La composición del empleo tras una década de estancamiento

Gaspar Herrero


La generación de empleo de calidad, la disminución de la desigualdad y la erradicación de la pobreza son tareas pendientes en nuestro país y década tras década los saldos no permiten afirmar que la situación mejora.

A un estancamiento de la economía se le sumaron cuatro años de políticas promercado que entre 2015 y 2019 llevaron a la economía argentina a una caída del PBI a razón de 1% anual y la crisis económica generada por el Covid-19. Esto es un gran problema ya que la gran mayoría de las soluciones políticas y económicas parecieran siempre depender del crecimiento de la actividad económica, crecimiento que no se ha evidenciado en la última década. Sin embargo, esto no significa que no haya habido transformaciones en el entramado productivo.

Como una aproximación a estas, este artículo se propone analizar la composición del empleo según tamaño de las organizaciones –incorporando el empleo en casas particulares al análisis– con el foco puesto sobre la calidad del empleo. Para esto se incorpora la perspectiva de la informalidad sobre las unidades productivas y los puestos de trabajo.

A fin de dar cuenta de la transformación del empleo en la pasada década de estancamiento, se compararán los principales datos del tercer trimestre de 2021 de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, con la situación del tercer trimestre de 2011, punto más alto del ciclo económico de la década pasada. Se elige esta fuente de información por sobre otras, como los registros administrativos, ya que da cuenta de la situación de los asalariados precarios.

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Entre los trabajos que mayores aportes realizan al estudio de la composición del empleo están los abordajes de la informalidad y la precariedad. A partir de los debates de la informalidad laboral, más específicamente el estudio del sector informal, se han construido consensos en torno a que los establecimientos pequeños o las actividades unipersonales son actividades de baja productividad que escapan a la regulación y la registración de las actividades, no solo para esquivar costos impositivos sino como un mecanismo de supervivencia; la gran mayoría de estas actividades surge como “refugio” de la desocupación, como transitorias a la espera de una inserción laboral mejor que nunca llega. A su vez, la falta de registración, y de personería, hace que estas unidades productivas tengan un menor acceso al sistema financiero. Producto de que no existe una separación jurídica entre empresas y sus dueños, las pymes sin registración propia solo acceden a créditos personales, con montos, tasas y tiempos distintos de los créditos productivos. Debido a la baja productividad, no son competitivos, las condiciones de trabajo son malas, con bajos salarios y alta rotación en los puestos de trabajo, y no cumplen con los derechos básicos de la regulación laboral. Así, se reproduce la lógica de supervivencia, imposibilitando la acumulación y los consecuentes aumentos de la productividad.

Siguiendo esa literatura, en adelante se consideran establecimientos informales a los establecimientos donde se ocupan menos de 5 personas. Así, los ocupados en estos establecimientos se consideran “ocupados del sector informal”.

Al debate anterior se le sumaron los aportes del estudio del empleo informal y la precariedad laboral. Era evidente que la privación y las malas condiciones laborales, tradicionalmente consideradas en relación al sector informal, se manifiestan en sectores considerados formales. Por esto es necesario desdoblar el tratamiento que se le da a la informalidad y complementar el estudio de los establecimientos con un abordaje que ponga el foco en el puesto de trabajo informal al interior del sector formal. Así se analizan las condiciones de registro que tienen los asalariados por su puesto de trabajo. De los aportes de la precariedad laboral, a su vez, consideraremos interpretar a los asalariados que aportan por sí mismos a la jubilación. De esta manera, aquellos que no reciben aportes jubilatorios por su puesto de trabajo, pero que aportan por sí mismos para su jubilación, sumando a los informales o no registrados, serán considerados trabajadores precarios.

Para conocer la situación hay que empezar primero por las principales tasas.

Cuadro 1. Principales tasas de mercado de trabajo para los 31 aglomerados urbanos


Fuente: elaboración propia sobre los datos de EPH-INDEC.

Si observamos los niveles de las principales tasas vemos cómo estas no presentan grandes variaciones tras diez años. Ha subido un punto la tasa de desocupación, que representa aproximadamente un poco más de 260.000 personas que se sumaron a la búsqueda activa de empleo y no lo encuentran. Mientras que si analizamos el total de ocupados podemos observar que en términos absolutos estos han crecido en los últimos diez años, hay aproximadamente 1.500.000 ocupados más que una década atrás. Esto ya es un mérito en el contexto de estancamiento de los últimos diez años. A la vez, podemos observar que la tasa de empleo[1] es menor, lo que significa que este crecimiento absoluto del empleo no ha sido suficiente, la población ha crecido más rápido que la generación de empleo. Ahora bien, ¿de qué calidad son estos empleos?

A continuación, intentaremos analizar la situación del empleo distinguiendo el empleo en casas particulares, los pequeños establecimientos (donde trabajan 5 personas o menos); los medianos (que emplean entre 6 y 40 personas) y los grandes (con 41 o más ocupados).

Cuadro 2. Ocupados según tamaño del establecimientos y empleadas de casas particulares


Fuente: elaboración propia sobre los datos de EPH-INDEC.

