Informe de coyuntura Nº 51
La voz del Fondo Monetario Internacional, que días atrás se expresó a través de su vocera, Julie Kozak, en su habitual presentación pública, marca un alerta acerca de la viabilidad a mediano y largo plazo del proyecto anarco capitalista en su más explícita consideración. La Sra. Kozak trata el tema de la evolución contemporánea en sus aspectos más generales, contrastando la situación económica muy favorable en algunos sectores con la de otros más desfavorecidos. Y dice: “Es importante garantizar que el crecimiento, que hasta ahora ha estado muy concentrado en los sectores del agro, minería y energía, se amplíe y se distribuya de manera más uniforme entre los sectores de la economía, pero también entre los trabajadores”. De lo que se trata, dice el máximo acreedor financiero del país, es que hay un sector primario de neto contenido exportador con reducida o nula agregación de valor que sostiene al modelo económico actual, mientras que el resto de la economía dedicada a proveer de empleo e ingreso a la absoluta mayoría de la sociedad ha quedado claramente rezagada, y es “importante” que se acople a la dinámica expansiva del sector primario.
Está claro que el FMI alienta a que el presente modelo económico de la Argentina deje de presentar un perfil heterogéneo que privilegie a los grandes inversores agroexportadores y mineros y tenga en cuenta a la extendida capacidad productiva que dedicada al mercado interno está claramente desfavorecida en el marco de la estrategia oficial. Aspira a un modelo que sea mucho más homogéneo, que asegure excedente fiscal para adquirir los dólares necesarios para amortizar la abultada deuda pública externa.
¿Por qué el FMI formula tan preciso mandato al gobierno nacional de que se ocupe de la producción para el consumo interno? Además ¿desde cuándo el FMI ha hablado en su historia reciente de tener en cuenta a los “trabajadores”? Es realmente insólito que se ocupe de ellos sabiendo que el modelo actual no los tiene en absoluto en cuenta, ni en las decisiones sobre salarios, ni en el impulso a la industria nacional, ni favoreciendo un aumento del consumo en beneficio de la actividad comercial, ni en el reclamo de consideración especial a procesos productivos como la construcción que promuevan una mejoría efectiva del nivel de vida de los trabajadores argentinos. Visto desde esta perspectiva, nuestro principal acreedor y cabeza visible del pensamiento neoliberal que promueve el Ajuste, cuanto más duro mejor, aparece francamente contrapuesto, en la actualidad, a basar el crecimiento de la economía argentina en el impulso a los grandes conglomerados que apuntan a fortalecer el perfil exportador en detrimento del consumo interno.
Hay varias razones, entendemos objetivamente, que justifican este viraje a posiciones “populistas” que corresponde destacar. En primer lugar, fortalecer el rubro del sistema tributario nacional que depende de la producción y el consumo interno: el IVA. En segundo término apuntalar el respaldo político al proyecto neoliberal que antepone el pago de la Deuda Pública a cualquier otro compromiso central de la Política Económica. Pero solamente mantener cómo líder del proyecto anarco capitalista al sector de la exportación vinculada a la explotación de recursos naturales abundantes tiene un inconveniente esencial: En la escena social argentina los que dependen de la expansión del sector de la exportación concentrada son escasos y no constituyen una base social que garantice apoyo decidido y masivo al proyecto. En otras palabras, los incluidos dentro del presente modelo son pocos y no tienen capacidad de expresar un apoyo suficiente para garantizarles a los conductores del modelo estabilidad política a futuro. El modelo debería avanzar en la idea de inclusión social suficiente para dotarlo de respaldo político efectivo.
Este viraje que propone el FMI es a todas luces inviable, pues llevarlo adelante implica necesariamente implementar políticas públicas que contradicen claramente a las actuales. Es decir, hacerle caso al Fondo supone lisa y llanamente cambiar de modelo.
Martín Redrado, que también –como ya se ha comentado- ha formulado críticas similares a las del FMI, dice lo mismo aunque con distinto contenido. Para este vocero privilegiado del establishment económico, el actual proyecto solo beneficia a un pequeño sector de la economía y la población argentina mientras el resto, mayoritario en ambos rubros “lo miran desde la tribuna”. El lenguaje futbolístico nos dice que la mayoría es espectadora, no protagonista, y eso hay que modificarlo para impulsar un proyecto de crecimiento solvente y sustentable en el futuro. Pero es imposible abrir los alambrados de las canchas y decirle a la mayoría espectadora que se conviertan en actores principales con vistas a ser los eventuales favorecidos. Esto además de irrealizable seria desvirtuar el objetivo central de los sectores dominantes de la Argentina de hoy, que pretenden acaparar todos los beneficios del perfil excluyente del proyecto económico. Sería como en el caso anterior cambiar de modelo, no remendarlo.
