El caso automotriz chino

Jorge Molinero

La disputa comercial entre Estados Unidos y China aun no se ha resuelto. A la fecha se suceden declaraciones de las partes sobre los avances logrados, pero cuando se habla de la fecha del acuerdo final las definiciones son vagas. Ya hemos visto en entregas anteriores que la disputa es la punta del iceberg que remite a un largo período de disputas por la hegemonía a nivel mundial.

Trump lanza la declaración de guerra comercial en marzo de 2018, con la imposición de aranceles extraordinarios, con rangos del 10 % al 25 %, estando pendiente de aplicación estos últimos valores si los chinos no se avienen a las exigencias de EEUU. Éstas cubren la apertura comercial, financiera, derechos de propiedad intelectual, acceso al mercado interno sin socios chinos ni obligación de transferencia tecnológica, eliminación de sectores restringidos o totalmente prohibidos, y el cese de la promoción industrial con subsidios que supone el vigente plan “Made in China 2025”, para resumir los principales puntos.

Lo que se ve desde afuera de las negociaciones se parece más al corrimiento de la fecha de un ultimátum norteamericano que a una negociación entre partes iguales. Ello nos hace presumir que el gobierno chino terminará por aceptar un cierto grado de retroceso en su política actual. Las consecuencias de los acuerdos se verán más adelante, al cierre de las negociaciones con los compromisos asumidos, y su aplicación concreta en el tiempo acordado para su implementación. 

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10-04-2019