La Flotilla Sumud y la solidaridad con Palestina (II…)

Gustavo Buster

Si el gobierno israelí creía haber acabado con la Flotilla Sumud con el desembarco en Creta de más de 175 activistas de 22 embarcaciones interceptadas el 29 de abril, el secuestro y traslado ilegal a Israel de Saif Abukeshek y Thiago Ávila, expulsados el 10 de mayo después de ser torturados, se equivocó.

Tras reagruparse en Creta y recibir el refuerzo de cinco embarcaciones de la Flotilla Libertad, consiguió navegar hasta el puerto turco de Marmaris y establecer su centro de coordinación en Estambul. A diferencia de Grecia y Chipre -cómplices de la piratería israelí en el Mediterráneo oriental tras su acuerdo naval de diciembre de 2025, en zonas SAR bajo su responsabilidad y coordinadas por Frontex-, Turquía ha prestado el principal apoyo solidario a la Flotilla. Y en Marmaris se sumaron 170 activistas turcos y 15 embarcaciones adicionales de la Asociación Mavi Marmara.

La segunda oleada hacia Gaza

Tras las reparaciones adicionales de las embarcaciones rescatadas gracias a Open Arms y Greenpeace, 54 barcos civiles volvieron a surcar hacia Gaza, agrupadas en 13 grupos, navegando en aguas internacionales al oeste de Chipre. El ataque de las fuerzas navales israelís comenzó a las 7:40 am a 250 millas náuticas de Gaza contra el buque nodriza Furleto, y posteriormente el Ziofaster y el Holy Blue. Las llamadas de socorro MayDay lanzadas insistentemente fueron, una vez más desoídas por Chipre y los servicios europeos de Frontex (que ha reforzado los sistemas de radar y vigilancia chipriotas con 48 millones en los últimos tres años y establecido allí su mando para la zona).

Mientras se iniciaba una cacería que duró dos días, el 18 y 19 de mayo, con las escenas de los abordajes piratas de los comandos del Shayetet 13, los secuestros a golpes de los tripulantes y el abandono de las embarcaciones a la deriva, Netanyahu felicitó a sus fuerzas por “neutralizar un plan malicioso diseñado para romper el aislamiento a los terroristas de Hamas en Gaza”. Con el Plan Trump en punto muerto y sin haber logrado iniciar la segunda fase de la tregua, las fuerzas israelíes controlan el 60% de Gaza, han asesinado a 890 personas más desde octubre, a las que se suman 1.088 en Cisjordania y unas 3.089 en Líbano. Pero el mensaje de Netanyahu fue que hubiera deseado estar con sus comandos, porque “el agua se ve maravillosa”. Diez ministros de Asuntos Exteriores emitieron el 18 de mayo un comunicado de respuesta, pidiendo la liberación inmediata de los secuestrados y el respeto de los derechos humanos, que no sirvió de nada.

Los últimos tres veleros, el Girolama, el Alcyone y el Sirius, que habían conseguido acercarse a las 100 millas náuticas de Gaza, aún lejos de la ilegal zona de exclusión israelí, recibieron un tratamiento especial tras evadir toda la noche la persecución. En los videos se puede apreciar las ráfagas de disparos de los comandos contra los dos primeros, mientras las tripulaciones se encontraban con los brazos en alto y el Sirius fue rodeado por tres guardacostas y arremetido por el A883D tras disparar a corta distancia sus cañones de agua contra los tripulantes.

Secuestro y torturas

Las primeras declaraciones de los tripulantes secuestrados son todas muy similares. Maniatados con cinchas en la espalda, fueron golpeados por los marinos israelíes y transportados al barco anfibio Nahshon, convertido en una cárcel flotante con contenedores de metal. A la llegada eran golpeados en la oscuridad con porras, culatas de armas, disparados con pistolas eléctricas taser y encerrados en los contenedores sin ventilación. En la oscuridad, las puertas se abrían para rociarles con agua salada, disparar bolas de goma y granadas de aturdimiento. Imposibilitados de dormir, en las horas de sol eran sacados a la cubierta del buque y situados de rodillas, maniatados atrás y con la frente en el suelo, mientras francotiradores situados en los alerones y puente del barco disparaban bolas de goma a quienes se movían y los marinos les daban patadas en los costados.

