Mendoza y la producción vitivinícola

Horacio Rovelli * (Especial para sitio IADE-RE) | Reseña del libro "Los grupos económicos en la vitivinicultura regional. De los atractivos y la concentración en la agroindustria vitivinícola en la modalidad globalizada. La región de Cuyo-Argentina", de Alberto Daniel Gago (2017).

En Mendoza la actividad principal es la vitivinicultura, siendo la provincia más importante en la producción de vinos argentinos. La mitad de las explotaciones agrícolas mendocinas corresponden a dicha rama, con el 70% de los viñedos del país e igual porcentaje de producción vínica, Mendoza es el principal centro vitivinícola de América y Argentina.

Con sus más de 1100 bodegas, algunas artesanales, es la base de la economía mendocina. Sin embargo, la riqueza es para los grandes productores y fraccionadores de vinos. El Estado deja que el precio se regule por el mercado cuando existe una asimetría enorme con la gran mayoría de los productores, donde el productor entrega su producción a los industriales que las reciben e incumpliendo con la Ley 9.133 que regla el registro de entrega de uva a los bodegueros, la pagan cuando quieren y el precio que quieren.

En el estabón primario de la cadena vitivinícola encontramos a los productores de la materia prima: la uva. De acuerdo a los datos aportados por el INV[1] -para dar una mayor caracterización al sector primario vitivinícola a nivel país- podemos decir que aproximadamente el 70% de los productores se encuentra en el rango que va de 0,1 a 7,5 hectáreas y poseen el 20% del total de la superficie cultivada. Si elevamos el rango a las 25 hectáreas nos encontramos con el 92% de los productores en este universo, con el 54% de la superficie.  Mientras que sólo el 8% de los viñedos corresponde al rango de 25 hectáreas a más de 100, controlando el 46% de la superficie total cultivada con vid.

Podemos decir, entonces, que la mayoría de los productores son pequeños y medianos. Al igual que a nivel nacional, en Mendoza existe una gran cantidad de minifundios y, por el contrario, pocos viñedos de mayor extensión.

Las diferencias entre las zonas vitivinícolas en Mendoza son notorias, la Zona Este se caracteriza por mayor cantidad de productores y mayor cantidad de explotaciones pero de pequeñas extensiones (minifundios). Mientras que las otras zonas, en especial el Valle de Uco, tienen menor cantidad de viñedos pero de mayor superficie. A su vez, la Zona Este, si bien ha reconvertido sus viñedos a uvas de mayor calidad enológica como el Malbec, aún continúa primando la producción de uva rosada (cereza y criolla grande). Mientras que la zona del Valle de Uco el cultivo de esta uva es prácticamente residual.

Las excepcionales condiciones ecológicas de la región de Cuyo y de la región del Oeste argentino hacen que se radiquen capitales extranjeros que se suman a los grandes productores locales, por lo que la cartelización y extranjerización de esas bodegas con inversionistas franceses, estadounidenses ([2]) y chilenos y, con grandes empresas que han diversificado sus inversiones en bodegas y viñedos, como Pérez Companc, que comprara la Bodega Nieto Senetiner en el año 2002 y posteriormente la Bodega Argenta y Bodega Ruca Malén.

Las grandes corporaciones y fondos de inversión: Rothschild, Allied Domecq, Seagram, Chandon, CINBA, Sogrape, Hiram Walker, Pernod Ricard, Fabre Montmayu, Salentein, Fournier, Codorniu, Grupo Arco, Ward Lay, Holcim, Michel Rolland, Concha y Toro, Santa Rita, Montes, Lurton, Salenteim, Kendall Jackson, ente otros, adquieren empresas preexistentes y en el mejor de los casos la reconvierten para producir vinos Premium y extra Premium. Se suman a las bodegas tradicionales como las del Grupo Cartellone, Catena-Zapata, Zuccardi, etc.

El problema reside en que el mercado interno, donde se destina en torno al 70% del vino, se pasó de comercializar 1.280 millones de litros en 1999 a 835 millones de litros con lo que se cerró el año 2018, esto implica una reducción del 34,7% de ese mercado. Se pasó de consumir 26 litros per cápita en 2009 a 18,7 en 2018.

La industria se reconvierte y con las grandes inversiones internacionales cambiaron la visión de la vitivinicultura, de la mano de la explosión del malbec, pero las exportaciones de vino fraccionado no crecen, se pasó de exportar 215 millones de litros (2009) a 186 millones de litros (2018), con lo que se genera un excedente de unos 300 millones de litros de vino tinto varietal, los cuales más del 70% está en manos de grandes fraccionadoras.

Con mejor calidad, los vinos argentinos se exportan hoy por valor de 100 millones de dólares a un buen número de mercados, entre los que se destacan Japón, los Estados Unidos y Gran Bretaña. La expansión de este nuevo renglón de la exportación nacional continuará en los próximos años, según se estima, para lo cual se realizará un aporte al que está poco acostumbrada la producción nacional: la programación de promociones en exposiciones internacionales, supermercados y otros centros de consumo del exterior. Se exportan también vinos comunes, principalmente a América latina, como también mostos y otras bebidas de origen vitícola, por un monto total de 300 millones de dólares.

Para Gago el tema vitivinícola debe observarse a través de:

1. Las recientes transformaciones y reconversiones productivas en la agroindustria vitivinícola afianzaron una especialización productiva competitiva y mundializada.

2. La transformación productiva especializada se orienta preferentemente a su comercialización en mercados internacionales.

3. Las nuevas dinámicas de acumulación potenciaron a los agentes representantes de la gran fracción del capital y específicamente del segmento trasnacional.

4. Las dinámicas de transformación y acumulación en las ramas industriales líderes de las regiones son fuertemente impulsadas por las dinámicas globales.

 

* Economista, profesor y miembro del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE) | 05-12-2019.

 


[1] Instituto Nacional de Vinivicultura.

[2] El caso emblemático es la compra del grupo Pulenta (Peñaflor) por el grupo inversor estadounidense DLJ que, a su vez, en el año 2000 fuera adquirido por el Credit Suisse Group.  Si bien es cierto que los Pulenta se asocian con el grupo Bulgheroni y poseen la Bodegas Vistalba y Bertona en la Argentina y otras en Uruguay y en California (EE.UU).