“El gobierno va a consolidar una perspectiva extractiva y exportadora para el carbonato de litio”

Entrevista por Lucía Ortega
Continuando con el debate en torno a “la cuestión del litio” que ha sido reseñado en Ideas de Izquierda por Lucía Ortega y la problemática de los conflictos territoriales de las comunidades indígenas asociados a éste analizada por Azul Picón, conversamos con Bruno Fornillo, Julián Zícari, Ariel Slipak, Florencia Puente y Melisa Argento, autores de la publicación Geopolítica del litio. Industria, Ciencia y Energía en Argentina. Dossier Litio [url=http://www.iade.org.ar/modules/noticias/index.php?storytopic=72]CLICK AQUI[/url]

A propósito de las medidas recientes del gobierno de Macri en materia de minería, como la eliminación de las retenciones a las exportaciones mineras, y de los anuncios de nuevas inversiones millonarias de compañías japonesas, chinas, surcoreanas, francesas y australianas para la extracción de carbonato de litio en Argentina, nos proponemos evaluar las proyecciones de este sector y su vinculación con los intereses trasnacionales de la industria productora de baterías de litio.

IdZ: ¿Podrían explicarnos cómo surgió su interés por el tema del litio y cuál es el interrogante principal que mueve su investigación?

Nuestro interés por el litio surge aproximadamente en el año 2006, cuando algunos de nosotros estábamos haciendo nuestras tesis de doctorado en Bolivia, país que tempranamente identificó al litio que posee en Salar de Uyuni como una riqueza. El interrogante principal, si hubiese solo uno, sería así: ¿Cómo desplegar la potencialidad contenida en la energía del litio para que contribuya a una sociedad radicalmente sustentable e igualitaria?

IdZ: ¿Se podría entonces considerar al litio como un “recurso estratégico”? ¿Por qué descartan las visiones que lo catalogan como “el petróleo del siglo XXI”?

Buena pregunta. Por un lado, el litio es un recurso estratégico de nivel relativo, puesto que no es escaso, tampoco esta “distribuido desigualmente”, ni su peso es mayúsculo en la estructura de costos de una batería. Nuestro trabajo hace un esfuerzo por valorar de modo preciso una serie de imaginarios que se construyeron en torno al litio, porque es necesaria una mirada realista para encarar una política efectiva. Por otro lado, el valor concreto está en la cantidad de conocimiento que se precisa para pasar del “salar a la batería”, es decir, para contar con una batería fabricada en la Argentina. A diferencia del oro negro, la potencialidad del litio reside en ascender en su cadena de valor, es decir, en tener la capacidad para hacer baterías más flexibles, livianas, durables, potentes, posibles. Es, básicamente, un problema del conocimiento en tanto herramienta fundamental del “trabajo vivo”, para decirlo con Marx.

La importancia de contar con la técnica para poder fabricar los acumuladores es mayúscula, ya que hoy por hoy son las más apropiadas para darle movilidad a los dispositivos eléctricos pero en un futuro muy cercano también servirán de tracción de los transportes y serán parte de los sistemas energéticos por venir. Explicamos este último punto que es importante: lentamente se irá consumiendo menos combustible fósil (gas, carbón, petróleo) y más energía eléctrica (producida por turbinas eólicas, paneles solares, hidroelectricidad, etc.) y para almacenar la electricidad y estabilizar su transporte se necesitarán baterías. Para que te hagas una idea de la dimensión de lo que estamos hablando se proyecta que este mercado sea tan grande como el de baterías de automóviles. A su vez, las baterías de litio podrían servir para la democratización del sistema eléctrico. En Alemania, actualmente, gran parte de la producción de energía solar la producen los mismos ciudadanos, que vuelcan a la red la energía que no utilizan, y las baterías ayudan a estabilizar ese sistema.

IdZ: En el libro sostienen que la totalidad de la superficie de los salares del Noroeste Argentino (en las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca) se encuentra concesionada a firmas extranjeras de Norteamérica, Australia y Corea del Sur, y asociadas a estos proyectos también están grandes accionistas mundiales de automotrices como Toyota, Mitsubishi o Nissan. ¿A qué se debe dicha situación? ¿Nos podrían contar brevemente cómo está conformado el mercado mundial del litio y cómo funcionan los clusters?

