no son capitalismo-socialismo, sino ortodoxia-heterodoxia, es decir; un debate intracapitalista sobre la forma del desarrollo económico que comenzó en las primeras décadas del siglo XX, ante la impotencia de la escuela neoclásica para dar respuestas a las grandes recesiones.

Lo que los candidatos callan

Al margen de sus limitaciones teóricas, un detalle secundario en sus tareas, el relato de los tres mosqueteros del talibán neoliberal local importa porque delata lo que los candidatos callan y las firmas transnacionales anhelan: el verdadero plan económico de la oposición. Si se escuchan por arriba las propuestas retumban la sencilla trilogía de achicar el gasto, cobrar menos impuestos y aranceles y devaluar. Prestando atención se encuentra también el plan completo y su cosmovisión. Aquí el relato:

- Desarrollo industrial y ventajas comparativas. José Luis Espert: “El país hoy abraza con mayor amor que antes el populismo industrial”. “La mesa está puesta esencialmente para la sustitución de importaciones, con altos aranceles y, entonces, sectores que tienen ventajas competitivas, como el agro, sufren derechos de exportación.” “Argentina tiene que dedicarse a vivir del libre comercio, sin aranceles ni retenciones.”

- Elecciones y astucia. Miguel Angel Broda: “El PBI dejó de caer, se desaceleró la inflación, se achicó la brecha y las reservas dejaron de bajar”. Fue el resultado “de un programa astuto y perverso (que) compró beneficios de corto plazo que sin duda van a afectar el proceso electoral a favor del oficialismo y generar desequilibrios de mediano plazo”. Pero “la macroeconomía siempre se venga, el plan analgésico y antiinflamatorio de Kicillof hipoteca el 2016”. “Esta orientación marxista de la política es un programa que dificulta el triunfo de la oposición.”

- Fondos jubilatorios y acciones en poder del Estado. Carlos Melconian: “Tenemos que terminar con la fantasía del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, que es como en el circo de Marrone: Pepitito le debía un peso a Scazziota, Scazziota a Firulete, y Firulete a Scazziota, con excepción del 11 por ciento de acciones privadas”.

- Shock, gradualismo y ajuste. Broda: “Como lo que viene para el próximo gobierno son decisiones políticamente incorrectas, tenemos que tener muy poco miedo a lo que queda del Frente para la Victoria y su camada de militantes antiajuste. Señores, lo que hay que hacer es lo políticamente incorrecto”. “La verdadera solución pasa por el shock, pero va a haber gradualismo.” Sin embargo, “El déficit fiscal, la política monetaria, la restricción externa y los desequilibrios de precios relativos hacen inexorable el ajuste. Las crisis son el paraíso para el próximo ministro de Economía que plantee un programa creíble”. Espert: “El cepo hay que eliminarlo del golpe. Es de perdedor decir que se van a tomar un año. Pero ojo, hay que tener un plan fuerte detrás”.

- Cavallo y formación de cuadros. Broda: “Ya estoy más allá de todo, lo voy a decir: necesitamos un equipo como el de Cavallo, de 200 profesionales. Yo disentí mucho con él. Pero no veo a los equipos capacitados para salir del cepo el primer día. Y tenemos a los militantes del antiajuste oponiéndose a todo lo que sea racionalidad. Necesitamos sabiduría, paciencia y consensos: la agonía de un ACV es peor que si uno se hubiera muerto”.

- Batalla cultural. Espert: “El kirchnerismo le ha hecho mucho daño a la cabeza de los argentinos. Me da pena el disco rayado en que se ha transformado la Argentina: cada diez años discute lo mismo. La solución tiene que venir dentro de un plan económico serio con congelamiento del gasto público y, como mínimo, echar a toda La Cámpora”.

