La estafa del endeudamiento (saqueo) macrista: odioso, ilegítimo e insostenible

Federico Bernal

 

Las políticas de ajuste conducen a una Argentina atrasada, atrofiada y dependiente. En esta Argentina, el déficit de sus cuentas y una balanza de pagos negativa son objetivos de la política económica neoliberal. ¿Por qué? La administración nacional responsable del ajuste emitirá deuda para cubrir los desbalances, desbalances que se irán acumulando al ritmo de mayores servicios de la deuda (intereses más amortizaciones). La rosca del endeudamiento seguirá así retroalimentándose, hasta que el país esté fundido y todo explote por los aires, como en 2001.

Aparecerá entonces un gobierno nacional, popular y democrático que desandará el perverso camino, volverá a desendeudar al pueblo y fortalecerá la economía al dotarla de mayores niveles de autonomía y autosuficiencia. El gobierno popular termina pues con la estafa del endeudamiento. La Argentina avanza en calidad de Estado-Nación, alejándose del eterno llamado del trueque de proteínas y plantas por manufacturas extranjeras, excluyente del 99% de la población y de 3/4 partes de su territorio. El lastre de la deuda -formidable instrumento de sometimiento- se reduce, achicándose su condicionamiento para el normal desarrollo del país. Las fuerzas productivas y las capacidades humanas estancadas (o deprimidas) emergen de la postración forzada. Sin embargo, la irresuelta cuestión nacional desde 1810 parece reservarnos una obligada alternancia entre proyectos políticos antagónicos. Jorge Abelardo Ramos la denominaba "Ciclo de Revoluciones y Contrarrevoluciones". El granero del mundo se renueva y vuelve a crecer. El proyecto político conservador aplica entonces sus tradicionales recetas de ajuste y endeudamiento. Se detiene todo vestigio de crecimiento genuino (entendiendo a este último como la simultaneidad entre la expansión del mercado interno, industrialización con inclusión social y progresiva autosuficiencia económica), invirtiendo el sentido de dicho crecimiento en favor del establishment local y sus socios foráneos. Y acá el punto medular. Mientras se reinserta la Argentina en el comercio mundial en calidad de apéndice de terceras naciones, siembra las condiciones objetivas para limitar el accionar del próximo gobierno popular, obligado primero a remover la deuda contraída como obstáculo a la normal implementación de su programa.

En otras palabras, a pagar la deuda que no contrajo. ¿Pero qué tiene de particular esta deuda en relación a las anteriores? Medítese por un instante la respuesta: acá no hubo crédito, préstamo o empréstito; siquiera nos mintieron con términos rimbombantes y sensacionalistas como con el Blindaje o el Mega-Canje. Acá no hubo nada de nada, sino la única modalidad de usura que el terrorismo financiero podía pergeñar como consecuencia de haber heredado una Argentina absolutamente desprovista de toda necesidad de endeudarse para funcionar. La deuda macrista es violatoria de los derechos humanos, fuente de corrupción sistémica, liso y llano saqueo a la ciudadanía, y por esto mismo odiosa, ilegítima e insostenible. Si existe un ciclo de "Revoluciones y Contrarrevoluciones", existe uno de "Deuda odiosa y Desendeudamiento". Colocar todo el ingenio del pueblo argentino para buscar cómo poner fin a este último, determinará que el siglo XXI sea el de una Argentina soberana, industrial, moderna y socialmente justa, o el de una tierra arrasada al sur de la Patria Grande, Patio Trasero del terrorismo financiero occidental y sus corporaciones afines. ¿Es posible poner fin al ciclo del endeudamiento odioso como herramienta para el sometimiento nacional? "Volver y ser mejores", aprisionados por la deuda contraída por la "patria contratista" del siglo XXI resulta una quimera. 

 

Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo (OETEC) - 28 de noviembre de 2016