Javier Milei apura la dolarización (y el Círculo Rojo lo sabe)

Marcelo Falak


Toto Caputo, primera fase del plan. Suelta de precios, salarios pisados y distribución del ingreso cristalizada. ¿Un caos planificado con un destino verde?

Prematuramente descartado por algunos análisis, el proyecto de dolarización de la economía, propuesta estrella de Javier Milei durante la campaña que lo llevó al gobierno, toma cada vez más cuerpo. Los indicios son múltiples y tanto un "éxito" –a lo Pirro– de la fase actual del programa de Toto Caputo como un fracaso estrepitoso podrían desencadenar su puesta en marcha. ¿Será que el espectáculo que se observa, de una suelta de remarcaciones propiciada por un Estado en calculada retirada, se vincula con la estructura de precios relativos y de distribución del ingreso que se pretende cristalizar con la puesta en marcha de un nuevo esquema monetario? Tal vez, pensado así, el aparente caos del momento cobre sentido.

Son numerosos los elementos que llevan a la percepción de una dolarización en marcha, ya sea a través de un bimonetarismo gradual o de un fogonazo hiperinflcionario, licuador de los pesos.

Uno, el –viciado– decreto de necesidad y urgencia (DNU) 70/2023 –que debe pasar por los tamices de los poderes Legislativo y Judicial– establece la libre elección de monedas para la celebración de contratos, lo que abriría la puerta a una economía bimonetaria de jure que habilitaría la dolarización de mercados como el de alquileres, medicina privada, Internet y televisión paga, entre otros. El propio mandatario definió este paso en una entrevista como una "predolarización".

Asimismo, el decreto impondría una reforma del Código Civil y Comercial "para garantizar que las obligaciones contraídas en moneda extranjera deban ser canceladas en la moneda pactada", sin posibles sucedáneos –el peso, claro– en caso de que no exista forma de acceder a dólares en un mercado ya sea libre o regulado.

Por otro lado, el mercado del dólar blue ya no es ilegal, sino uno libre, en el que, dijo Milei, "podés comprar todos los dólares que quieras y nadie te va a perseguir por eso".

En esta línea, Sebastián Iñurrieta publicó en Letra P un hallazgoPatricia Bullrich hizo punta con el bimonetarismo –propuesta de su campaña, cabe recordar– al comprar proyectiles y chalecos antibalas a Fabricaciones Militares innecesariamente en dólares.

Se puede continuar, claro. Los combustibles han dolarizado sus precios en los surtidores, terminando con una política que separaba los valores locales de los internacionales. En la misma línea, el permiso para que sean exportados todos los cortes vacunos llevaría, con el tiempo, en el mismo sentido.

El tema de la dolarización que viene marchando fue tratado repetidamente en Letra P –por lo menos, aquí y aquí–, así como en su newsletter desPertar. El exministro de Economía Martín Guzmán puso el asunto en el primer plano el viernes en una entrevista en Radio Con Vos.

Señaló especialmente el hecho de que la emisión de los Bopreal es la primera de la historia que el Banco Central realiza en dólares, una moneda que evidentemente no emite. Que ese instrumento sólo se ofrezca a firmas importadoras que acumulan acreencias con la autoridad monetaria por los atrasos en la liberación de las divisas necesarias para pagar sus compras y que esas empresas estén mostrando un interés ínfimo por él no dice nada contra el precedente que se ha marcado.

La lógica en el caos

La forma dogmática en la que Milei se aferra a su idea abrumadoramente desreguladora para resolver la distorsión de precios heredada provoca un fogonazo inflacionario difícil de interpretar.

De acuerdo con la consultora Equilibra, "la elevada inflación de la primera semana de enero, más el arrastre 'inflacionario' que deja diciembre junto con la reacción esperada de los salarios, nos llevan a pensar que la inflación de enero será similar al 26% estimado en diciembre. La inflación acumulada en el bimestre diciembre-enero rondaría entre 55% y 60%".

