Bicentenario del nacimiento de Karl Marx

Dossier


Hasta hace muy poco tiempo, las teorías de Karl Marx parecían haber quedado sepultadas bajo la pesada lápida de la historia.

¿Por qué KARL MARX?

Lucas Doldan

Hasta hace muy poco tiempo, las teorías de Karl Marx parecían haber quedado sepultadas bajo la pesada lápida de la historia. El totalitarismo stalinista y la estrepitosa caída del “socialismo real” que siguió al colapso de la Unión Soviética, lo que llevó incluso a un pensador neoconservador a proclamar el fin de la historia y el triunfo definitivo de la democracia liberal, pareció condenar a Marx al ostracismo.

Sin embargo, ante la persistencia y recurrencia de las crisis capitalistas (la última en 2008-2009), el pensamiento del filósofo de Tréveris sale de las profundidades de la historia y vuelve al centro de la escena liberado de las ataduras del “marxismo-leninismo” y de las vejaciones de la historia. Marx no ha muerto, y así lo demuestra el renovado interés que se ha despertado en diversos ámbitos por El Capital –pero no sólo por él- como referencia para analizar el capitalismo actual.

Pero el Marx que regresa es el que alguna vez le dijo a su amigo Federico Engels “lo único que sé es que no soy marxista”, es decir, un Marx sin “ismos”. Algo que siempre negaron los guardianes de ortodoxia: que el pensamiento de Marx jamás constituyó el “sistema cerrado” que sus epígonos hicieron aparecer con una identidad y unidad inexistentes.

En otras palabras, las teorías de Marx no ya como programa político de la izquierda, ni como análisis dogmático y determinista de la situación actual, sino como una hoja de ruta para entender y analizar críticamente la naturaleza, el desarrollo y las consecuencias del sistema capitalista.

En El Capital Marx explica las características fundamentales del modo de producción capitalista como sistema de explotación y alienación. Y observa como en ciertos momentos históricos el sistema capitalista, en su búsqueda constante de producir cada vez más y expandirse en el mundo con el objetivo de maximizar el beneficio, entra en contradicción con las necesidades de la sociedad y con su capacidad de absorción de lo producido, y entonces se abre una de las crisis intrínsecas al capitalismo. En palabras del propio Marx: “en un sistema de producción en que toda la trama del proceso de reproducción descansa sobre el crédito, cuando este cesa repentinamente (…) tiene que producirse inmediatamente una crisis, una demanda violenta y en tropel de medios de pago. Por eso, a primera vista, la crisis aparece como una simple crisis de crédito y de dinero (…) Pero, al lado de esto, hay una masa inmensa de estas letras que sólo representan negocios de especulación, que ahora se ponen al desnudo y explotan como pompas de jabón”. 

Este y otros pasajes de gran actualidad, nos hablan a las claras de la conveniencia de recuperar el legado teórico de Marx como herramienta para profundizar el análisis y la crítica del capitalismo real. Como él mismo escribió, el mundo no puede ser cambiado sin antes ser entendido.

En un contexto en que las crisis desnudan la incapacidad de las políticas de libre mercado para garantizar el bienestar de la sociedad, muchas de sus ideas siguen teniendo vigencia en la búsqueda de una sociedad en la que el “libre desenvolvimiento de cada uno sea la condición del libre desenvolvimiento de todos”. 

En definitiva, como dijera alguna vez Mario Benedetti, “no hay Marx que por bien no venga”. 

- Lucas Doldan. Politólogo y docente de la cátedra “La comunicación como herramienta política”, Facultad de Ciencias Sociales.

 

5 de Mayo de 2018, se cumple el bicentenario del nacimiento en la Ciudad de Tréveris, Alemania, de Karl Marx.

Alberto Fortunato

Mi incorporación militante por la causa del socialismo se cruza con mi encuentro con el pensamiento de Karl Marx. Recuerdo mi consulta  (en 1956) en la antigua sede de la calle México de la Biblioteca Nacional del ejemplar del Libro I de El Capital traducido por Juan B. Justo, o la lectura en el pequeño local de la calle Tandil (hoy Martín Fierro) nº 251, del Comité del Partido Socialista en Wilde en ese mismo año de la obra de Franz Mehring Carlos Marx El fundador del Socialismo Científico.  Y no me puedo olvidar de mis años de militancia en La Plata de la voz pausada  y convincente de Jaime Lipovetzky  en su lectura de la Introducción a En torno a la Crítica de la Filosofía del Derecho  y el ensayo Sobre la Cuestión Judía. Hoy a 200 años del nacimiento de K. Marx en la Ciudad de Tréveris, Alemania sigue vibrando en mí la audacia y el vuelo penetrante del pensamiento del gran revolucionario. Mi homenaje es la transcripción de las palabras de Federico Engels en ocasión de la inhumación de sus restos en el cementerio de High Gate en 1883:

“He aquí el último saludo que Engels dirigió en inglés al amigo muerto, resumiendo con una gran sinceridad y veracidad, en palabras sencillas, lo que Carlos Marx había sido y seguiría siendo siempre para la humanidad, y sean estas palabras las que pongan fin a nuestro libro:

*El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador viviente. Apenas le habíamos dejado solo dos minutos, cuando al volver le encontramos serenamente dormido en su sillón, pero para siempre.