La llegada al puerto de Ashdod, fue una repetición de los golpes y maltratos iniciales hasta su concentración en las carpas que se han podido ver en los videos distribuidos por el ministro del interior israelí Ben Gvir. En la misma posición de rodillas en el suelo que en el Nahshon, eran interrogados uno a uno, mientras Ben Gvir intentaba la humillación colectiva, golpeaba con sus guardaespaldas y funcionarios de prisiones a los que ofrecían la menor resistencia, en una clara violación de los Convenios de Ginebra de Derecho Humanitario y de las Convenciones de derechos humanos.

Las imágenes distribuidas por las autoridades israelíes provocaron el clamor internacional. Detenidos ilegalmente, en aguas internacionales, sin asistencia consular en el puerto de llegada, las condenas de los países de los tripulantes secuestrados se fueron sucediendo sin excepción, así como los del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk. Hasta la Comisión Europea tuvo que pronunciarse, a pesar de su complicidad pro-israelí. Los representantes diplomáticos israelíes fueron convocados a los Ministerios de Asuntos Exteriores para exigir la aplicación inmediata del Convenio de Viena de Relaciones Consulares. Pero tampoco sirvió de nada. La primera visita a los secuestrados fue la de los abogados de Adalah, el servicio jurídico palestino en Israel, en las cárceles de Ketziot y Saharonim. Adalah emitió un comunicado en su canal señalando que:

“El equipo legal denuncia violaciones sistemáticas del debido proceso y abusos físicos y psicológicos generalizados por parte de las autoridades israelíes contra los activistas.

Nuestro equipo recibió numerosas denuncias de violencia extrema, que revelan un nuevo patrón de abuso físico utilizado deliberadamente por las autoridades israelíes. Esta violencia provocó lesiones graves y generalizadas, incluyendo al menos a tres personas que fueron hospitalizadas y posteriormente dadas de alta. Los abogados documentaron decenas de participantes con presuntas fracturas de costillas y la consiguiente dificultad para respirar. Los informes también indicaron el uso frecuente de pistolas Taser contra los participantes, así como lesiones sufridas por el uso de balas de goma durante la interceptación de las embarcaciones de la flotilla y en el barco militar al que fueron trasladados. Los activistas detenidos fueron sometidos a una violencia extrema tanto en las embarcaciones como durante el traslado entre las mismas y el puerto. Además, las autoridades los obligaron a adoptar posturas de estrés; mientras los trasladaban por el puerto, los obligaban a caminar completamente inclinados hacia adelante mientras los guardias les sujetaban la espalda con violencia. También los obligaban a sentarse de rodillas dentro de la embarcación durante largos periodos de tiempo.

Además de este abuso físico, los participantes fueron sometidos a una grave degradación, acoso sexual y humillación. Asimismo, a varias mujeres participantes les arrancaron el hiyab las autoridades israelíes.

Adalah continúa monitoreando la situación de cerca. Los participantes serán llevados mañana ante un tribunal para comparecer en espera de su deportación. Adalah exigirá estar presente en estas audiencias para brindarles representación legal. Adalah insiste en su exigencia de la liberación inmediata e incondicional de todos los participantes de la flotilla, actualmente detenidos ilegalmente”.

Desprovistos de sus pasaportes y documentación, así como de su ropa y propiedades, los cónsules no pudieron tener entrevistas individuales con sus ciudadanos, a los que solo pudieron ver de lejos, en algunos casos mientras eran golpeados por los guardas de la prisión.

