Iniciativa justicia

Graciana Peñafort


Doy por sentado que es una deliberada provocación. Que Durán Barba, que considera a Hitler un tipo “espectacular”, en términos de espectacularidad de montaje, medios y efectos sociales, decidiese desviar un poco el eje de atención de una realidad que agobia, haciendo que Mauricio Macri cite a Hitler casi textualmente.

Así embarca a un parte de la sociedad en una discusión ideológica, imprescindible diría yo en estos tiempos de falsos profetas del orden. Esa discusión es importante. En épocas electorales. Que no son estas. La discusión hoy pasa por la urgencia de facturas impagables para el común de la sociedad, el hambre que crece y el laburo que decrece sin esperanza y sin solución. Es la inflación que como una marea alta lo invade todo, el dólar subiendo la escalera, la creciente violencia social, los docentes  convertidos en sospechosos, los remedios y la asistencia social ausentes de un Estado cada vez más ausente. Los viejos. Los pibes. La policía. Todo eso que no se soluciona con odio ni con procesamientos ni con Hitler, a decir verdad.

Hace unos días Mauricio Macri hizo uno de sus habituales montajes de ensayada espontaneidad. (Nunca superará, creo yo, el falso viaje en colectivo.) Esta vez visitó una pizzería. Los dueños lo recibieron con una sorpresa desmentida por la presencia de cámaras que filmaban la “inesperada” llegada… ¡desde adentro de la pizzería! Problema de montaje de la historia, imagino o burla provocadora. Da igual a estas alturas. La publicación de esta visita disfrazada de natural y más maquillada que una drag queen, dio lugar a una enorme cantidad de comentarios indignados. Algunos de ellos realmente agresivos. Y podría decir que siembra vientos y cosecharás tempestades, pero no quiero justificar el odio y la violencia de nadie. No hay odio bueno. No hay violencia buena. Simplemente no. Ambas resultan inadmisibles e injustificables. No importa quién sea el odiador. No importa qué piense o desee el violento.

A propósito de esos comentarios el Presidente dedicó una serie de tuits. Voy a señalar éste en particular, cuyo texto dice: “El único antídoto ante este veneno social que persigue inocentes es mantenerse unidos. Tenemos que aislar a las personas envilecidas que buscan el fracaso de los demás“.

¿Por qué lo resalto? Porque la raíz de ese twitt puede rastrearse casi directamente en parte de un párrafo de un libro cuyo primer tomo fue publicado el 18 de julio de 1925 y cuyo segundo tomo apareció en 1926. Dice ese libro: “Aceptar la hipótesis de la igualdad de razas significaría proclamar la igualdad de los pueblos y, consiguientemente, la de los individuos. Por ello, el marxismo internacional habría sido una noción hace tiempo existente y a la cual le dio el judío Karl Marx la forma de un definido credo político. Sin la previa existencia de ese emponzoñamiento de carácter general, jamás habría sido posible el asombroso éxito político de esa doctrina. Karl Marx fue, entre millones, realmente el único que con visión de profeta descubriera en el fango de una Humanidad paulatinamente envilecida, los gérmenes del veneno social, agrupándolos, cual un genio de la magia negra, en una solución concentrada, para poder destruir así, con mayor celeridad, la vida independiente de las naciones soberanas del orbe. Y todo esto sólo al servicio de su propia raza“.

El libro se llama Mein Kampf , Mi lucha. Y el autor es Adolf Hitler. Huelgan los comentarios.

Hace un tiempo, Macri señalaba que había unas 600 personas en este país que el pondría en un cohete y mandaría a la luna. Representantes, a criterio del Presidente, de la humanidad paulatinamente envilecida y que son un veneno social. El nombre de este sitio donde publico es un homenaje y un recordatorio irónico a esa expresión. Por falta de entidad, sé que yo no formaba parte original de ese selecto grupo de 600 personas.

Por amor, por espanto, por responsabilidad política y personal. Por ética y por convicciones personales decidí aceptar la invitación y subirme voluntariamente a este Cohete a la Luna. Y estoy orgullosa de haberlo hecho

Porque los discursos de una sociedad no son los discursos entendidos como construcción lingüística. Son las palabras y las acciones y los hechos. La praxis. Y las relaciones que se dan entre si y que constituyen significados y significantes. El problema capital de los discursos de odio es que legitiman formas de violencia social. Le dan un valor positivo a esas formas de violencia. La justifican. La permiten.

Los discursos de odio que este gobierno emite y avala son socialmente relevantes en cuanto permiten la ruptura del tejido social. La praxis del odio genera siempre consecuencias espantosas. Simplemente no podemos permitir ni validar ni quedar indiferentes ante esos discursos.