Imposible medir en palabras todo lo que el proletariado militante de Europa y América, todo lo que la ciencia histórica pierden en este hombre. Harto pronto se hará sensible el vacío que abre la muerte de esta imponente figura.

Así como Darwin descubrió la ley de la evolución de la naturaleza orgánica, así Marx descubrió la ley por que se rige el proceso de la historia humana; el hecho, muy sencillo pero que hasta él aparecía soterrado bajo una maraña ideológica, de que antes de dedicarse a la política, a la ciencia, al arte, a la religión, etcétera, el hombre necesita, por encima de todo, comer, beber, tener donde habitar y con qué vestirse y que, por tanto, la producción de los medios materiales e inmediatos de vida, o lo que es lo mismo, el grado de progreso económico de cada pueblo o de cada época, es la base sobre la que luego se desarrollan las instituciones del Estado, las concepciones jurídicas, el arte e incluso las ideas religiosas de los hombres de ese pueblo o de esa época y de la que, por consiguiente, hay que partir para explicarse todo esto y no al revés, como hasta Marx se venía haciendo.

Pero no es esto todo. Marx descubre también la ley especial que preside la dinámica del actual régimen capitalista de producción y de la sociedad burguesa engendrada por él. El descubrimiento de la plusvalía puso en claro todo este sistema, por entre el cual se habían extraviado todos los anteriores investigadores, lo mismo los economistas burgueses que los críticos socialistas.

Dos descubrimientos como éstos parece que debían llenar toda una vida, y con uno solo de ellos podría considerarse feliz cualquier hombre. Pero Marx dejó una huella personal en todos los campos que investigó, incluso en el de las matemáticas, y por ninguno de ellos, con ser muchos, pasó de ligero.

Así era Marx en el mundo de la ciencia. Pero esto no llenaba ni media vida de este hombre. Para Marx, la ciencia era una fuerza en fusión histórica, una fuerza revolucionaria. Y por muy grande que fuese la alegría que le causase cualquier descubrimiento que pudiera hacer en una rama puramente teórica de la ciencia, y cuya trascendencia práctica fuese muy remota y acaso imprevisible, era mucho mayor la que le producían aquellos descubrimientos que trascendían  inmediatamente a la industria, revolucionándola, o a la marcha de la historia en general. Por eso seguía con vivo interés el giro de los descubrimientos en el campo de la electricidad, y últimamente los de Marc Deprez.

Pues Marx era, ante todo y sobre todo, un revolucionario. La verdadera misión de su vida era cooperar de un modo o de otro al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones del Estado creadas por ella, cooperar a la emancipación del proletariado moderno, a quien él por vez primera infundió la conciencia de las condiciones que informaban su liberación. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, con una tenacidad y con unos frutos como pocos hombres los conocieron. La primera “Gaceta del Rin”, en 1842, el Vorwaerts de Paris, en 1844, la “Gaceta alemana de Bruselas”, en 1847, la “Nueva Gaceta del Rin”, en 1848 y 1849, la New York Tribune, de 1852 a 1861, una muchedumbre de folletos combativos, el trabajo de organización en  las asociaciones de París, Bruselas y Londres, hasta que por último vio surgir como coronación de toda su obra la gran Asociación obrera internacional; su autor tenía verdaderamente títulos para sentirse orgulloso de estos frutos, aunque no hubiera dejado ningunos otros detrás de sí.

Así se explica que Marx fuese el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Todos los gobiernos, los absolutistas como los republicanos, le desterraban, y no había burgués, desde el campo conservador al de la extrema democracia, que no le cubriese de calumnias, en verdadero torneo de insultos. Pero él pisaba por encima de todo aquello como por sobre una tela de araña, sin hacer caso de ello, y sólo tomaba la pluma para contestar cuando la extrema necesidad lo exigía. Este hombre muere venerado, amado, .llorado por millones de obreros revolucionarios como él, sembrados por todo el orbe, desde las minas de Siberia hasta la punta de California, y bien puedo decir con orgullo que, si tuvo muchos adversarios, no conoció seguramente, un solo enemigo personal.

Su nombre vivirá a lo largo de los siglos y con su nombre, su obra.”[1]

Un abrazo a todos los compañeros.

En Villa Dominico, Partido de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires a cinco días del mes de mayo de dos mil dieciocho.


[1] MEHRING, Franz, CARLOS MARX, EL FUNDADOR DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO, Ed. CLARIDAD, Buenos Aires, 1943, traducción W.Roces

 

11 mayo de 2018