"Producto de la elevada inercia existente en el proceso inflacionario, la recomposición de múltiples precios relativos atrasados, la elevada incertidumbre reinante y la ausencia de un plan de estabilización, el dólar oficial subiendo 2% mensual no logrará bajar la inflación a un dígito a fin del primer trimestre, pero producirá un nocivo atraso cambiario y mayor brecha", añade.

Lo que ocurre con los precios desconcierta. Los combustibles suben –y derraman ese efecto sobre toda la economía– si sube el dólar, si lo hace la cotización internacional del crudo y también –¿por qué no?– si se acelera el IPC. Las empresas de medicina prepaga, que alegaban problemas pero no estaban en la quiebra ni están recomponiendo los pagos a sus médicos, elevaron sus ingresos casi 80% entre diciembre y este mes. Más sensible, según LCG, el rubro alimentos avanza a más del 30% mensual, por encima del promedio.

Primus inter paresel principal precio de la economía, el del dólar, empieza a dar que hablar. Tras el aumento del 118% del oficial en el debut de la administración de ultraderecha, esta celebró que la brecha con los paralelos –medida de las expectativas de devaluación– se hundiera hasta algo más del 20%. La mala noticia es que esto comenzó a cambiar en las últimas ruedas, de la mano de una política oficial que parece buscar ese efecto adrede.

¿Para qué, si no es para que aumente la expectativa de depreciación del peso "moribundo", estableció, justo antes de que cayera este mes la demanda de dinero por motivos estacionales, un combo que incluye una brusca reducción de las tasas de interés de los plazos fijos –llevadas al 9%, muy por debajo de la inflación actual y esperada– y la prolongación de 90 a 180 días del plazo mínimo para las fantasmales colocaciones UVALicuación de ahorros es el nombre del momento. Esperablemente, los tipos de cambio paralelos comenzaron a trepar, lo mismo que la brecha con un oficial que, así las cosas, pronto volvería a quedar atrasado. Mal presagio… ¿Todo converge en rescate más barato de ese segmento de los pesos en una eventual dolarización?

En ese contexto, los ingresos de la población, sobre todo de clase media, –salarios, percepciones por trabajo informal, jubilaciones y planes sociales– se licúan. La idea de "sinceramiento" de los precios que tiene Milei se detiene justo antes de llegar al ítem salarial.

De lo dicho, cabe concluir –de modo no sorprendente– que el Círculo Rojo empresarial entiende el momento mucho mejor que el grueso de la población y que quienes deberían contener las quejas aún dispersas del 44% derrotado el 19N.

Tal como muestra Letra P en su listado de ganadores de la nueva era, cabe señalar que, más allá de que Milei liquide la inflación –como promete– o no, y de que termine por hacer de Argentina una próspera Irlanda de acá a 45 años, el gran empresariado local y algunos importantes jugadores internacionales se han lanzado a una carrera por quedarse con recursos estratégicos, con porciones relevantes de mercado y, sobre todo, con un pedazo más grande de la torta del ingreso nacional a través de subas desmesuradas de sus márgenes de rentabilidad.

Lo que establecieron Milei y su idea de mercado desatado –mas no perfecto; en su ideario anarcocapitalista los monopolios y los oligopolios no son problema– es un proceso de apropiación de alto impacto.

En escala, desde ya que menor, el actual proceso argentino guarda semejanzas con lo que se ha descripto como "acumulación originaria" en los albores del capitalismo o como el espectáculo a cielo abierto de captura de activos estatales que siguió al colapso del comunismo en Rusia y otros países de Europa del Este en los años 1990. Argentina no está inventando su capitalismo ni sale del "colectivismo" –lo que sí diría Milei–, pero sí se encuentra ante la posibilidad de un cambio radical de régimen económico.

La dolarización cristalizaría una estructura productiva primaria, limitaría fatalmente cualquier noción de desarrollo industrial y fijaría un patrón de entrada de distribución del ingreso que –todo lo indica– haría caros en dólares los bienes y servicios que lideran la disparada actual de la inflación y muy baratos los ingresos de la población.

Dolarización supone empobrecimiento duradero. ¿Allí vamos?

 

Letra P - 7 de enero de 2024

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