Se busca burguesía nacional

Se han puesto de moda, nuevamente, las consignas favorables al “desarrollo” como la mejor opción estratégica de política económica. Ello supone obviamente otorgarle a la inversión dos objetivos principales: superar los cuellos de botella en materia de infraestructura y de-senvolver una nueva base industrial. Emitido ese propósito, que discursivamente nadie parece cuestionar, surgen algunas incógnitas. Entre ellas cabe preguntarse si contamos con los recursos y actores económicos privados dispuestos a asumir el desafío que supone convertir a la industria, donde la responsabilidad principal le cabe al sector privado, en locomotora del desarrollo futuro.

Actualmente la relación entre la inversión y el PIB es de apenas 19 puntos, de los cuales 5 los aporta el Estado. Por ende, los privados invierten, a gatas, lo necesario para mantener actualizado a su capital físico o algo más. Si este coeficiente permanece inamovible, el sueño del desarrollo se desvanece.

¿Es posible regular y gravar los flujos de capitales?

La historia económica del último siglo nos muestra que los flujos internacionales de capitales han tenido un protagonismo fundamental para la economía global. No sólo han servido como fuente de financiamiento para las economías en desarrollo, sino que también han servido a balancear desequilibrios externos considerables. Sin embargo, fueron protagonistas indiscutidos en buena parte de las crisis que se produjeron, y muchas veces la seducción que producen sus supuestas bendiciones no dejan entrever sus peligros.

Desde la crisis del 30 hasta la actual iniciada en 2008, pasando por crisis más pequeñas como la asiática o la del tequila durante los 90, los mercados financieros han mostrado cómo su inestabilidad se puede propagar internacionalmente, siendo un elemento desestabilizador para la economía global.

Los nuevos tratados de libre comercio que impulsa EEUU

En noviembre, América Latina cumplirá diez años del recordado “No al Alca”, donde los países de la región evitaron la consumación de un gigantesco acuerdo de libre comercio capitaneado por EEUU. En aquel entonces, nuestros países establecieron un principio anticíclico, en uno de los momentos de mayor auge del librecambismo a escala global. Hoy, diez años después, ¿cuáles son los nuevos tratados que impulsa actualmente EEUU? ¿Por qué van en contra de los BRICS, los países emergentes que han motorizado al economía a nivel mundial en los últimos años? ¿Cuál es la disputa abierta, en términos internacionales, entre EEUU y China a partir de esta situación?

1) El Acuerdo Estratégico de Asociación Transpacífico (TPP). Ya firmado, abarca a doce países que componen el 40% del PBI mundial: EEUU, México, Perú, Chile, Japón, Vietnam, Singapur, Brunei, Malasia, Australia y Nueva Zelanda. Como todo acuerdo de libre comercio de estas características, se basa en las asimetrías entre sus miembros, favoreciendo notoriamente a los EEUU, el principal interesado en su concreción -quien igualmente deberá aprobarlo en su Congreso en los próximos meses-.

El TPP nace, además, con otra finalidad indisimulable: intentar consolidar un contrapeso al crecimiento de China dentro del bloque asiático, es decir, la propia zona de influencia directa de la nueva potencia económica mundial. Japón, socio privilegiado de EEUU en la zona, es el “Caballo de Troya” para llevar adelante esta estrategia, nacida en Washington ante el veloz despliegue del gigante asiático. Las palabras de Obama en relación al TPP, la misma tarde en que este fue firmado, fueron elocuentes: “No podemos dejar que países como China dicten las reglas de la economía mundial”.

2) La Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP). Aún en negociaciones, el TTIP es el intento de avanzar en un área de libre comercio entre EEUU y la Unión Europea (UE). Las negociaciones se dan en momentos donde la periferia del Viejo Continente sufre los embates del desempleo y la desigualdad, producto de un lustro de decrecimiento económico tras el arribo de la crisis iniciada con el desplome de Lehman Brothers en EEUU.

