La bancarrota de la capital de los fierros y el rock en EE. UU.

Diego M. Vidal
DETROIT CON BANDERA DE REMATE. A pesar de que una jueza de Michigan rechazó el pedido de quiebra de la emblemática ciudad -cuna de la industria automotríz-, ésta parece inevitable. La declaración de bancarrota de la ciudad de Detroit, la más importante del Estado de Michigan, no sorprendió a casi nadie porque su debacle prenunciaba ese final. Con una deuda de 18.500 millones de dólares que reclaman unos 100 mil acreedores y casi sin recursos fiscales a los que echar mano, tras una década de endeudamiento creciente, el símbolo del desarrollo industrial de Estados Unidos se ha convertido en una metrópolis sin alma ni dinero.

Ahora la Justicia debe determinar si acepta la cesación de pagos que solicitó el gestor externo que nombró el gobierno estadual, Kevin Orr, bajo la ley de quiebras. Aunque los bancos sí aceptaron la reestructuración con quita del 75% del pasivo, será un juez el que supervisará la negociación y el cumplimiento de los términos que surjan de la misma. Esta situación fue alertada en febrero pasado cuando un grupo de interventores la declaró insolvente y solicitó declarar la emergencia financiera, ya que arrastraba un déficit de 330 millones de dólares que el alcalde Dave Bing sorteaba con la toma de continuos empréstitos a largo plazo. En la actualidad, destinaba 38 centavos por cada dólar que ingresaba en sus arcas para pagar intereses y en cuatro años el escenario se ponía aún peor porque debía multiplicar por dos esa cifra para enfrentar sus obligaciones crediticias, con lo cual el funcionamiento del distrito se tornaba imposible. Hay otros antecedentes ,como Stockton y San Bernardino, California, donde también dejaron de pagar sus deudas en junio del 2012 producto del estallido de la burbuja inmobiliaria, pero son menos emblemáticas. Antes la fiebre del oro, luego la de la construcción barata y las obras faraónicas a costa del erario, terminan por hundir la economía de estas ciudades, las vuelven inhabitables y convertidas en sombras de su esplendor perdido.

El desplome fiscal puede generar nuevas dudas entre los inversores de bonos municipales, un mercado estimado en cerca de cuatro billones de la divisa estadounidense y que se considera vital para fondear el desarrollo de proyectos públicos e infraestructuras necesarias.

En Roger y Yo, el realizador Michael Moore desnudó lo que sobrevendría veinticuatro años después. La General Motors (GM) decidía cerrar su planta a finales de los ’80 dejando en la calle a 30 mil operarios, a pesar de que la automotriz tenía un superávit millonario. En el documental, Moore intentaba interpelar a Roger Smith, presidente de la multinacional, por la decisión empresaria que condenaba a la miseria a todo el pueblo de Flint, un municipio lindero al hoy quebrado y donde nació el cineasta de visión crítica sobre su propia sociedad. Estrenado en 1989, pronto se convirtió en el largometraje de ese género de mayor recaudación en la historia del cine.

El siniestro graffiti Zombieland cruza el frente de lo que fuera un imponente edificio de apartamentos de Park Avenue, entre las calles Sproat y Sibley, en el corazón del casco histórico de la que se conoció como Motown y Motor City, da la bienvenida a los desprevenidos que pueden sentirse en la locación fílmica de alguna serie de terror. Las calles amontonan basura y el deambular de vagabundos sin techo refuerza el aspecto de decadencia de la alguna vez Meca mundial del automóvil.

Asiento de las cadenas de montaje de los Big Three (GM, Ford y Chrysler), y del “Arsenal de la democracia”, por la producción de armas y vehículos blindados que salían de sus talleres durante los años ’40 para abastecer a los países aliados aún antes de que Washington se involucrara en la Segunda Guerra Mundial; Detroit es el peor reflejo de sí mismo y su futuro se fue diluyendo como las pensiones de los viejos que tratan de ganarle a la banca en alguno de los tres casinos que se instalaron como intento de salvarla de lo inevitable. Muy lejanos quedaron los tiempos en que junto a Pittsburgh y Cleveland eran capitales de la siderurgia y demandantes de materias primas provenientes de América latina, como describe Eduardo Galeano en "Las venas abiertas”. A la lista de calamidades debe sumársele el caso de Kwame Malik Kilpatrick, quien con 31 años fue electo alcalde y del 2002 al 2008 acumuló una serie de denuncias por corrupción que lo convirtieron en el único que ocupó ese cargo en los anales de la ciudad al que se le presentan cargos criminales por la utilización de fondos municipales en el alquiler de un auto para su familia y cargar miles de dólares en masajes, vinos caros y facturas de restaurantes a la tarjeta de crédito que le otorgaba el ayuntamiento. Sin contar los escándalos con bailarinas exóticas en su mansión o el negociado por la realización en el Ford Field del Super Bowl XL, la edición número 40 de la Liga Nacional de Fútbol Americano que mueve billones de dólares en apuestas.

A punto de celebrar su cumpleaños 312º, de los casi dos millones de habitantes que supo tener cuando era la cuarta urbe del país se redujo a 700 mil, muy por debajo de la cantidad de contribuyentes con las que se efectuaban proyecciones de ingreso. El 36% vive debajo de la línea de pobreza y más de 78.000 viviendas se encuentran deshabitadas. Cuando la crisis del 2008, desatada por las hipotecas subprime, algunas propiedades podían adquirirse por un dólar. Esa precariedad y la falta de empleo (18,3%) empujaron la tasa de criminalidad a uno de los niveles más altos de EE.UU. Como consecuencia, las clases medias y medias altas emigraron a los suburbios. Los que quedan tampoco pueden afrontar los impuestos: el 47% no paga a término las tasas municipales. El aspecto fantasmal de la ciudad aumentaba.

En 1967, el “sueño americano” de prosperidad que se acunaba allí se topó con la realidad: lo que se planeó como una simulación de levantamiento social derivó en una rebelión de la población negra. La Casa Blanca intervino en auxilio de las fuerzas de seguridad desbordadas y envió a la Guardia Nacional, luego sumó las divisiones 82 y 101 aerotransportadas, tanques Patton y helicópteros Huey para reprimir la revuelta. El saldo: 1300 edificios incendiados, 2700 negocios saqueados y más de US$ 50 millones en pérdidas, 5000 personas perdieron sus casas incendiadas, 7231 fueron detenidos (la mayor parte afroamericanos), 386 heridos y 43 muertos, 33 de ellos negros.

En 1976, el grupo de rock Kiss sacudió los 362 kilómetros cuadrados con un concierto y el tema “Detroit Rock City” se convirtió en película. “Párate, todos van a mover sus pies. Bájate, todos van a dejar sus asientos” dice el estribillo de esta suerte de himno heavy metal que volvió a tronar en el 2006 con los músicos de rostros pintados más avejentados, pero la misma fuerza arrolladora de su música. En ese entonces, los que se estremecieron fueron los bloques de cemento vacíos de una ciudad cuyo ocaso comenzaba.

Miradas al Sur - 21 de julio de 2013