La dignidad de educar

Marisa Duarte * (Especial para sitio IADE-RE) | Las derivaciones políticas de la movilización docente. "Si hubo un paréntesis para ver si algún sueño se cumplía, ese tiempo ya terminó. La evidencia indica que sistemáticamente se atenta contra el salario, las condiciones laborales, la estabilidad del empleo y la libertad sindical. También está la certeza de que si se espera será peor", indica Duarte.

El día 6 de marzo nos permitió vivir situaciones contradictorias: el paro docente aparece como el puntapié de un proceso de movilizaciones que continuarán a lo largo de los primeros días de la semana, del mes si se concreta el paro general tan mentado por las bases y, quién sabe, a lo largo del año si las políticas no cambian.

Para quienes bregan por la igualdad, la justicia y la fraternidad entendida como una convivencia razonable, la movilización y organización de los castigados es la única manera de torcer el rumbo de las políticas conservadoras bajo los regímenes democráticos. Hacia las diez de la mañana a nadie le quedaba duda de que se trataba de una gran movilización.

¿Qué es lo contradictorio? La pena que da constatar que estamos enfrentándonos -casi 30 años después (la cantidad de años depende de cuán joven se sea)- a las mismas políticas que en los años noventa sembraban privaciones diariamente. Desde los lemas, las pancartas, las canciones, todo se repite con pequeños ajustes de época. Cambiaron los nombres pero no los sujetos y eso, después de años de un proyecto distinto da qué pensar.

Los reclamos centrales son la obligación republicana de convocar la Paritaria Nacional Docente establecida por ley, la necesidad de ayudar a las provincias con menos recursos a que brinden una mejor educación, un mínimo salarial que no deje a los docentes que se inician en situación de pobreza y protestar contra las amenazas a los dirigentes.

¿Qué explica el enorme respaldo a la movilización? En primer lugar, la conciencia de que este es el primer conflicto de importancia que permite plantarse y evitar un avance generalizado. La ejemplaridad está detrás de la cerrazón con que el gobierno trató el conflicto docente y la ciudadanía lo tiene más claro aún. La imagen es que si se avanza en este punto, se allana el camino sobre los que siguen, uno a uno. El problema es que el colectivo afectado se compone de 1.200.000 trabajadores directamente afectados.

A contrapelo de tanto megamedio de comunicación y posverdad, entre los asalariados formales es más difícil traficar las falsas promesas sobre las que se asienta el gobierno. Si hubo un paréntesis para ver si algún sueño se cumplía, ese tiempo ya terminó. La evidencia indica que sistemáticamente se atenta contra el salario, las condiciones laborales, la estabilidad del empleo y la libertad sindical. También está la certeza de que si se espera será peor.

La convocatoria frentista reforzó la participación en el paro. Todas las organizaciones en el nivel nacional (CTERA, SADOP, DAC, AMET, UDA y CEA) convocaron a la movilización, lo que llevó a que las dos centrales -CTA (que conduce a CTERA y SUTEBA) como CGT (que agremia a AMET, UDA y CEA)- sumaran su respaldo. Sobrevuela el aire la exigencia de las bases de ponerle fecha a la huelga general. Esta circunstancia hizo difícil el discurso, en el escenario montado sobre Callao a la altura del Palacio Sarmiento (más conocido como "Pizzurno"), de Carlos Acuña como vocero de la CGT, mientras gran parte de los asistentes exigía con cánticos generalizados la convocatoria al paro general.

En un orden más general, el paro condensa el rechazo a la ruptura de normas básicas de convivencia como son la pérdida de la vigencia del Estado de derecho y la falta de garantías a las libertades políticas. A la prisión ilegal de la diputada del Parlasur y dirigente social indígena Milagro Sala, se suma la amenaza a un dirigente gremial -con la anuencia del presidente de la Nación- y la convocatoria respaldada por la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires a “voluntarios” que rompan la huelga. Todos eslabones de una cadena de ataques a la dignidad del pueblo argentino que luchó durante años por la defensa de todos sus derechos.
 
Ahora bien, todos estos problemas se agregan a infinidad de pequeños atropellos diarios a los que se somete a la población que comienza a aprovechar cualquier ocasión para quitarse la bronca.

A los aumentos de tarifas, servicios y bienes de consumo habitual se suma el maltrato frente a los reclamos, los caminos burocráticos que no conducen más que a dilaciones, plazas que se desmantelan en pos de refacciones que tardan meses o incluso años (que, además, son de mala calidad lo que lleva a rehacerlas a los pocos meses), escuelas donde se hacen obras que no se solicitan y que suelen agravar los problemas existentes, la privatización del  presupuesto público trasladando al sector privado tareas que le competen (como formación docente, unidades de apoyo escolar), infraestructura de mala calidad, cortes de servicios, recorte de programas enteros, entre otros. El abandono de los servicios públicos de educación y salud como acto de provocación hacia los humildes o los modestos que queremos un país más igualitario y justo.

La movilización docente es un llamado de atención a varias puntas: el gobierno deberá revisar si está dispuesto a entrar en una espiral de errores que agraven la situación o si se resuelve a una negociación seria que reubique las piezas del tablero. Las centrales sindicales tuvieron una muestra más de que el reloj comienza a apurar los tiempos en los cuales deben demostrar que la dirigencia sigue a la cabeza. A los sindicatos y docentes les queda la certeza de que la sociedad argentina está dispuesta a defenderlos. A los partidos les queda la obligación ciudadana de trabajar de cara a octubre de 2017 y a 2019 en la elaboración de programas políticos que dejen en claro qué papel ocupará la educación en sus potenciales gobiernos.

Otro resultado de esta gran movilización es que le dio un tiro de gracia a la pregunta de todos los impacientes que es importante resucitar: ¿por qué el pueblo no se rebela? La respuesta exige otros espacios de reflexión pero la evidencia dice que la sociedad es una materia viva que condensa infinidad de factores que, a veces, muestra que la pregunta es falaz.

 

* Presidenta del IADE y directora de la revista Realidad Económica