Con la condición ineludible del secretismo en las negociaciones -algo que comparte con sus pares TPP y TISA- el TTIP tiene un condimento especial: prevé la creación de un tribunal de arbitraje que funcione apartado del sistema jurídico de cada país, a fin de dar “protección a la inversión extranjera”. Como se ve, un andamiaje creado de cara a las empresas transnacionales, que serán las principales beneficiadas de este verdadero embate a los Estados nacionales.

Una reciente movilización multitudinaria en Berlín centro del poder de la UE más allá de Bruselas, demostró que los trabajadores europeos están en alerta ante el avance de las negociaciones del TTIP. Hay en esa foto de 250 mil personas en la calle cierta analogía con lo acontecido en América Latina a inicios del siglo en curso, cuando importantes movilizaciones en Argentina, Brasil y Venezuela contribuyeron a la firmeza que mostraron, respectivamente, Kirchner, Lula y Chávez contra el ALCA.

3) El Acuerdo de Comercio de Servicios (TISA). Negociado en el mayor de los secretos, Wikileaks difundió recientemente algunos de los puntos principales de este acuerdo de servicios a escala mundial. Allí se da cuenta de que el TISA permitirá a las corporaciones financieras exportar todos los datos personales de los consumidores a través de las fronteras, entrando en contradicción con las actuales leyes de protección de datos en vigor, por ejemplo, en la Unión Europa. Otro de los puntos candentes del TISA radica en la pretensión de que las compañías financieras internacionales puedan estar exentas de cumplir las normativas de un país al cual ingresen si sus actividades están permitidas en el país de origen. Esto habilitaría a que, por ejemplo, empresas estadounidenses tengan prerrogativas en otros continentes con la sola vigencia de que Washington haya dado el visto bueno a las mismas.

Australia, Canadá, Chile, Colombia, Corea del Sur, Costa Rica, Estados Unidos, Hong Kong, Islandia, Israel, Japón, Liechtenstein, México, Nueva Zelanda, Noruega, Pakistán, Panamá, Paraguay, Perú, Suiza, Taiwán, Turquía y la Comisión Europea son quienes continúan en las negociaciones de este ”acuerdo” en el ámbito de servicios. Uruguay, que se apartó de las mismas tras la decisión del oficialista Frente Amplio, ratificó la negativa mayoritaria de los países del Mercosur a no participar en estos acuerdos, que imponen condiciones leoninas para nuestros países. Sin embargo, la continuidad de Paraguay -también miembro fundador del bloque- en las negociaciones es un dato para prestar especial atención, a sólo cuatro años del golpe parlamentario a Fernando Lugo (hecho que, en definitiva, posibilitó también este desenlace).

Es preciso finalizar este artículo con algunas conclusiones sobre el momento económico internacional abierto en los últimos años. En primer lugar, el trasfondo de todas estas negociaciones es el intento de EEUU de golpear a China en un momento donde la economía oriental, más allá de una merma en las proyecciones, sigue siendo la que mueve al mundo: el 7% de crecimiento previsto por Beijing para los próximos años -a pesar de ser menor al 14% de años atrás- resulta mucho más significativo que el magro 2% por el que se enorgullece EEUU. Por otro lado, también se busca impactar a Rusia, India, Brasil y Sudáfrica, los otros países emergentes, quienes han logrado, junto a los países con gobiernos poneoliberales en la región, una voz creciente en las instancias internacionales, disminuyendo la influencia de EEUU y la UE allí. La decisión de Washington parece tomada: lanzar una ofensiva contra la idea de “nuevo mundo multipolar” a partir de una masiva liberalización comercial que pueda confrontar con la tendencia -a esta hora indudable- de debilitamiento frente a las economías emergentes.

En conclusión, EEUU intenta “abrir” para en verdad cerrar, buscando revitalizarse en un momento convulsionado para sus propias aspiraciones, tanto desde el plano geopolítico como desde el geoeconómico. ¿Lo logrará?