Sé que es una provocación lo que hizo Macri. Sé que caí en ella. Se también que no podía dejarla pasar.

Estamos a horas de que cambie la conducción de la Corte Suprema de este país. Después de más de una década. Algún día con menos urgencia que estos días furiosos haré una evaluación de la Corte que ya no es. Pero sí quiero resaltar esto: el Poder Judicial es una realidad de discursos particularmente opacos. Y contingentes. Un avance significativo, para poner en crisis aunque sea un poco la opacidad judicial, es la publicación de las sentencias por parte del Centro de Información Judicial de la Corte Suprema. Porque permitía a periodistas, abogados, y a cualquiera leer las decisiones judiciales de primera mano. Yo he cuestionado fuertemente su funcionamiento. Su elección de sentencias a publicar. Una suerte de línea editorial tan poco enunciada como omnipresente. Pero las sentencias de las que hablaban los medios de comunicación se publicaban. Hace días que eso no pasa. Y las sentencias que todos están discutiendo y analizando simplemente no están publicadas. Eso —ya lo señale en la nota del domingo pasado— vulnera el derecho de acceso a la información. Y está mal. Espero que la reciente conducción de la Corte ponga en funcionamiento nuevamente la página del CIJ… y ya puesta a desear, deseo fuertemente que publique con mayor ecuanimidad las sentencias.

Otras cosas tampoco fueron muy publicadas. Una de ellas fue la presentación en sociedad de Iniciativa Justicia. Que es una asociación de abogados que estamos preocupados, ya no sólo por lo mal que funciona buena parte del Poder Judicial, sino porque día a día vemos como se vulneran las garantías constitucionales. Y nos parece inaceptable. Como abogados. Como ciudadanos.

A decir verdad, al principio las reuniones fueron en los pasillos de Tribunales, donde nos íbamos encontrando entre desolados y furiosos. Luego empezamos a juntarnos para pensar qué podíamos hacer. Y de a ratos parecían reuniones de un grupo de autoayuda que decía frases en latín. No pensamos parecido en todo. Venimos de mundos distintos. No compartimos ideologías políticas. Solo tenemos en común que ejercemos la profesión y que no nos gusta ni un poquito lo que vemos en esos pasillos. Y descubrimos que muchos, muchísimos tampoco estaban de acuerdo con lo que está pasando en Tribunales. Y así nació Iniciativa Justicia, no solo para visibilizar lo que está pasando, que pasa también porque nadie le da visibilidad, sino para proponer acciones concretas que permitan que los funcionarios judiciales vuelvan a leer la Constitución Nacional y las leyes, que parecen haber olvidado.

El jueves 27 de septiembre Carlos Beraldi, Maximiliano Rusconi, Daniel Llermanos, Martín Arias Duval y quien escribe esta columna dimos una clase pública sobre Garantías Constitucionales y Procesos Judiciales. El lugar elegido fue el Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires.

 

 

Esa tarde la generosa capacidad del Aula Magna se vio desbordada. Y sonreímos. Somos muchos, pensamos. Había abogados, funcionarios judiciales, docentes, estudiantes de derecho y muchos otros también preocupados. La cobertura periodística fue extraña. Cosa rara dado que por algunos de los casos que manejamos quienes disertamos estamos acostumbrados a que ciertos medios estén detrás de nuestros pasos, agobiándonos con llamadas y cámaras y micrófonos. Señalo que estuvieron C5N, la TV pública, Crónica TV y algunas radios. A quienes no vimos fue a la gente de otros medios, que son sumamente generosos en tiempo televisivo para dedicarle a los casos que muchos defendemos. La cobertura de diarios también fue llamativa. Una maravillosa nota de opinión escrita por el profesor de todos, Julio Maier en Pagina 12 [1] y la prolija crónica que hizo Martin Piqué para Tiempo Argentino [2].

Supongo a título personal que quienes hacen rating y escriben millones de caracteres con los casos que capturan la atención publica no querían escuchar lo que saben y ocultan con cinismo. Que ese Poder Judicial que ellos festejan, no funciona. Que ese Poder Judicial que festejan consideró como riesgo procesal la relación cercana de un imputado con medios de comunicación y ordenó en consecuencia la prisión preventiva de alguien. Que si el monstruo que hoy ceban se vuelve contra ellos, no serán los abogados corporativos quienes defenderán su libertad de expresión sino quienes creemos que las garantías constitucionales no se pueden desconocer graciosamente. Y tal vez no sea por simpatía a sus posiciones públicas, sino porque hay abogados que tenemos claro que la libertad de expresión es parte del derecho a la información de todos. Y que las garantías son de todos y para todos. Sin excepciones.

