“Washington no es neutral”

Julián Blejmar

 

El prestigioso economista peruano Oscar Ugarteche define la experiencia de gobiernos populares en la región como un período de autonomía de las políticas, lo que se llamaba “antiimperialismo”. Motivos que explican el cambio de tendencia.

Con una amplia trayectoria académica en los campos de la filosofía y la economía, que incluye las universidades Fordham de Nueva York, Bergen de Noruega, y la London Business School, el economista peruano Oscar Ugarteche estuvo en la Argentina invitado por la Fundación SES para exponer en el Encuentro Regional por la Justicia Fiscal. Cash dialogó con el actual investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien también se desempeñó como consultor para el Banco Mundial, ONU, CEPAL y OIT, además de publicar diversos libros entre los que se destacan Historia crítica del Fondo Monetario, el gendarme de las finanzas (Ed. Capital Intelectual), y Arquitectura Financiera Internacional: una genealogía de 1850-2008, (Ed. UNAM).

A fines de la década pasada, frente a reclamos de Brasil y Argentina contra los paraísos fiscales y la desregulación del sistema financiero, el G20 tomó estos temas como parte de su agenda, pero hoy esa agrupación designa como presidente temporal a Mauricio Macri, quien está quitando controles a la finanzas, propició un blanqueo de evasores y cuyo apellido figura en las dos últimas filtraciones sobre guaridas fiscales ¿A qué se debe este cambio en menos de una década?

–Lo paradójico es que la presidencia Argentina del G20 se acordó hace años, cuando en 2009, tras la crisis global, en Londres el G20 consensuó redefinir el funcionamiento del aparato financiero internacional y se trabajó en la línea que lideraba Argentina de luchar contra los paraísos fiscales. Por eso fue su designación a la presidencia. 

¿Y qué pasó?

–Una década más tarde no ha cambiado nada, de hecho el sistema financiero tomó el poder de todo, pues ya no controla solo a Estados Unidos y Europa, sino también a las economías emergentes. Ya no están Brasil y Argentina para presionar por el cambio, mientras que los chinos han elaborado su propia arquitectura financiera. Con este giro y el del G20, Macri cayó perfecto, mejor imposible, porque él es lo mejor que le pudo haber pasado al sistema financiero internacional, entre otra cosas porque obturó al único país que podía dar un cambio en la arquitectura financiera mundial. La verdad es que Argentina se fue de un extremo a otro, algo difícil de entender. No lo entienden ustedes, menos nosotros.

Hoy es frecuente el intercambio de información financiera entre gobiernos. También filtraciones de guaridas fiscales que son anunciadas inclusive por medios de comunicación ligados a este sistema. ¿Cómo interpreta este escenario cuando afirma que el poder financiero tomó todo el poder?

–Las filtraciones son de un grupo de periodistas conservadores. Lo toman por el lado de la ética y las presentan como una disfunción del sistema, bajo la idea de que esto debe ser reparado para que el sistema continúe avanzando, no para que cambie. Por otro lado, los norteamericanos buscan sacar ventaja de otros competidores con paraísos, mientras que Europa tiene un problema fiscal severo, con deudas superiores al 120 por ciento del PIB, con lo que necesita mejorar su recaudación, porque en algún momento las tasas de interés dejarán de ser negativas.

¿Que sería para usted un cambio en lugar de una reparación?

–Por empezar, no se puede seguir sin hablar de la falta de reglas de juego financieras a nivel mundial. Que los países no sean víctimas de fondos buitre que en una corte local, como la de Nueva York, puedan sentenciar a un país. Después sí hay aspectos complementarios con lo que denuncian estos medios, porque se pueden entender espacios para depósitos financieros vinculados al comercio internacional, o bien de seguridad para países que no la prestan, pero no que se usen para evadir.   

Durante los noventa los gobiernos latinoamericanos fueron caracterizados como neoliberales, pero no existió una definición económica común para las experiencias de los últimos años. ¿Cómo los define usted?

–Ciertamente en el pasado lo neoliberal era lo común, y en los últimos años lo fue la autonomía en la definición de las políticas. Antes lo hubiésemos llamado “anti imperialismo”. Se pueden encontrar también matrices macroeconómicas comunes, que tienen que ver con altos impuestos, mejoras del salario, fomento del mercado interno y distribución del ingreso. Pero está claro que en otros aspectos no tienen nada que ver, puesto que hay economías primarias, como Venezuela y Bolivia, y otras más industrializadas como Argentina y Brasil. Y cada una hace lo puede con lo que tiene, con modelos y respuestas diferentes.

¿Cómo explica el avance de las derechas en Latinoamérica aun cuando no mediaron crisis de deuda ni caída abrupta de las materias primas?

–La caída en el 30 por ciento del precio de las materias primas desde 2014 hasta acá es muy significativa y ha enfriado la dinámica del crecimiento, más allá de que luego se estabilizaron. Pero es cierto que, más que desde ese lugar, lo explicaría por el tema ideológico, ya que hay un desencanto con las propuestas progresistas, que en el momento de enfriamiento económico se ve más claramente. Las sociedades no vieron logrado lo que esperaban con estos regímenes políticos. La velocidad de la caída del PT en Brasil es un reflejo de este desencanto, y en Argentina también empiezo a ver un nuevo sentido común.

¿El acceso de amplios sectores a las clases medias fue insuficiente o bien modificó las conciencias de quienes ascendieron?

–Pienso que el costo político de las mejoras fue mayor que el que las sociedades querían pagar, en términos de corrupción y de baja sustentabilidad de las políticas, que parte de la sociedad advirtió. Y claro que está también la ideología en términos globales, como la Red Atlas, un grupo de think tank de la derecha que forman la opinión pública articulando a muchos comunicadores sociales, que repiten en la prensa todo el tiempo un pensamiento homogéneo basado en las ideas de Hayek, algo muy tóxico que forma conceptos equivocados en la sociedad.

¿Qué observa a futuro?

–Lo que hay que saber es que Washington no es neutral en los cambios a la derecha que hay en América latina. Jugó un papel en todo esto y lo seguirá jugando, pero además la dinámica de la economía mundial va a seguir impactando, y si no se redefine como relacionarnos con esa economía nos va a seguir pasando lo mismo. Este retorno al neoliberalismo será con bajas tasas de crecimiento, alta concentración del ingreso y alta volatilidad. Pero si la población no ve una alternativa superadora, la salida será muy compleja.

 

Suplemento CASH de Página/12 - 7 de enero de 2018