Show "regasificado" de Macri en Bahía Blanca: la verdad sobre las importaciones de gas

"Este barco que tenemos ahí atrás es un símbolo que nos lleva a pensar a expresar la inacción, la incapacidad, el despilfarro… Y este barco tiene que ver con otra cosa que sucedió en nuestro país, que es instalar el engaño, la mentira. El decirnos que la energía era gratis y que como el aire podíamos consumir todo lo que quisiésemos y que nadie lo pagaba y que nunca se iba a acabar. Y como siempre la mentira tiene pata corta… ya en 2008 hubo que traer este barco porque nos quedamos sin gas…".

Macri bendice un plan cuyo único logro será pagar hasta fin de 2019

Argentina parece en muchos aspectos el reino del revés. Mientras en el mundo en vías de desarrollo nadie quiere ni siquiera acercarse para una foto con los miembros del FMI, dado que se considera a este organismo un verdadero verdugo, los funcionarios argentinos no sólo se muestran ansiosos por aparecer en fotografía y filmaciones con altos funcionarios del FMI, sino que además declaran, de una manera descarada, que el país debe "enamorarse" de Christine Lagarde.

Iniciativa justicia

Doy por sentado que es una deliberada provocación. Que Durán Barba, que considera a Hitler un tipo “espectacular”, en términos de espectacularidad de montaje, medios y efectos sociales, decidiese desviar un poco el eje de atención de una realidad que agobia, haciendo que Mauricio Macri cite a Hitler casi textualmente.

Una nueva vieja derecha

 

No podría ser tan similar la derecha que vuelve en países de América Latina y esa misma derecha en los años 1980/1990, en sus programas de gobierno. Aplican duros ajustes fiscales, a partir de los mismos diagnósticos que criminalizaban los gastos estatales, las políticas sociales, los derechos de los trabajadores. Los gobiernos de Macri y de Temer no toman en cuenta que ese mismo programa se ha agotado, que fracasó y que fue reemplazado por el de gobiernos exitosos, que disminuyeron significativamente la pobreza y la exclusión social.

Macronmacri

 

La publicación de El capital en el siglo XXI produjo una pequeña revolución en la discusión política mundial (1). En momentos en que los economistas se dedicaban al análisis algorítmico de las finanzas, la economía del comportamiento y la aplicación de sus leyes a la vida cotidiana para ver por ejemplo cómo se patean los penales, el profesor francés Thomas Piketty escribió un libro-mundo de 800 páginas que incluía una “gran tesis”, contundente y diáfana, de esas que aparecen pocas veces en la historia y que pueden ser objetadas, discutidas y matizadas pero no ignoradas: en el largo plazo –sostuvo en base al trabajo de una red internacional de expertos que procesó datos de dos siglos y cuatro continentes– la tasa de retorno del capital supera a la tasa de crecimiento del ingreso, por lo que la participación del capital en el producto se incrementa. En otras palabras, el capitalismo tiende a concentrar la riqueza.