La reacción internacional y en Israel

A medida que pasaban las horas, el escándalo internacional diplomático fue convirtiéndose en clamor y a repercutir en el propio Israel: El propio Netanyahu tuvo que salir al paso: “La forma en que el ministro Ben-Gvir trató a los activistas de la flotilla no está en consonancia con los valores y normas de Israel", y afirmó haber instruido a las autoridades israelíes para que deportaran a los activistas lo antes posible. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, también se pronunció al respecto, declarando que Ben-Gvir "no representa a Israel". Atacó a su socio de coalición, afirmando que "perjudicó deliberadamente al país con esta farsa espantosa, y no es la primera vez". Sa'ar declaró que el vídeo de Ben-Gvir echó por tierra los "grandes esfuerzos" realizados por numerosos funcionarios israelíes y soldados de las FDI. El embajador de Israel en Estados Unidos, Yechiel Leiter, escribió en X que la "temeraria ostentación de Ben-Gvir no representa la política del gobierno". "Las payasadas de Ben-Gvir asestan un duro golpe a nuestros esfuerzos diplomáticos, mientras que los enemigos de Israel se regodean ante cada desgracia".  

Sin embargo, el escándalo internacional por el tratamiento a los miembros de la Flotilla, como bien señala en sus comunicados Adalah, responde a un patrón habitual de tratamiento de los presos palestinos, más duro en muchos casos, como han acreditado la relatora especial Francesca Albanese y el Alto Comisionado Volkan Türk ante el consejo de Derechos Humanos. El numerito de Ben Gvir en el puerto de Ashdod no es sino una parodia de las que lleva a cabo cada año como una provocación en la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén. O sus amenazas en la celda a Marwan Barghuti.

Deportación, regreso y persistencia

Los miembros de la Flotilla se negaron a firmar los documentos israelíes que aseguraban que habían “entrado ilegalmente en Israel”. Una ciudadana israelí, miembro de la flotilla, Zohar Regev, fue retenida con acusaciones específicas, mientras el resto eran llevados al aeropuerto para ser expulsados. Turquía, de nuevo, mostró su solidaridad organizando tres vuelos para trasladar a Estambul a los secuestrados liberados. A su llegada, recibidos por los coordinadores de la Flotilla, entre ellos Saif Abukeshek y Thiago Ávila, hicieron sus primeras declaraciones y recibieron atención médica aun con las sudaderas de la prisión israelí, en chanclas o descalzos. Tras decidir dormir en Estambul, tras tres noches de insomnio forzado durante el secuestro, las delegaciones partieron hacia sus países de origen.

En el caso de la delegación española, ya había sido advertida por el Ministerio de Asuntos Exteriores antes de partir que no recibiría ayuda para la repatriación, lo que provocó la petición de comparecencia de Albares ante el pleno del Congreso por las fuerzas a la izquierda del PSOE. Así ha sido. Se ha vuelto a pedir su comparecencia para aclarar la asistencia consular recibida. Los seis miembros de la delegación de Euskadi fueron apaleados por la Ertzaintza en el aeropuerto de Bilbao en un incidente que ha causado indignación y obligara a una investigación en el parlamento vasco.

La confluencia de las distintas flotillas a Gaza en 2026 ha demostrado la madurez de un movimiento capaz de cuestionar el abandono genocida de Gaza tras el Plan Trump por una comunidad internacional impotente, cuando no cómplice. Ha sido capaz de mantener Gaza y Palestina en el foco internacional a pesar del cheque en blanco otorgado al gobierno de extrema derecha de Netanyahu por la administración Trump en el punto muerto de la guerra contra Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz, con sus consecuencias globales imprevisibles pero catastróficas. Ha sido un éxito, a pesar del sacrificio traumático de sus activistas, que han contado con el apoyo constante de la mayoría de la población y forzado la de sus gobiernos, a pesar de las reticencias.

Ahora queda por delante una dura campaña legal ante la Audiencia Nacional y la Corte Penal Internacional para, a través de los testimonios de las torturas sufridas, denunciar la situación cotidiana de los presos palestinos en las cárceles israelíes y las matanzas genocidas que continúan en Palestina y el Líbano.

“Sumud” (persistencia) sigue siendo la clave.

 

Fuente: Sin Permiso - Mayo 2026

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