Una bisagra histórica

Marcelo Zlotogwiazda
Miguel Ángel Pichetto intervino personalmente ante Amado Boudou para que no presida la sesión del jueves pasado en la que tuvo media sanción el proyecto de ley que les otorga inmunidad a fondos que bancos centrales de otros países depositen en el Banco Central de la República Argentina. Ni la gestión del senador rionegrino que es jefe del bloque oficialista ni la aceptación resignada del vicepresidente fueron iniciativas propias, sino que obedecieron a una contundente instrucción emanada desde lo más alto del Poder Ejecutivo. El hecho de que, por una vez, Cristina haya dejado mal parado a su vice, se explica por una cuestión de Estado de máxima prioridad: las inversiones chinas.

Si todo sucede como está previsto, en aproximadamente sesenta días el gobierno argentino comenzará a recibir los desembolsos chinos correspondientes a las dos megainversiones que serán rubricadas este viernes por la Presidenta y su par chino Xi Jinping: las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic en Santa Cruz, y las obras del Belgrano Cargas.

Los contratos de construcción y provisión de equipamientos de ambos emprendimientos están firmados hace tiempo, pero los contratos de los correspondientes préstamos de financiamiento venían demorados. Una de las razones fue que el gobierno chino exigió que la Argentina apurara la definición y los trámites respecto al Belgrano Cargas para que se firmaran ambos préstamos en forma simultánea. Para ello fue determinante que Cristina decidiera quitarle el tema al ministro de Planificación Julio De Vido y le diera plena autoridad al respecto a Axel Kicillof. Fue el Ministerio de Economía el que renegoció y mejoró las condiciones del financiamiento para una obra ferroviaria que está presupuestada en 2.500 millones de dólares. Ese préstamo y el de un consorcio de bancos liderado por el Banco de Desarrollo de China, el Banco de China y el ICBC por 4.714 millones de dólares para las represas se firmarán juntos este viernes.

El segundo obstáculo que el gobierno argentino tuvo que despejar fue el riesgo de que los desembolsos de esos créditos pudieran verse afectados por el conflicto con los fondos buitre. Hay que tener en cuenta que, por ejemplo, de los 4.714 millones de dólares de fondos para las represas, un 77 por ciento ingresará al Banco Central (con el 23 restante se pagará directamente a los fabricantes chinos de equipos). También era necesario blindar el dinero chino que ingresaría al Banco Central si se confirma que uno de los acuerdos establece un intercambio de reservas nominadas en yuanes y pesos similar al que se firmó en 2009. A eso apunta la ley de inmunidad que el jueves pasado tuvo media sanción en el Senado, y que tal vez no habría sido aprobada si la presencia de Boudou hubiese desatado algún escándalo. “Intervine porque privilegié sacar una ley que la Argentina necesita para el intercambio con bancos centrales de otros países, que es muy importante, especialmente por un acuerdo con la República de China que está próximo a firmarse”, contó Pichetto.

Esos dos contratos y los diez acuerdos que, además, suscribirá Xi Jinping en la Argentina, son botón de muestra de la creciente gravitación que China está teniendo a nivel global, y que esta semana tuvo su hecho más relevante en Fortaleza, cuando en el marco de una nueva cumbre de los BRICS, se formalizó la creación del Nuevo Banco de Desarrollo y del Acuerdo de Reservas de Contingencia, dos instituciones que habían sido anunciadas en la anterior cumbre de los BRICS en Durban, Sudáfrica.

El Banco de Desarrollo nacerá con un capital de 50.000 millones de dólares, al que cada uno de los cinco miembros aportará 2.000 millones en efectivo y 8.000 millones en garantías. El capital podrá ampliarse con aportes de otros países, pero los fundadores siempre controlarán al menos el 55 por ciento de los votos.

En un ensayo titulado “El banco de desarrollo de los BRICS, ¿un sueño hecho realidad?”, la investigadora de la Universidad de Columbia Stephany Grifith Jones calculó que la capacidad de préstamo de la institución podrá alcanzar luego de varios años los 34.000 millones de dólares de desembolsos anuales, con lo que se podrían financiar, considerando el cofinanciamiento privado o de otras instituciones públicas, el doble de inversiones. La capacidad prestable estimada equivale aproximadamente a los desembolsos anuales del Banco Mundial.

Es decir que el nuevo banco nace con el mismo propósito declarado de financiar el desarrollo que el Banco Mundial, contará con una capacidad prestable similar, pero, a diferencia de la institución creada en 1944 en Bretton Woods, donde Estados Unidos tiene poder de veto y junto con Japón, Alemania, Francia y Reino Unido controlan el 40 por ciento de los votos, el poder político está repartido entre China, Rusia, India, Brasil y Sudáfrica.

Las necesidades de obras de infraestructura en los países BRICS y en el mundo en desarrollo en general son gigantescas. Según fuentes citadas por Grifith Jones, en el mundo hay 1.400 millones de personas sin electricidad, 900 millones sin acceso a agua potable y 2.600 millones que no tienen servicio sanitario. Para ir cubriéndolas se estima que se requieren inversiones anuales por entre 1,8 y 2,3 billones de dólares.

Como si lo anterior no fuera en sí mismo una bisagra en la historia de los organismos multilaterales de crédito, en Fortaleza también se concretó el Acuerdo de Reservas de Contingencia, que como su nombre lo indica es un fondo de reservas disponible para estabilizar situaciones de desequilibrio externo de los cinco países. No hace falta explicar por qué se lo ha denominado como un mini FMI, que, otra vez, a diferencia de la tan desprestigiada institución con sede en Washington, no va a estar dominada por Estados Unidos. En este caso el poder no está repartido igualitariamente entre los cinco BRICS, ya que el aporte no es parejo: sobre un total de 100.000 millones de dólares, China aportará 41.000 millones, Rusia, India y Brasil 18.000 millones cada uno, y Sudáfrica los 5.000 millones restantes.

La reconfiguración del poder que todo lo anterior implica se entiende algo más si se tiene en cuenta que, según cálculos del mismísimo Banco Mundial, hacia fin de este año China superará a los Estados Unidos como primera potencia mundial, si se miden los respectivos PBI sin las distorsiones que generan las diferencias de precios y las sobre o subvaluaciones cambiarias.

Ese nuevo mapa de poder abre extraordinarias oportunidades para la Argentina, que hasta el momento las ha aprovechado parcial y tardíamente. En el aspecto comercial, inundó de soja el mercado chino pero no de productos con valor agregado, y el intercambio bilateral genera un déficit que supera los 5.000 millones de dólares anuales. Algo de capital chino ha llegado al sector privado, pero las inversiones en infraestructura comienzan a concretarse recién ahora. Más vale tarde…

Revista Veintitres - 16 de julio de 2014