- Relación con los trabajadores. Espert: “Yo creo que no tendría que haber paritarias, eso es fascista. El Estado no tiene nada que hacer llamando a los sindicatos a negociar. Pero ése es el populismo que tenemos, no nos quejemos”. “Al que no le gusten las paritarias que pida a gritos el libre comercio.”

- Buitres, FMI y alianzas globales. Melconian: “Hay que resolver la herencia del juez Griesa”. “No tuvimos ningún diálogo con los fondos buitre, pero sí lo haremos después de diciembre” (bajo el supuesto fuerte de que el macrismo gane las elecciones). Espert: “Si queremos préstamos internacionales necesitamos un acuerdo con el FMI”. Broda: “Si vamos a negociar con Venezuela y Rusia vamos a seguir aislados del mundo cuando el mundo se está integrando. El Mercosur ya fue, o lo perfeccionamos o lo dejamos de lado”.

- Tipo de cambio. Broda: “El dólar ahora debería estar a 20,40. Está funcionando como ancla inflacionaria, pero tres meses antes de las elecciones probablemente se dé alguna turbulencia porque viento de frente se va a tener”. Espert: “No hay eliminación del cepo sin un plan económico fuerte, un plan que incluya la reducción del gasto público y una gran devaluación del peso”.

El plan implícito

Sin mucho esfuerzo pueden deducirse rápidamente los ejes del plan. Con la excusa de “desequilibrios macroeconómicos del kirchnerismo”, que sin embargo no terminan con la crisis anunciada, inducir una fuerte devaluación junto a la eliminación de toda la estructura arancelaria y la apertura de la economía. Volver a los programas del FMI y al alineamiento automático con Estados Unidos más el desarme de lo poco que hay de Mercosur. Pagar a los buitres en las condiciones insólitas impuestas por el emplumado Thomas Griesa y desfinanciar a la Anses nuevamente. Privatizar las acciones que el Estado tiene en las empresas a través de la Anses y desfinanciar al sector público inclinando la balanza en favor de los exportadores primarios eliminando retenciones. Finalmente, con la Anses y el Estado desfinanciados, eliminar todos los subsidios. El único debate “técnico” pasaría por qué tan rápido sería posible hacer todo esto dadas las evidentes limitaciones políticas, es decir; el altísimo costo social.

Los efectos

Siguiendo la estrategia de los consultores es posible armar un escenario con las consecuencias de un plan semejante: la inflación local está fuertemente vinculada con el tipo de cambio y una liberalización del mercado cambiario provocaría primero una fuerte devaluación e inmediatamente una significativa suba de la inflación. Si el tipo de cambio se ubicase en torno de los 20 pesos por dólar, los que según Broda se necesitan para recuperar competitividad, habría un aumento del tipo de cambio cercano al 120 por ciento, la inflación se dispararía a niveles en torno del 100 por ciento anual. La caída de los salarios reales impactaría de forma negativa en el PIB, el cual se contraería el 12 por ciento, una caída superior a la de 2002. Un ajuste fiscal cercano a los 180 mil millones de pesos, el implícito en la eliminación total de subsidios, tendría un impacto adicional de 5 puntos porcentuales en la inflación y una caída de 1,6 puntos porcentuales en el PIB. Este shock afectaría más que proporcionalmente al salario real y se sumaría a la suba de tarifas de los servicios públicos: los salarios reales caerían un adicional de 4,3 puntos porcentuales. Luego, la total apertura comercial y la disolución del Mercosur implicarían la desaparición de buena parte de la industria. La apertura indiscriminada traería consecuencias funestas en materia de empleo. A modo de ejemplo, en un escenario de máxima podrían perderse 89.000 empleos registrados del sector automotor y 69.000 del textil. Por último, acordar con los fondos buitre, y acceder a sus demandas, dado que ellos no negocian, implicaría no contar con recursos equivalentes a 4 meses de jubilaciones o a 4 años y medio de Asignación Universal por Hijo.

Suplemento CASH de Página/12 - 19 de abril de 2015

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