Milagro, 2190 días como presa política

Se paró delante de la ventana de su despacho en la gobernación de Jujuy. Corrió la cortina y miró hacia afuera. Gerardo Morales intentó contar las carpas tipo iglú que cubrían la Plaza Belgrano en ese enero de 2016. Tenían techos de color naranja, amarillo, blanco, rojo, parecían formar la bandera de los pueblos originarios. Recorrió con la mirada tratando de divisar a su presa. No alcanzó a distinguir entre las mujeres sentadas a la sombra de los árboles a Milagro Sala.

El libreto de la condena se cumplió

“Soy cooperativista, me crié y viví en la calle”, dijo Patricia Cabana, Pachila. “Si me condenan por trabajar para darle una casa y un techo para mis hijos, para que no les pase lo que yo viví, hagan esa condena”. Pachila sabía que esa noche, el martes, podía no volver a su casa. Ahí, en la casa de la que no quiso irse, en lo que queda del Alto Comedero, donde la esperaban siete de sus hijos. El Tribunal encabezado por María Alejandra Tolaba, porque hay que nombrar a esa mujer que llegó a la presidencia de una justicia amañada con el poder político, la condenó a siete años de prisión, una de las 15 condenas del juicio conocido como Pibes Villeros.

Milagro y sus mil días

El viernes tuve la oportunidad de ver el documental sobre Milagro Sala, los mil días de su prisión, cautiverio… o secuestro. No voy a hacer un comentario sobre la calidad del documental, algo que me excede, sí diré que hoy volví a ver a Milagro. La visité hace ya tiempo en Alto Comedero y – con mis limitaciones– me creo un “soldado” de la militancia por su libertad.

Milagro

 

La fábrica de bloques, abandonada y saqueada, las dos salas de salud, abandonadas y con los vidrios rotos, las grandes escuelas que construyeron con el barrio pasaron a depender de la secretaría de educación, la inmensa pileta popular no tiene agua y se descascara, sin mantenimiento ni uso.