En principio es como señalas. La mayoría de las áreas de litio en la Argentina ya están consignadas, aunque muchos de estos territorios no están en proceso de explotación ni de exploración y tampoco parecen estar a la vista el inicio de sus etapas previas. Están consignadas simplemente por varias empresas que pagan un canon mínimo y así las acaparan y evitan que otras empresas soliciten como pedimento minero esas mismas tierras y comiencen a explotarlas. Con todo esto tratan de frenar cualquier competencia. Por lo general, estos derechos pertenecen a las mineras trasnacionales que adquieren parte de su financiamiento con empresas automotrices (u otras grandes firmas de la cadena de valor de manufacturas de la industria microelectrónica), ya sea norteamericanas, europeas o asiáticas. De esta manera, el negocio es mutuo. Las mineras consiguen el dinero para la inversión, con lo cual arriesgan poco capital propio. Para las automotrices el negocio está en asegurarse el abastecimiento que necesitan de litio durante décadas hacia el futuro. Como ya explicamos, la incidencia de la materia prima en el costo final de las baterías, pilas y acumuladores es mínima. Por lo cual, no les importa mucho el precio al cual comprar el producto, sino sólo conseguirlo. Este tipo de alianza con las mineras es una forma de hacerlo. Por otra parte, con respecto al mercado mundial de litio, su estructura es dispar. Por el lado de la oferta, la situación está muy concentrada: Chile vende casi dos tercios de lo exportado, y si le sumamos Australia y Argentina la situación es de casi el 90 % del total con sólo tres países. En cambio, la demanda está bastante más atomizada, aunque el 100 % de los países compradores son países desarrollados, en el cual el sudeste asiático concentra casi el 50 % de las compras. Es decir, parece repetirse un clásico patrón decimonónico en el cual el sur vende la materia prima al norte, para que éste la reelabore y la venda por todo el mundo (incluido el sur), con mayor agregado tecnológico e industrial. Así, se siguen agudizando las distancias entre países desarrollados y aquellos que sólo venden materias primas. Lo que remarcamos en el libro es que resulta notable como el esquema legislativo argentino y las políticas locales estimulan el otorgarle la explotación del recurso a los propios demandantes globales, dándoles el control del recurso desde la primera fase de la cadena de valor.

IdZ: En la investigación han mostrado entre otras cuestiones los sucesivos intentos de desarrollar una batería de litio en el país en los últimos años y los permanentes límites encontrados a la industrialización local, todo lo cual hace perpetuar el rol argentino de mero exportador de la materia prima. ¿A qué se puede atribuir esta aparente imposibilidad de generar la batería de litio en el país?

En términos generales, existen las dificultades propias de un país periférico para hacerse de un proceso tecnológico de punta. Nosotros vimos que para poder contar con las baterías en el país se deben dar las condiciones políticas, industriales, científicas… Todas juntas… Y para que se den todas las condiciones hace falta que exista una política muy activa, planificada, consensuada y coordinada, conducida por el Estado. En cierto momento, nos entusiasmó que YTEC, que es una empresa semi-pública de propiedad mixta entre CONICET e YPF, haya albergado a los científicos que más saben de de baterías de litio. El interrogante es qué sucederá ahora con el cambio de gobierno.

IdZ: ¿En qué se sustentan los proyectos de quienes afirman que se puede desarrollar la fabricación de baterías de litio en Argentina?

La idea de que se puede desarrollar baterías de litio en Argentina se sustenta en que existe un entramado científico abocado a ellas (hay cerca de 5 laboratorios en distintas partes del país), un entorno económico capaz de oficiar de respaldo inicial (baterías para el ensamble de electrónicos en Tierra del Fuego, para motos, bicicletas, molinos de viento, paneles solares, etc.) y un cierto interés en diferentes actores políticos en distintas jurisdicciones, escalas y funciones. En este sentido, aunque incipiente, nuestro contexto general es un tanto más propicio para la agregación de valor que el que brinda Bolivia y Chile.

IdZ: En el libro han expuesto cómo la actividad litífera ha abierto conflictos con comunidades indígenas Kolla y Atacama que habitan el territorio desde hace milenios. ¿Cuáles fueron las principales demandas y en qué situación se encuentran actualmente dichos conflictos?

Como decís, en el libro nos propusimos dar a conocer la situación de las comunidades que habitan los territorios de las cuencas de los salares de donde se extrae o extraería el litio, sus formas de vida, sus demandas y las exigencias sobre todo frente al Estado tanto provincial/es como nacional. Estas comunidades a su vez se organizaron en dos actores u organizaciones, la Mesa de las 33 comunidades de Salinas Grandes y Salar de Olaroz (territorios de Salinas Grandes, provincia de Salta y Jujuy) y el Colectivo Apacheta que se organiza en el departamento de Susques en las cercanías a los salares de Olaroz y Cauchari. Las demandas son diversas y varían en función de si estas comunidades habitan directamente en la zona donde se radican las empresas, o se encuentran más alejadas; o también dependen de si son comunidades de cooperativistas mineros (minería artesanal de la sal) o si no trabajan de este recurso, varían por último porque hay comunidades cuyos territorios han sido reconocidos y tienen títulos colectivos y, otras donde esto es aún hoy una exigencia.

