Vaca viva

Al final de los 35 años que dura el proyecto de YPF y Chevron sobre la formación Vaca Muerta, ambas empresas habrán obtenido 22 mil millones de dólares de ganancia neta, que se repartirán en partes iguales. Así consta en el plan de trabajo que la petrolera que conduce Miguel Galuccio presentó a la provincia de Neuquén para pedir la extensión de la concesión del área Loma Campana, donde se radicará la inversión. Con el visto bueno del gobernador Jorge Sapag, el plan espera ahora por el aval de la Legislatura. Por lo pronto, el miércoles, la Comisión de Hidrocarburos dio dictamen favorable y ahora resta el debate en las comisiones de Asuntos Constitucionales y Hacienda, donde el oficialismo tiene mayoría. El proyecto sería tratado en el recinto el próximo miércoles 28 de agosto.

Hallar crudo sin contaminar en el intento

Para los críticos, el sistema de fracking que aplicará YPF en Vaca Muerta contaminará las napas acuíferas. Los especialistas aseguran que no hay riesgo. Sin embargo, el cuestionamiento que intenta detener el desarrollo del área continúa.

En la última semana, la preocupación por las consecuencias medioambientales de la búsqueda de hidrocarburos por métodos no convencionales volvió a levantar presión. El tratamiento legislativo en Neuquén de una modificación al contrato de concesión a YPF de un área en la formación Vaca Muerta (en cuya explotación participará la norteamericana Chevron asociada) dio lugar a reclamos y demandas de ambientalistas y políticos, pero también a explicaciones de especialistas que buscaron echar cierta luz sobre una cuestión habitualmente tratada en las sombras.

“Argumentos falaces”

“Resulta notable en la presentación efectuada por YPF ante el Ministerio de Energía, Medio Ambiente y Servicios Públicos de Neuquén, la ausencia de toda consideración ambiental. Las veces que se repite la palabra ambiente, es en relación a las formaciones geológicas del cretácico y jurásico, donde están alojados los hidrocarburos de Vaca Muerta. Pero nada dice en relación con las superficies donde está alojada la vida humana, animal y vegetal. Lo cual resulta altamente objetable, al provenir de empresas altamente cuestionadas ambientalmente.”

El día que se abortó la entrega de soberanía

Un informe del sector privado elaborado pocos meses atrás sobre la situación de la producción de petróleo y gas en Argentina, que recoge además el aporte de algunas de las principales compañías que operan en Vaca Muerta, advertía sobre “los cambios de política económica” que debería implementar Argentina “para lograr financiamiento externo” para sus planes de desarrollo en el área de hidrocarburos. “Argentina debe cambiar su política económica integral para atraer a las empresas y al capital y financiamiento externo que se requieren”, llega a plantear en una de sus conclusiones el citado documento. “La explotación de recursos no convencionales es la única oportunidad de la Argentina de recuperar el autoabastecimiento hidrocarburífero”; (pero) “los inversores no van a regresar a corto plazo si previamente no se da un ambiente suficientemente claro y estable para hacer importantes desembolsos”, advertían a su vez los principales ejecutivos de cinco de las principales compañías que ya operan sobre aquella formación geológica neuquina. Esas consideraciones se formulaban y compartían allá por mediados del primer semestre de este año, al mismo tiempo que YPF buscaba cerrar su acuerdo con la norteamericana Chevron para su participación en el desarrollo y exploración del área General Mosconi, con una inversión inicial de 1240 millones a entero riesgo de sus resultados. Chevron, lógicamente, no estaba entre las firmas que participaron con su opinión de aquel documento. Pero además el acuerdo que firmó nada tiene que ver con las pretensiones y condiciones que el señalado informe transmitía. Los detalles y consideraciones de aquel estudio marcan además una referencia sobre la opinión de aquellos que antes hacían lobby a favor de las petroleras acusando al Gobierno de “caerse del mundo” con su política energética, y ahora acusan al mismo Gobierno de “entregar la soberanía” por un acuerdo que poco se acerca a las concesiones que esas mismas voces reclamaban para “atraer al capital extranjero”.

Reformas estructurales y caída de reservas hidrocarburíferas: el caso argentino

Las reformas estructurales implementadas en la década de 1990 en el mercado hidrocarburífero argentino, según sus impulsores, tenían por objetivo eliminar el poder del Estado en el sector a través de YPF S.E. y generar un mercado de competencia. Eso, se suponía, redundaría en un fuerte ingreso de capitales de riesgo que permitiría incrementar el nivel de reservas y lograr una explotación próspera de la actividad para las futuras generaciones.

Desafíos para YPF

El pasado 16 de abril se cumplió un año desde que fue enviado al Congreso el proyecto de ley que, aprobado el 3 de mayo siguiente, declaró de interés público nacional y como objetivo prioritario para el país el logro del “autoabastecimiento de hidrocarburos a fin de garantizar el desarrollo económico con equidad social, la creación de empleo, el incremento de la competitividad de los diversos sectores económicos y el crecimiento equitativo y sustentable de las provincias y regiones”. Asimismo, con la ley resultante se expropió el 51 por ciento de las acciones de YPF, que estaban en dominio de Repsol. El proyecto buscó revertir el largo ciclo de dominio neoliberal en la explotación de los hidrocarburos, tomando el Estado un rol central en la organización y planificación de esta industria.

Dale “Shale” Gas

El shale gas, o gas de esquistos, es definido comúnmente como gas no convencional. Teniendo en cuenta que la composición química del gas natural que se encuentra en cualquier yacimiento es muy similar, ¿a qué hace referencia en este caso el mote de “no convencional”? Básicamente, a las técnicas que se requieren para su extracción, más complejas que las que se utilizan en los pozos gasíferos convencionales.

Los procesos geológicos de formación de gas y petróleo son bien conocidos. Consisten en la acumulación durante millones de años de restos orgánicos en fondos marinos o lacustres, en donde son cubiertos por gruesas capas de sedimentos. A medida que aumenta su cantidad, se generan condiciones de presión y temperatura que modifican la materia orgánica y la transforman en hidrocarburos. En ciertos casos, estos hidrocarburos escapan de la roca madre donde se originaron –el yacimiento primario– y migran por el subsuelo hasta hallar alguna barrera rocosa impermeable que impide su paso, formándose así trampas geológicas –o yacimientos secundarios– en donde quedan almacenados.