Las enseñanzas del vecino

Estimado lector: a cuántos políticos y analistas vernáculos habrá escuchado decir «tenemos que hacer como Brasil». Estos analistas presentan como el mayor logro de la política económica, la obtención del Grado de Inversión (GI), que significa una nota alta por parte de las calificadoras de riesgo. Sí, leyó bien, el GI lo determinan esas mismas calificadoras que dieron la máxima nota de seguridad a esos activos «tóxicos» que provocaron la crisis financiera global de 2007.

Los secretos del TPP

En su discurso del miércoles pasado, CFK citó –y avisó que subiría a su Facebook– un artículo firmado por el Premio Nobel Joseph Stiglitz –y por el profesor del Instituto Roosevelt Adam S. Hersh– sobre “la farsa” del TPP. Recomendó leerlo para entender a qué se le llama eufemísticamente “libre comercio”. Hace diez días, intempestivamente dados los entuertos, las protestas y las presiones no sólo de centrales sindicales sino también de cámaras empresarias tanto de México como de los propios Estados Unidos y Canadá, el TPP (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica) fue firmado por once países costeros del Pacífico: Australia, Nueva Zelanda, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Perú, Singapur y Vietnam.

Restricción externa al crecimiento de Argentina. El rol de las manufacturas industriales

Las recientes tensiones en la cuenta corriente de Argentina reabrieron el debate sobre la vigencia de la restricción externa al crecimiento (rec). Durante 2003-2013, la expansión de las exportaciones resultó levemente inferior al periodo de la convertibilidad, pero una fuerte merma en la elasticidad-ingreso de importaciones permitió una atenuación de la rec.

Consensos sociales y devaluaciones

Convocados en la celebración del Día de la Exportación por la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), los economistas Miguel Angel Broda, titular de la consultora Estudio Broda & Asoc., y Eduardo Levy Yeyati, de la consultora Elypsis, brindaron su visión sobre la actualidad económica del país. Habitualmente consultados por el establishment financiero y empresarial –y fuertes críticos sobre las políticas heterodoxas oficiales–, las cifras de estos economistas difícilmente podrían ser consideradas como diseñadas a la medida del actual Gobierno.

Según Levy Yeyati, la inflación había descendido del 37% al 25% anual entre el año anterior y el actual, el PBI (el total de lo producido por el país en un año) crecería un 1,5%, mientras que el salario y la confianza del consumidor venían en subida.

Rescate de la política en contra del poder del dinero

Financierización significa que el dinero lo invade todo. Que el capital especulativo es el hegemónico. Los bancos ya no prestan para inversiones productivas o para que la gente compre lo que necesita o para se hagan investigaciones. No, los bancos viven de la compra y venta de papeles. Cuando se anuncian, con todos sus ceros, al final de cada día, cuanto ha movido cada bolsa de valores, no se ha producido ni un bien, ni se ha generado ni un empleo.

No hay magia

“Mago no soy.” Así se plantó el ministro de Economía Axel Kicillof el pasado jueves en conferencia de prensa, haciendo alusión a sectores que criticaban el alza del gasto público y pedían, paralelamente, una mayor asistencia para determinados rubros de la economía. Pero, en rigor, valdría tener en cuenta su autodescripción en línea con lo que afirmó Carlos Tomada sobre la desocupación. Según señaló a Telam el ministro de Trabajo, “este 6,6 por ciento de de­socupación, como dice la Presidenta, no es magia, sino que es política, esfuerzo y voluntad para más inclusión, más derechos y más futuro”. O en palabras del mismo Kicillof, “la caída de la desocupación no es el resultado de la casualidad ni del Espíritu Santo, sino de las políticas contracíclicas del sector público”.

Por cierto, estas políticas contracíclicas pueden también describirse en estrategias y cifras. Más concretamente, en las acciones que el Gobierno se encuentra realizando para blindar al país ante las caídas que experimentan nuestros dos principales socios comerciales.