Unión Europea – Mercosur: ¿Qué se está negociando?

Jorge Marchini

 

Entre el 20 y el 24 de marzo se desarrollará en Buenos Aires un nueva ronda oficial de negociaciones del Mercosur con la Unión Europea (UE) “Se trata de un acuerdo de libre comercio, pero incluye diálogo político y cooperación en varias áreas, para ir hacia una asociación estratégica y regional” ha afirmado el embajador Daniel Raimondi, subsecretario de Integración Económica Americana y Mercosur de la Cancillería, uno de los encargados de las negociaciones.

Por lo pronto, aun existiendo muchas incógnitas y peligrosas tensiones , el gobierno Argentina en tándem con el de Brasil apuestan a dar muestras ortodoxas de su propósito de avanzar rápidamente hacia una mayor apertura externa del Mercosur con el visto bueno de Paraguay y el probable de Uruguay (Venezuela no forma parte de las negociaciones) . Para el gobierno argentino brindar un impulso raudo a las negociaciones con la Unión Europea forma parte central de su estrategia externa, como expresó y reiteró en varios oportunidades el Presidente Macri días atrás en su visita a España.

Es necesario reconocer que la negociación Mercosur-UE tiene una enorme importancia estratégica. Se trata de vínculos de sociedades y economías con enormes potencialidades de cooperación y complementación. No hay duda que mejorar y ampliar las relaciones entre las dos regiones debe ser un objetivo prioritario .

La trascendencia de las negociaciones en marcha requeriría por lo pronto que éstas fueran conocidas en forma amplia y puestas en debate público, pero no es así. . Resulta muy paradójico (¿ o cínico?) que en forma recurrente se reitera “el compromiso absoluto con la transparencia” y, quienes como “comprensible” pero que este tema tan trascendente se lleve en forma tan reservada. “Las negociaciones tienen muchos aspectos técnicos a resolver, pero todo se resuelve en la medida que haya voluntad política”, opinó Raimondi.

De todas formas, el propósito de resolver una negociación por “voluntad política ” supone siempre peligro de aceptar una negociación como hecho consumado, para luego recién ser puesta a consideración pública y parlamentaria ex-post. Aun si se denominara un acuerdo con Europa con eufemismos tales como “de cooperación económica”,u otra figura elegante al estar la denominación de “tratado de libre comercio ” ya muy cuestionada en el mundo , sus condiciones y exigencias serían similares y conllevaría mayores desequilibrios . Ello lo han puesto en evidencia numerosas evaluaciones serias y documentadas de los acuerdos concretados por la UE con otros países latinoamericanos (Centroamérica, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú),

¿Abrirse a cambio de qué?

En forma engañosa suele afirmarse que las negociaciones Mercosur- UE en marcha son sobre todo de tipo comercial. No es así, la mayor parte de los temas en discusión son de carácter estructural y comprometen el conjunto de la economía en ámbitos críticos tales como servicios, patentes, propiedad intelectual, compras públicas, inversiones y competencia.

La eventual provisión de ”igualdad en el tratamiento nacional”. a los países de la UE , aun si se incluyeran algunas salvaguardas de excepción marginales , impediría defender y priorizar la diversificación de matrices productivas que hoy resulta imprescindible encarar ante los cambios de economía mundial.Se repetiría, la grave crisis que sufre hoy la misma Europa como consecuencia del ahondamiento de las asimetrías entre los países del norte respecto a los de sur y del este.

Es necesario destacar que los aspectos comerciales son sólo uno de los capítulos, y tal vez no el más importante, de las negociaciones en marcha. Aun sin contar con información detallada imprescindible, pero sí el antecedente de acuerdos similares negociados por la UE recientemente, es posible anticipar sí que un acuerdo tendría como punto de partida una masiva eliminación reciproca inmediata de aranceles al comercio exterior,

En todo caso, es previsible que la UE seguirá sosteniendo las subvenciones y las protección de su sector agrícola, condición que intentan imponer en la negociación y que justifican por la existencia las presiones internas proteccionistas en sus propios países. Sus negociadores seguirán sosteniendo que los temas agrícolas deben ser tratados en OMC, aunque todos saben que la Ronda Doha está paralizada desde hace años.

Podrán hacer promesas ambiguas para “salvar la cara” a los gobiernos del Mercosur dispuestos a firmar como sea, pero no brindando concesiones significativas para una mayor apertura de sus mercados a los productos agropecuarios competitivos mercosureños. Se privaría así a los países del Mercosur el poder alcanzar el que sería el beneficio comercial esperado más importante a cambio de una apertura inédita masiva de los mercados locales a una competencia abierta de una economía más desarrollada; sobre todo evidente para la mayor parte de los productos industriales y servicios .

¿Dónde están los análisis costo-beneficio?

De forma de poder decidir qué tipo de entendimiento con Europa resulta imprescindible no dejarse llevar por enunciaciones superficiales y se convoque inmediatamente al análisis serio tanto general, como regionales y sectoriales, que incluya la evaluación de los efectos estructurales de corto y largo plazo y posibles alternativas realistas a un acuerdo liberalizador descompensado. .

En lo inmediato, es preciso contraponer ultimatismos ( por ejemplo, afirmar que se debe negociar ahora o nunca), posibles maniobras ( eventuales amenazas de proponer negociaciones “multiparte” en forma independiente, tal como lo hizo con la Comunidad Andina, para romper la unidad de Mercosur ) o la lisa y llana distorsión de la realidad cuando se hace referencia a la segura expectativa de la llegada de enormes inversiones productivas que generarían muchísimas fuentes de trabajo (¿lluvia de euros?)

Existen antecedentes internacionales de opciones más equilibradas para la negociación con la Unión Europea y otros países y regiones más industrializados para superar asimetrías que debieran ser tenidos en cuenta. No debe dejarse una negociación crucial con la Unión Europa solo en manos de un grupo pequeño de “especialistas” y la presión de grupos de interés o medios de comunicación superficiales o sectorizados por posiciones ideológicas o intereses económicos particulares, como se ha repetido a lo largo de años.

- Jorge Marchini, El autor es Profesor de Economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Vice Presidente de la Fundaciòn para la Integración Latinoamericana (FILA), Investigador del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

 

Nodal - 20 de marzo de 2017