Alemania Vs. Grecia: mucho más que una disputa por fondos y modelos

Francisco de Zárate
En la mesa de negociación de los ministros de Finanzas importa tanto lo dicho como lo imaginado. Finlandia imagina que su deber es educar a Grecia, ese incorregible defaulteador del Mediterráneo. Irlanda imagina que sus ciudadanos no perdonarán a un gobierno que los mató a ajustes si Grecia triunfa en su desafío y los votantes descubren que había otra manera.

Lo mismo imagina España, donde además Rajoy tiene en Podemos a su propia Syriza. ¿Hasta dónde llegará Pablo Iglesias si Tsipras le tuerce el brazo a Berlín?

De la derrota de Grecia en sus negociaciones contra el ajuste dependen la legitimidad de varios gobiernos europeos y el liderazgo continental de Merkel. Alemania fue en los años '90 la primera en probar la receta de la reforma estructural. Entre otros derechos laborales, se dejó en el camino la tranquilidad de los asalariados, que tras el invento de los minijobs perdieron la garantía de vivir dignamente con la fuerza de su trabajo.

Los alemanes más débiles perdían pero el país ganaba competitividad a tiempo para el fabuloso mercado que se le abrió a su industria con el euro. El pronóstico para el PBI alemán de 2014 es que haya sido 10% superior al que tenía antes de 2008 mientras que para el conjunto de Europa aún no se recuperó el nivel previo a la crisis. ¿Es por eso que Merkel insiste en prescribir a todos el mismo remedio?

Una respuesta afirmativa implicaría que, de todos, Alemania es el país de mayor imaginación. Tan poderosa es que le impide ver que el derrumbe de 25% que registra el PBI griego desde que comenzaron los ajustes es sólo comparable al que sufrió Alemania durante la Primera Guerra Mundial.

Si todo sale como se espera, el borrador del viernes aplaza hasta dentro de cuatro meses una pregunta que viene escuchándose desde el comienzo de la crisis: ¿debe quedarse Grecia en el euro? Una salida significaría devaluación automática del dracma; controles de capital en Atenas; y aranceles en Europa para protegerse de una invasión de productos griegos.

Pero ¿y si funciona? ¿Qué lecciones extraerá el resto de países sobre su permanencia en el euro si tras las turbulencias iniciales el empleo y la economía griega, competitiva a fuerza de devaluación, comienzan a mejorar? Nadie lo sabe. Solo una cosa es segura: habrá que volver a imaginar.

Clarín - 22 de febrero de 2015

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