A diez años de la crisis financiera internacional

Horacio Rovelli * (Especial para sitio IADE-RE) | "La crisis financiera y, posteriormente, económica de 2008, cuyo origen se ubicó en EE.UU. y, en particular, en las hipotecas denominadas subprime, produjo la contracción mundial de la actividad económica y el empleo, así como a un aumento en la percepción de riesgo por parte de los inversionistas a nivel internacional".

La crisis financiera internacional denominada subprime, cuyo efecto fue claro en el año 2008, tuvo su origen y epicentro en los EEUU y, se debió fundamentalmente a que el país del norte de América iba teniendo menor productividad y competitividad en diversos y fundamentales segmentos de la producción, frente a los países de la Comunidad Económica Europea, China, India, Japón, Corea, etc.  Por ende, su política fue la de sostener su tasa de crecimiento en base al consumo interno financiado a crédito y revalorización de activos, convirtiéndose su déficit comercial (en el año 2007 del 5% de su PBI) en el superávit persistente de los países nombrados.

Uno de los caminos elegidos para sostener su tasa de crecimiento fue la compra de viviendas vía securitización de títulos, que ante la imposibilidad real de pago por un lado y el exagerado uso del instrumento por el otro, que incluso se internacionalizó transfiriendo el problema a los demás países, desembocó en una crisis financiera que lo llevó decir en ese entonces, al presidente de la Reserva Federal de ese país, Alan Greenspan, principal artífice del modelo descripto, que “la recesión global seguramente será la más larga y profunda desde 1930”.

Podemos dar como fecha de estallido de la crisis, julio de 2007,  tras la quiebra de dos fondos de inversión del Banco Bear Stearns de los EEUU, a la que  le sigue, un año más tarde, el cierre definitivo de ese banco, y con él el derrape de importantes entidades del sistema de ese país, entre ellos la Mutual y Caja de Ahorro WaMu (a ambas entidades las compró J.P. Morgan-Chase); Lehman Brothers (quebró una parte y la otra la compró la entidad japonesa Nomura); Merrill Lynch (lo compró Bank Of América); Wachovia (En que se la diputaban dos bancos el Citibank y el Wells Fargo Bank y finalmente dicha entidad quebró parcialmente y la otra parte la compró el segundo de los bancos nombrados), sin olvidar que el Gobierno de George W. Busch tuvo que asistir a las dos grandes instituciones hipotecarias que tiene ese país (Freddy Mac y Fannie Mae), y también a la aseguradora AIG; para terminar con una ley de redescuentos y aportes del Tesoro de los EEUU por U$s 700.000 Millones (de los cuales unos U$s 250.000 Millones se destinaron a la compra de acciones de nueve empresas de primera línea en dificultades y otra suma igual para la compra de la cartera hipotecaria con problemas). Del mismo modo, debe tomarse el ofrecimiento de los gobiernos europeos de disponer de un billón de euros para rescatar los bancos locales (ampliación de garantías de los depósitos y recapitalización de entidades). 

En los EEUU el plan de salvataje es continuado por la Administración Obama en el denominado “Programa Fiscal de Estímulo” de incremento de los gastos del Estado en el orden de los U$s 850.000 Millones (aproximadamente del 6% del PBI de los EEUU), para apuntalar la inversión y el consumo en ese país y que debería generar, según lo que el plan estimaba, 3.500.000 puestos de trabajo, complementado con el denominado “Plan de Estabilidad Financiera”, que en un principio contaba con unos U$s 838.000 millones (otro 6% del PBI estadounidense), que consistía básicamente en la compra de la cartera tóxica de los bancos, más medidas de apoyo a los créditos hipotecarios para evitar su ejecución e inyección de capital a las entidades en problemas.

Existe una fuerte interdependencia entre los mercados financieros  internacionales, de allí que cuando la FED (Reserva Federal de los EEUU) inicia a mediados del año 2007 una política de reducción de la tasa de referencia (de 4,75 % TEA -Tasa Efectiva Anual de junio del año 2007 a la tasa de 2,25% anual de marzo del año 2008, luego la vuelve a reducir al 1,5% anual del 07/10/2008, para ajustarla solo al 0,25 TEA para fin de ese año) se produce en la primera fase (año 2008 hasta junio 2008) la depreciación de la moneda estadounidense que llegó a valer U$s 1,6023 por un euro en junio de 2008.

Como no podía ser de otra manera, la depreciación de la moneda estadounidense también significó la fuerte suba del precio del petróleo y de las comodities[1], para que después dichos importes desciendan a medida que el dólar recuperaba su valor.

Es más, el impacto de la crisis financiera en la economía real se produce por el freno en las ventas y el incumplimiento en la cadena de pagos. Las limitaciones del crédito limitan las ventas en un país como los EEUU, en que el financiamiento bancario es muy importante, de manera tal que los préstamos representan más del 100% del PBI.