Sin embargo, a pesar de los matices hay elementos centrales y comunes a todos que serían las que podemos mencionar como las principales demandas comunitarias, por un lado el uso del agua (es un recurso escaso en zonas altas y áridas), la minería del litio es en las formas en que actualmente se extrae, una minería de agua. Las empresas utilizan una cantidad inmensa de agua por día y eso constituye un riesgo potencial para los habitantes de las comunidades, tanto por la posibilidad de salinización de las napas de agua dulce, como por el hecho que ellos denuncian de la posible sequia de los “ojos de agua”, que dicho rápidamente serían las fuentes pequeñas de agua (que forman parte de la misma cuenca) de donde ellos mantienen sus cosechas y animales. En segundo lugar el salar, es una preocupación por el hecho que ellos marcan al salar como un bien, el lugar en donde y del cual vivieron sus ancestros, sus antepasados. Esto tiene necesariamente un valor espiritual e identitario y consideran que las formas extractivas de las empresas no respetan estos saberes ni territorios.

Por último y ligado tanto con lo indígena identitario como con las formas de reproducción de la vida, las comunidades exigen que se les realice la Consulta Previa Libre e Informada (CPLI) sobre sus territorios. En esto tienen la exigencia hacia el Estado de que respete la legislación tanto de la Constitución Nacional, como del artículo 169 de la OIT al cual Argentina ha ratificado.

Otra cosa interesante en las comunidades, es que si bien algunas dicen “NO a la minería del litio”, otras dicen “¡pregúntennos!” Y además “déjennos participar de las ganancias, del control sobre el impacto al medioambiente (pasivos ambientales), de las formas en que se van a habitar nuestros territorios”. Es decir fuerzan un proceso de democratización, quieren que su voz sea escuchada y respetada, y en eso piden que el desarrollo no sea solo crecimiento económico sino también democratización social. Es más, se han dado diferentes acciones, no solo llegaron con sus demandas hasta la Corte Interamericana de Justicia (luego de pasar por la nacional), y luego de presentar diferentes demandas con estrategias legales muy bien articuladas, gracias al apoyo de abogados y asesores, sino que las 33 comunidades de salinas grandes también han realizado un proceso que culminó con la presentación de un protocolo de CPLI. Es decir tienen un documento, donde ellos dicen “oigan señores, asi es cómo nosotros queremos que se nos consulte”. Este documento es de verdad muy riguroso en adaptar la normativa del derecho internacional indígena a las realidades concretas de las comunidades.

IdZ: Habida cuenta de que esta estructura primarizada y extractivista se desarrolló durante la administración kirchnerista. ¿Qué perspectivas ven para la explotación e industrialización del litio en Argentina en el período de gobierno macrista?

Tenemos pocas dudas de que el gobierno entrante va a consolidar una perspectiva extractiva y exportadora para con el carbonato de litio manejado por empresas transnacionales. Escenario que ya se venía dando durante el kirchnerismo. Por el momento en los dos meses iniciales de gobierno macrista ya se verifican –a partir de reuniones y anuncios– la profundización del estimulo a la radicación de empresas transnacionales vinculadas a los propios demandantes de litio, quienes siguen manteniendo el control del recurso desde el inicio de la cadena de valor. Lo que además preocupa es que, aunque insuficiente, el gobierno anterior encaró ciertos esfuerzos por cimentar la agregación de valor, para construir las baterías. En este punto, las esperanzas tienden a esfumarse, y lo único bueno a esperar es que las investigaciones continúen en estado de latencia, o sumergidas, a la espera de condiciones más favorables para realizar su potencial. Más allá de esto, a nosotros también nos interesa pensar la “cuestión litio” porque creemos que contribuye a que los discursos emancipatorios del campo popular incorporen nuevas formas de considerar el desarrollo. En este sentido, es preciso asumir los tópicos de lo que algunos denominan ecosocialismo, que no deja de tener en cuenta la sustentabilidad y democratización del sistema energético, el rechazo al consumo innecesario, la aplicación de la tecnología en nuevos campos, en suma, una política frente a la contradicción entre el capital y la naturaleza, lo que O’Connor llama la segunda contradicción del capital.

Revista Ideas de Izquierda - 5 de marzo de 2016