¿Qué es lo que se está criticando por parte de Redrado, vocero de un pensamiento económico liberal muy claro, y Kozak, vocera del principal ente internacional que nos financia y que ha aparecido como salvavidas primero de Macri y después de Milei en dos ocasiones? Lo que surge de ambos es el reclamo a que el modelo sea mucho más inclusivo, y no tenga tan claramente un carácter reducido a expresiones de la actividad, por más importantes que sean, que solo descansan en el proceso exportador clásico que hoy se afronta. Están, claramente, planteando que se amplíe el panorama de los beneficiados, que se expanda el consumo interno, que repunte la inversión como proceso de respaldo a ese empuje que debería tener el consumo y que, sobre todo, del beneficio participen –Oh, palabra extraña en el lenguaje del Fondo Monetario- los trabajadores.
Habría que invertir los términos, habría que decir “primero que aumente la plata en el bolsillo de los consumidores”, que todo lo demás vendrá obligadamente a satisfacer su requerimiento y su crítica. ¿Pero qué significaría que hubiera más plata en el bolsillo de los trabajadores y más recursos para alentar el consumo masivo? Significaría otro modelo, no el actual. El modelo actual se basa en exportar todo lo que se pueda para que haya superávit de divisas para pagarle al Fondo su voluminosa participación en el endeudamiento argentino contemporáneo. Es el principal acreedor del país, que figura en los registros del Fondo. Entonces, tenemos que urgentemente que avanzar, dice Julie Kozak, en darle plata a la gente. Pero ese no es el modelo actual. El modelo actual es comprimir el consumo, porque si se comprime el consumo no se afecta la cotización del tipo de cambio, que inmediatamente despertaría porque habría que proveer de bienes intermedios a la industria, y habría que proveer de recursos líquidos a los consumidores, ambos procesos que serían inmediatamente seguidos de un necesario ajuste del tipo de cambio y la consiguiente elevación de los precios. O sea, desataría otra vez, aunque sea moderada, una inflación que no se correspondería con la principal herramienta electoral del gobierno, el control de los precios –pese a que los precios siguen subiendo, y siguen creando desasosiego y zozobra en los sectores o consumidores de la mayoría de la población. Está en el 33% anual en este mes, y está muy arriba de todo el desempeño que tuvo la evolución de la inflación durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner hasta el año 2015. Vade Retro, dice el gobierno, cualquier cambio del modelo que impulse el consumo, que impulse el ingreso al país de bienes intermedios y de capital para la producción industrial y para la demanda colectiva es inaceptable y debe ser descartado
De modo tal que lo que están diciendo Redrado y el Fondo Monetario es “tiene que cambiar el modelo”. Tiene que hacerse mucho más dependiente del ingreso que reciban quienes consumen o quienes producen para que haya más consumo y haya más recaudación impositiva, y haya margen de superávit primario seguro para comprar los dólares que hacen falta para pagar la deuda. Nos pondríamos en la antesala de otro modelo, que ellos repudian como populista, que ellos describen como digno de una Argentina que tiene que desaparecer, y distinto de éste que –oh sorpresa- sólo beneficia a diez de los cuarenta y ocho millones de habitantes, según Redrado. Es una contradicción que no explican cómo salvar, y que realmente muestra la estructura, muy débil, del modelo que está vigente.
La gran incógnita a futuro es cómo modificar la estructura esencial del proyecto económico vigente para satisfacer objetivos básicos de los sectores dominantes sobre todo los vinculados al sistema financiero sin correr peligro de que toda la estructura actual sufra cambios que electoralmente serían dramáticos. Parece incompatible satisfacer la exigencia del FMI con un resultado de los comicios que aspiren a satisfacer la meta reeleccionista del presidente actual. No sabemos cómo se resolverá esta contradicción fundamental. La duda persiste en los círculos del Poder dominante relacionados con la cuestión de la solvencia financiera del proyecto. El mejor indicador de esta situación irresuelta es el nivel del Riesgo País que se afronta en los días transcurridos del mes de octubre.