Los incumplimientos tienen un “efecto dominó” o “cascada” que limitaba la recuperación de crédito de los bancos, que sufrieron a su vez la persistente pérdida de depósitos, por más que la FED trataba de ayudar, el daño era irreparable y se reproducía en la economía real por el freno de las actividades, la acumulación de stock, la suspensión o despido de personal, el “parate” de la producción, etc. etc.

En ese marco y con el objetivo expreso de frenar la crisis bancaria y bursátil, más el proceso recesivo que estaban sufriendo los países centrales, es que deciden una política gradual y persistente de reducción de la tasa de interés de referencia, liderada por los EEUU, de manera tal que en febrero 2009 era del 0,25% TEA. 

Fue claro que el problema no se circunscribía a la mayor liquidez, dado que ésta no se transformaba en crédito y tampoco lo hacía a tasas y demás condiciones de préstamo compatible.  Y esto era así, entre otras razones, porque la dimensión de la crisis y la pésima situación de los bancos (que concedieron créditos que no podían recuperar), hacía que por más importante que fuesen los recursos que se ponían en juego, terminaban canalizándose mal, con lo que en definitiva fue mucho el esfuerzo y pocos los resultados.

Lo que decimos se refleja en su faz bursátil y financiera, en la venta persistente de las acciones de los bancos, de allí que el Dow Jones (arrastrado por el menor valor de las acciones de los bancos) que había alcanzado su valor mínimo el 10 de octubre 2008 (7.774 puntos), que había logrado subir por encima de los 9.000 puntos en diciembre de 2008, pero el avance de la crisis y el escepticismo ante la verdadera repercusión de las medidas del Plan de Estabilidad Financiera de Obama, hizo que el día que se anunció el Plan (Enero 2009), volvió a descender para situarse en 7.884,64 puntos, muy cerca de los valores mínimos del año 2008.

Paralelamente y como muestra de desconfianza y de reaseguro ante la crisis, la onza troy de oro se incrementó situándose en U$s 914,6 en enero de 2009, cuando seis meses antes costaba U$s 834.- (casi diez por ciento de incremento).

En un marco recesivo generalizado en los países centrales, no se avizoraba ni el fin del proceso ni el comienzo del despegue hacia un nuevo ciclo.  Europa con serios problemas de desocupación y disminución del nivel de actividad, mantenía una paridad descendente del valor de su moneda con respecto al dólar (en febrero de 2009 es de U$s 1,2840 por euro, y el valor futuro en diciembre/2009 se cambiaba a U$s 1,2715 por euro) que, obviamente, no encaminaba a una solución ni al déficit comercial estadounidense, ni a las menores exportaciones previstas del viejo continente.

En síntesis y como lo definió el mismo secretario del Tesoro de la presidencia de Obama, Timothy Geithner, “…dar grandes cantidades de dinero de los contribuyentes a las mismas instituciones que ayudaron a causar la crisis, con poca transparencia y supervisión, ha aumentado la desconfianza pública”. 

Pero es merced a la magnitud y profundidad de la crisis financiera internacional que los EEUU logran a costa del resto del mundo, financiar su déficit fiscal y comercial[2], y esto es así por la persistente demanda de dólares por la reserva de valor que se le confiere a esa moneda, de manera tal que la expansión de la base monetaria norteamericana fue U$s 231,5 billones a principios de los 90, a U$s 1.182,5 billones al 31/12/2008, lo que implicó un incremento de 410%, que, obviamente, no tuvo correlato con la expansión de la economía real, pero tampoco con la inflacionaria.

En el caso de los ciudadanos de los EEUU, adoptan su moneda y los títulos del Tesoro de su país, por lo que se da la paradoja de que el retiro de fondos que hacen los depositantes de los bancos, los cubre parcialmente (dado que los retiros son mayores) el Tesoro de los EEUU con la colocación de títulos públicos en el mercado.

Interrelación entre la economía real y la monetaria

En la crisis de 2008 la recesión de los países centrales se extiende al resto del mundo, máxime si tenemos en cuenta que, en ese año, el PBI de los EEUU y de la CEE era casi el 40% de los bienes y servicios que se producían en el planeta, y su participación en el comercio internacional superaba el 55%.   La reducción de la demanda interna de los países centrales implicaba disminuir las importaciones, lo que generaba menores ventas de Asia (esencialmente Japón, China e India) que son sus principales vendedores. A su vez esos países demandaban menos bienes y servicios, con lo que terminan resintiendo los precios de los comodities[3].

