Consensos sociales y devaluaciones

Julián Blejmar
Convocados en la celebración del Día de la Exportación por la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), los economistas Miguel Angel Broda, titular de la consultora Estudio Broda & Asoc., y Eduardo Levy Yeyati, de la consultora Elypsis, brindaron su visión sobre la actualidad económica del país. Habitualmente consultados por el establishment financiero y empresarial –y fuertes críticos sobre las políticas heterodoxas oficiales–, las cifras de estos economistas difícilmente podrían ser consideradas como diseñadas a la medida del actual Gobierno. Según Levy Yeyati, la inflación había descendido del 37% al 25% anual entre el año anterior y el actual, el PBI (el total de lo producido por el país en un año) crecería un 1,5%, mientras que el salario y la confianza del consumidor venían en subida.

Según Broda, el PBI crecería este año un 1,4%, incluso cuando admitió que Brasil –nuestro principal socio comercial y al que se dirigen el grueso de las exportaciones industriales– tendría una caída de su PBI del orden del 2,8%, bajo una recesión que se “profundizaría” y añadió que “el mundo crece poco y el comercio mundial está anémico”.

No fueron las únicas cifras vertidas en la semana por espacios opositores al Gobierno. De acuerdo al Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA), la producción industrial registró en julio el segundo mes consecutivo de crecimiento, luego de 22 de retracción, al registrar un aumento interanual de 0,4%, debidos en gran medida al aumento en la producción de dos rubros de consumo masivo como alimentos y bebidas, mientras que el Índice de Producción Industrial que elabora el Centro de Estudios Económicos Orlando Ferreres señaló que la producción industrial creció un 1,9% interanual en agosto, con una suba del 0,1% en los ocho meses del año.

La opción devaluatoria

Volviendo a las exposiciones de Broda y Yeyati, ambos dejaron claro que, por fuera de las cifras duras, no avalaban la gestión económica gubernamental, y coincidieron en el aspecto central de realizar una devaluación del peso mayor a la actual y liberalizar la compra de dólares.

Pero Yeyati amplió su visión sosteniendo que “la sensación térmica no es mala, y eso significa que no hay mucho espacio para hacer cambio de políticas que estaría justificado en una situación de crisis”.

En efecto, al repasar las seis megadevaluaciones que licuaron las conquistas salariales de los trabajadores (con Arturo Frondizi en 1958, con José María Guido en 1962, con Isabel Perón en 1975, con Roberto Viola en 1981, con Raúl Alfonsín en 1989, y con Eduardo Duhalde en 2002), se puede observar que todas ellas pudieron realizarse solo bajo fuertes crisis que generaron algún tipo de consenso social para que pudiera aplicarse esta medida profundamente regresiva.

Por eso, tras la importante devaluación del 22% que el gobierno efectuó en enero del año pasado –que tuvo como resultado una caída de los ingresos y el salario–, durante este 2015 se tomó la decisión política de sostener el rumbo iniciado en 2003 –marcado por la defensa del empleo y los ingresos–, para lo cual, como una de sus herramientas, devaluó hasta agosto el peso (8%) por debajo de los índices de inflación (14,3% según el Estudio Bein).

Por eso, los datos duros difundidos por economistas opositores –que dan cuenta del sostenimiento en los niveles de actividad económica dentro de un contexto global turbulento– exhiben como otro de los logros gubernamentales desactivar una crisis que genere consenso social para medidas regresivas hacia la clase trabajadora.

Por cierto, por fuera de los datos duros que no lo acompañan, en el plano retórico el establishment económico busca desde hace varios años instalar la sensación de una inminente crisis, lo que permitiría favorecer la adopción de medidas favorables al gran capital, como la señalada megadevaluación o la liberalización de la política cambiaria. Esta semana se sumó Héctor Méndez, el saliente presidente de la UIA, quien señaló a La Nación que el Gobierno puso “bombas por todos lados y no solamente en las áreas económicas”, además de alertar que “el tipo de cambio es un problema porque el mundo devaluó mucho más que Argentina”.

Respuesta oficialista

Con todo, desde el Gobierno reconocen también la inconveniencia de un tipo de cambio retrasado (un dólar “barato”) como el actual. Según señaló el pasado jueves a la revista Acción el viceministro de Economía Emanuel Álvarez Agis, “los modelos de país que apostaron a un peso fuerte terminaron debilitándolo, porque sólo se muestra sostenible por un tiempo corto, como en los años ’90”. Pero en relación específica a la adopción de una megadevaluación, el presidente del Banco Central Alejandro Vanoli señaló oportunamente a Miradas al Sur que “si Argentina fuera otro país y no tuviera los cuarenta años de historia, uno podría discutir más abiertamente el tipo de cambio. Pero creo que para poder discutir esto, hay que ver todas las condiciones, las económicas y también las históricas, culturales, políticas y de idiosincrasia de cada país, dejando de lado el modelo de pensamiento único y tomando además el contexto, que en este caso particular determina que una devaluación resulte agresiva, porque hoy el contexto es muy distinto al de la convertibilidad, cuando teníamos un tipo de cambio retrasado junto a un desempleo del 24%, y donde una devaluación no iba a generar arrastre de precios”.

Por su parte, el principal economista del candidato oficialista Daniel Scioli, Miguel Bein, también difundió la semana pasada un documento donde reconoce que el peso está sobrevaluado, pero oponiéndose a una megadevaluación. El informe fue titulado “Latam: De administrar la abundancia a manejar la escasez”, y señala que frente a la devaluación operada en la mayor parte de los países, el gobierno tomó la “decisión de apreciar el tipo de cambio real y en paralelo financiar la brecha fiscal con el Banco Central”. Sin embargo, señala que “no hay margen para correcciones bruscas del tipo de cambio”, pues ello conllevaría el riesgo de “gatillar una aceleración de la inflación sin generar ganancias en términos de competitividad, amplificando el deterioro en el poder de compra de los salarios, dinámica que termina impactando sobre la actividad y el empleo”. En su lugar, señala que, aprovechando el bajo endeudamiento externo que legará el kirchnerismo y la disponibilidad de divisas a nivel mundial, se podrá tomar deuda para “financiar inversión productiva y graduar las correcciones de precios relativos”, al tiempo que propone “avanzar por la vía fiscal”, mediante una eliminación de ciertas retenciones y una quita de subsidios mal direccionados para financiar la caída de la recaudación y promover el uso racional de la energía (que representa el mayor erogador de divisas).

Más concreto aún, en declaraciones a C5N Bein señaló que Mauricio Macri “está planteando una devaluación que reventaría el salario de los trabajadores para diciembre, en caso de que tenga la oportunidad de conducir la política económica. Algo así como una ‘macridevaluación’”.

Miradas al Sur - 20 de septiembre de 2015

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