Trampa y trampolín

Ariel Wilkis


Javier Milei logró que la conversación pública girara alrededor de su propuesta de dolarizar la economía argentina: cuando se discutía sobre inflación, se especulaba con el valor del dólar en su presunto gobierno. Sin embargo, mientras más se acercaba la posibilidad de su propuesta, más se alejó a una parte de la sociedad. El temor no fue un rayo que cayó desde el cielo, sino una experiencia arraigada en una sociedad donde el mercado cambiario aloja las peores pesadillas colectivas. Y a pocos días de las elecciones el candidato más votado apretaba un botón para desatarlas. El dólar mileísta mostró su otra cara: de moneda castigo a la casta a moneda cruel con la sociedad.

Los resultados de las elecciones generales impactaron de lleno en las previsiones y los análisis. Barajar y dar devuelta las cartas. Para el candidato libertario la dolarización fue un trampolín y es, ahora, una trampa para su suerte electoral. ¿Dónde va a parar la carta maestra de Milei? Durante las próximas semanas se definirá qué hará con este tótem que forjó su candidatura durante la etapa de acumulación originaria de apoyo electoral.

El dólar mileísta fue un pack político y económico. Castigaba a la “casta política” al mismo tiempo que permitía hablar de la mayor preocupación de la sociedad, la inflación. Mientras los estudios cualitativos mostraban la afinidad entre la opción electoral, la preferencia por la moneda norteamericana y la experiencia de sacrificio cotidiano, los estudios cuantitativos reflejaban un 30 por ciento de preferencia por la dolarización en la población general y entre un 80 y un 90 por ciento entre los electores de Milei. La propuesta del cambio de régimen monetario le daba identidad al pueblo mileísta y ocupaba la escena de la conversación pública. La iniciativa se “llevaba la marca” y giraban sobre ella las respuestas que economistas y políticos daban sobre cómo estabilizar los precios de la economía. No hubo economista que no fuera consultado sobre la viabilidad de la dolarización. No hubo economista (sacando a Javier Milei y su círculo cercano) que no rechazara la propuesta. Durante los meses que transcurrieron desde las PASO hasta antes del 22-O hablar de inflación fue responder sobre la dolarización. La conversación pública se sobregiró alrededor de la propuesta de Milei y sólo se podía aceptarla o rechazarla alimentando el totem. Una propuesta rechazada por el 99% de los economistas forjó la candidatura que dió un batacazo electoral en las PASO del 13 de agosto. La dolarización mileísta, técnicamente inviable, fue socialmente aceptada.

Para el candidato libertario la dolarización fue un trampolín y es, ahora, una trampa para su suerte electoral. ¿Dónde va a parar ahora la carta maestra de Milei?

¿Cómo hace, dos meses después, un gobierno que gestiona con un 138% de inflación interanual para tener tan buena performance electoral? Esta pregunta, ya avizoran, será una cantera de varias tesis de posgrado. La fragmentación de la oferta opositora, la pésima candidata de JxC, el miedo que provoca el candidato “anti-sistema”, la muy buena campaña de Sergio Massa y algunas medidas compensadoras frente a la devaluación posterior a las PASO son algunas de las variables en juego para responder esa pregunta. Si es verdad, como tuiteó Andres Malamud, que fue una elección que se definió por la oferta más que por la demanda, entonces hay que mirar cómo esa oferta discutió sobre la dolarización mileísta cuando quiso hablar de inflación. Mientras los precios aumentaban, la platea del libertario crecía. Milei lo hizo y, ahora lo vemos, Massa agradece.

En la previa a las elecciones generales a Milei se le reconocía que, a diferencia de Bullrich, sus propuestas no buscaban ajustar a la sociedad sino a la política. Que el ajuste lo pague la casta. Algo cambió dos semanas antes de los comicios.

—El peso no puede valer ni excremento.

El grito de Milei y un principio de corrida que se aceleró mostrando la faceta más feroz del mercado cambiario. En la Argentina, el mercado cambiario no es cualquier mercado. Una corrida cambiaria, por lo tanto, no es un pánico económico cualquiera. Durante una corrida el mercado cambiario se devora a la sociedad. Milei jugó con esta experiencia extrema clavada en la memoria de la sociedad argentina.

En 1989 las declaraciones incendiarias fueron tercerizadas por el todavía candidato Carlos Menem. Guido Di Tella —entonces diputado nacional y futuro canciller del gobierno menemista— fogoneó la corrida anunciando un dólar “recontra alto” mientras visitaba Washington y la sociedad argentina estaba prendida fuego por una espiral inflacionaria descontrolada. Milei, en cambio, no tercerizó: puso cuerpo y palabra a su proyecto.

—Cuanto más alto esté el precio del dólar, más fácil es dolarizar.

Un acercamiento simbólico y material. Con sus palabras buscaba performar una realidad que se pareciera cada vez más a sus deseos y promesas. Sin embargo, cuando más se produjo este acercamiento a la dolarización más alejó a una parte de la sociedad. El temor no fue un rayo que cayó desde el cielo, sino una experiencia arraigada en una sociedad donde el mercado cambiario aloja las peores pesadillas colectivas y, a pocos días de las elecciones, un candidato presidencial con sus palabras apretaba un botón para desatarlas. El dólar mileísta mostró su otra cara: de moneda castigo a la casta a moneda cruel con la sociedad. La acumulación originaria de apoyo electoral llegó a su techo.

En la Argentina, el mercado cambiario no es cualquier mercado. Una corrida cambiaria, por lo tanto, no es un pánico económico cualquiera. Durante una corrida el mercado cambiario se devora a la sociedad.

Es esperable que su propuesta monetaria pase a un segundo plano a riesgo de desperfilar su candidatura frente a su electorado más fiel. Ampliar su base de alianzas con fracciones de una clase política que detesta supondrá desprenderse de esa propuesta monetaria que poquísimo consenso experto generaba, era apoyado solamente por un 30% de la sociedad y que, además, activaba inmediatamente un discurso anti-casta. ¿Es posible un Milei pos dolarización?

El eclipse de la dolarización mileísta es un barajar y dar de nuevo en la conversación pública sobre la inflación tal como se dio hasta ahora. La posible salida del juego de esa propuesta supondrá que Milei ya “no se llevé la marca” de la oferta de interpretaciones y soluciones económicas al aumento generalizado de precios. Esta distribución de la atención pública sobre la dolarización mileísta jugó a favor del candidato-ministro. Ahora un nuevo partido se juega sin ella ocupando ese lugar y con toda la atención y presión sobre las definiciones de Massa sobre las promesas de estabilidad.

 

Anfibia - 25 de octubre de 2023

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