Fue importante hacer la clase pública en la Facultad de Derecho. No sólo por el contenido simbólico de ese lugar, sino porque buena parte de los jueces y fiscales que por acción u omisión son parte del problema que denunciamos, son docentes de esa casa de estudios. Y porque ahí se están formando futuros abogados. Por eso quiero agradecer especialmente a los funcionarios judiciales que estuvieron presentes. Porque estar ahí significó una posición de apertura a otras visiones posibles de su día a día. Y una visión de sus consecuencias.

Maximiliano Rusconi puso en palabras lo que todos pensamos. Y lo hizo con rigor y elocuencia. Que estamos frente a una emergencia judicial. Y el peligro cierto para el Estado de Derecho si estas prácticas que no dejamos de denunciar se consolidan.

Quien escribe esta nota habló de las prisiones preventivas que el Poder Judicial reparte a diestra y siniestra. Y explico cómo se vulnera la presunción de inocencia y se la reemplaza por la presunción de culpabilidad. Prisiones preventivas sin más fundamento que el capricho de los jueces. Sin ley real. Sin justicia.

Daniel Llermanos explicó con historia y poesía el problema de la posverdad. Y cómo la verdad de los titulares de los diarios se ha adoptado como verdad judicial. Aunque no cumple los mínimos requisitos para ser aceptada como verdad jurídicamente relevante.

Arias Duval nos recordó como fuimos formados en el respeto a los magistrados. y lo lejos que están estos jueces de hoy de aquellos que respetábamos. Y que lejos están de cumplir con su tarea de juzgar y revisar. Porque el problema de un Poder Judicial ya no es un mal juez. El problema es que nadie controla a los malos jueces. Ni siquiera quien por ley debe hacerlo. Que son los jueces de las instancias superiores. Porque no hay derecho al recurso ni a la doble instancia de control. Y luego de escucharlo, fuimos todos a releer ese libro maravilloso que es Elogio de los Jueces de Piero Calamandrei,

Carlos Beraldi expresó con su sabia calma la ausencia de jueces naturales, es decir jueces designados por ley y según el trámite que ordena la Constitución. Porque hoy no tenemos jueces naturales. Relató cómo los jueces ya no juzgan, sino construyen la culpabilidad, porque no son ya jueces imparciales. Y como un sector del Poder Judicial además hace política. Y resaltó lo que será una de las primeras cosas que reclamaremos. Que se ponga en funcionamiento el Nuevo Código Procesal Penal. Que está vigente, pero suspendido por un Decreto de Necesidad y Urgencia de Mauricio Macri. Desde hace tres años.

Charlando en días posteriores con un funcionario judicial a quien le agradecí su concurrencia, me contestó con simpleza y cierta solemnidad con una cita de Heidegger, que mi memoria recordará defectuosamente: “Hay días en que acaece y cuando acaece hay que estar”.

Me sumé a Iniciativa Justicia por motivos similares a los que me subí al Cohete a la Luna. Porque lo siento una obligación moral. Y también ética. Porque soy hija de la democracia y porque mis padres sufrieron en carne propia la dictadura. Porque abomino de toda forma de violencia. Sin excepciones. Porque estudié Derecho creyendo como creo aún hoy que una sociedad puede resolver sus conflictos sin sangre. Con razones. Porque creo en la Justicia y el Derecho, ese arte de lo bueno y equitativo. Y porque quiero volver a creer en los jueces. Porque pelear por una sociedad democrática, pacífica y sin excluidos es una lucha justa y digna. Dar la batalla por una Justicia respetuosa de la Constitución también es una lucha justa y digna. Porque respeto más la noción de justicia que la idea de Poder. Porque, como muchos miles de argentinos, no estamos dispuestos a dejarnos derrotar por los discursos de odio ni por los autoritarismos ni por las persecuciones. Ni por la desesperanza. Estar en esas batallas es importante para mí. Formar parte de esas batallas me hace alguien que puedo mirar al espejo en las mañanas. Sin vergüenza. Y sin miedo. Y porque aunque jamás podría citar a Heidegger de memoria, sé perfectamente que no estoy dispuesta a vivir en una sociedad caníbal. Y que, como canta el Indio, “cuando el fuego crezca, quiero estar ahí”.

Nota: Para quienes estén interesados en escuchar la clase abierta, el link  para hacerlo es https://www.youtube.com/watch?v=-yFf_vhwrSg

[1] https://www.pagina12.com.ar/145280-iniciativa-justicia

[2] https://www.tiempoar.com.ar/nota/preocupados-por-el-estado-de-derecho-ab...

 

El Cohete a la Luna - 1 de octubre de 2018