Si comparamos la composición del empleo entre estos años vemos cómo ha ganado fuerte participación el empleo en establecimientos pequeños, con un crecimiento de más de un millón de empleos y que alcanza a los 4.900.000 ocupados ; seguido por los establecimientos grandes con un crecimiento porcentual más modesto pero que significa un crecimiento de alrededor de 560.000 empleos. Por el contrario, caen en términos porcentuales los empleos en establecimientos medianos, sin una destrucción neta de empleos, y casas particulares que en términos absolutos significan una pérdida de 65.000 empleos.

Como podemos observar en el cuadro 2 los establecimientos pequeños concentran el 41,7% de los ocupados en este trimestre, siendo la principal fuente de empleo las organizaciones donde trabajan 5 personas o menos. Además de estos, existe un 6,6% de trabajadoras de casas particulares, que no trabajan propiamente en “un establecimiento productivo” pero que atraviesan por la misma fragilidad que los ocupados en establecimientos pequeños.

La tasa de asalarización –el porcentaje de asalariados sobre el total de ocupados– en 2011 era casi del 77%, mientras que en 2021 alcanza un 72%. Esto es un indicador general del deterioro del mercado de trabajo, ya que es el resultado de un crecimiento absoluto de cuentapropistas que alcanza el 47% en estos diez años y que consolida la idea de que se trata de “empleos refugio”. Además de esto, la composición de estos según tamaño de establecimiento también disminuye, los cuentapropistas en establecimientos medianos se reducen en 24% respecto del 2011, y aumenta un 47% el total de cuenta propia de establecimientos pequeños. Dando como resultado que casi la totalidad trabaja en establecimientos u organizaciones de menos de 5 trabajadores (un 98%), y el 75% trabaja en soledad[2], sin otro trabajador o socio que trabaje con ellos[3].

A su vez, el mismo criterio se aplica a los patrones de establecimientos del sector informal; en este caso se trata del 7,4% de los ocupados en establecimientos pequeños. En la comparación, el total absoluto de patrones cae aproximadamente 1,6% entre 2011 y 2021, pero también empeoran en su composición ya que el total de patrones de establecimientos pequeños (o informales) aumenta un 2%, mientras que caen la participación y el absoluto de los patrones de establecimientos medianos y grandes.

Cuadro 3. Tasa de crecimiento de cuentapropistas y patrones
según tamaño del establecimiento entre 2011 y 2021


Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC.

Resta analizar la situación de los asalariados. Si observamos a las trabajadoras de casas particulares, la pérdida absoluta de empleos alcanza un 9% en la década, la composición mejora de la mano de un leve crecimiento de las asalariadas formales de casas particulares, pero principalmente porque caen abruptamente las empleadas precarias.

En los establecimientos grandes se concentra el 53% de los asalariados formales y el 11% de los precarios, mientras que, en contraste, los establecimientos pequeños concentran el 9% de los formales y el 40% de los precarios. Esto quiere decir que cerca del 70% de los asalariados que trabajan en establecimientos pequeños son precarios.

Cuadro 4. Composición del empleo asalariado según tamaño del establecimiento
y casas particulares para los 31 aglomerados urbanos.


Fuente: elaboración propia en base a EPH-INDEC.

Este 40% del total de los asalariados precarios que en la actualidad se emplean en establecimientos de menos de 5 personas y son doblemente perjudicados, son precarios en los establecimientos de peor productividad, y, junto con el 22,3% que aportan las trabajadoras de casas particulares, totalizan el 61,5% del total de asalariados precarios.

Esta población presenta una particularidad: no parece haber cambiado su composición en la década pasada, pero tampoco ha disminuido en nivel, se trata de una población que, si expandimos los resultados de la EPH al total urbano, no ha bajado de los 4 millones de personas en los últimos veinte años.

Permanecer a la espera de un desempeño favorable de la actividad económica, lejos de ser una solución, desespera.

La “década ganada” no fue suficiente para mejorar la situación de los precarios, que lejos de constituir un refugio son una oportunidad de trabajo. En este sentido, resta la pregunta sobre cómo dinamizar al sector informal, a la economía popular, que vive con una lógica de supervivencia y con formas de producción que son distintas a la lógica del empresario capitalista y de la acumulación, pero no por esto debemos resignarnos. Debemos embarcarnos en la búsqueda de mejoras de las condiciones de vida de la población allí empleada. Claramente, esta es la pregunta sin respuesta a la que debemos enfrentarnos como sociedad, y que el Estado debe asumir.


  1. La tasa de empleo resulta del cociente entre el total de ocupados y el total de la población.
  2. Hay que destacar que en realidad los trabajadores por cuenta propia pueden no tener ningún establecimiento de referencia; y en este caso, se refiere a la actividad que estos hacen por su cuenta.
  3.  Es importante aclarar que los trabajadores por cuenta propia trabajan siempre en organizaciones de pequeña escala. El 94% de los cuentapropistas de establecimientos “medianos” trabajan en establecimientos de menos de 10 ocupados. Por esto, para categorizar a los cuentapropistas según su precariedad, se analiza la calificación del puesto y se excluye a los profesionales del conjunto de cuenta propia informales.

- Gaspar Herrero, Lic. en Economía (UBA). Investigador en el CEPED, docente en FCE-UBA y en el Carlos Pellegrini, UBA

 

Voces en el Fénix Nº 87 - septiembre de 2022

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