Esa es la razón por la cual la crisis iba alcanzar a América latina tarde o temprano, crisis financiera que se acelera y agudiza por la integración que tenían con los mercados financieros y de capital internacional, principalmente Brasil, y en segundo lugar Chile.  Con lo que las grandes entidades financieras que se cayeron una tras otras y aun las que sobrevivieron, lo primero que hicieron, para hacerse de recursos, fue desprenderse de los títulos públicos y privados de los llamados, por ellos, países emergentes, entre ellos Brasil y Chile. 

El derrape de los valores públicos y privado de esos países arrastró su moneda, de manera tal que en Brasil al 31/08/2008 se cambiaban 1,65 reales por un dólar estadounidense, y el 10/10/2008 la relación llegó a ser 2,5 reales por un dólar, hasta que intervino el Banco Central de ese país, vendiendo más de U$s 2.200 millones en un día, para llevarlo a 2,3 reales por un dólar, significando una depreciación del 40% en dos meses.[4]  Las ventas de las Reservas Internacionales del Banco Central de Brasil continuaron, de manera tal que se estimaba a mediados de noviembre de 2008, que  había vendido más de U$s 30.000 millones.  Paralelamente la fuga de capitales debe haber multiplicado por tres veces y media esa suma.

Dada la integración de Brasil con nuestro país, más el hecho de que empresas trasnacionales operan en las dos naciones, etc.[5]., demostraba la vulnerabilidad de la economía argentina a la crisis financiera internacional de hace diez años.

Era imposible pensar que si Brasil no lograba estabilizar sus variables y entre ellas el tipo de cambio, que la Argentina no sufriera el impacto de ello, por lo que las secuelas de la crisis se adelantó sobremanera e impactó en nuestras cuentas públicas (presupuesto de la administración nacional, programa monetario), en el comercio y su financiación (balanza comercial y de pagos) y en los niveles de actividad, produciendo el primer “cimbronazo” en el modelo de acumulación y distribución del “kirchnerismo”, de manera tal que el PIB que venía creciendo desde el año 2003 a tasas chinas (en tono al 9% anual), ese año 2008 se incrementó menos de la mitad,  según las estadísticas revisadas por el INDEC en la gestión de Cambiemos, la tasa anual fue del 4,1 por ciento.

Secuelas de la crisis financiera subprime

La crisis financiera y, posteriormente, económica de 2008, cuyo origen se ubicó en EE.UU. y, en particular, en las hipotecas denominadas subprime, produjo la contracción mundial de la actividad económica y el empleo, así como a un aumento en la percepción de riesgo por parte de los inversionistas a nivel internacional.

Actualmente, diez años más tarde, la baja generalizada de las tasas de interés comienza a revertirse y en los EEUU es motivo de disputa entre las autoridades de la Reserva Federal de ese país y el gobierno de Donald Trump cuál va a ser la tasa de corto, mediano y largo plazo, dato fundamental si tenemos en cuenta que a principios de este año 2018, cuando los Bonos del Tesoro de los EEUU a diez años pasaron en su rendimiento la barrera del 3% anual, generó un ingreso de capitales  a ese país en el trimestre abril-mayo-junio 2018 por unos U$S 68.000 millones, de los cuales U$S 28.000 provinieron de la Unión Europea y U$S 33.000 millones de América latina (de los cuales una tercera parte salieron de la Argentina).

La crisis subprime afectó fuertemente la producción industrial de nuestro país, en particular, la manufacturera asociada al comercio con nuestro más importante socio, Brasil. En el corto plazo, esto produjo una contracción importante de la actividad económica nacional, al disminuir de manera significativa los flujos de inversión y de comercio con la nación vecina. También se sufrió, en ese año 2008, la crisis por el fuerte descenso del precio de la soja y demás productos agropecuarios que vendemos, lo que implicó todo un cambio de tendencia que incluso se agravó en el año 2009 por el llamado “conflicto con el campo”, todo esto en conjunto va a poner fin al proceso de crecimiento en base a empujar el consumo interno.

Asimismo, la recuperación de condiciones de “normalidad” en el sistema financiero internacional afectó los flujos de capital hacia las economías emergentes, sus tipos de cambio y sus tasas de interés. De hecho, la incertidumbre acerca de cuándo ocurrirá tal normalización ha causado efectos sobre todo el tipo de cambio y el grado de riesgo de muchas economías emergentes, más en aquellas cuyas condiciones económicas y financieras son frágiles, agravadas por la irresponsabilidad, en el caso de nuestro país, de tomar deuda sin capacidad de repago como hizo el gobierno de Cambiemos.

En efecto, la Deuda Externa Pública de la Administración Nacional al 31/03/2018 era de U$s 331.481 millones (cuando al 31/12/2015 era de U$s 222.703 millones), con lo que se incrementó en U$s 108.778 millones. A esa deuda debe sumarse los U$S 15.000 millones otorgador por el FMI del 22 de junio de 2018 y, unos U$s 6.600 millones de nuevas deudas (Letes y otros) a posteriori, por lo que al 31 de agosto de 2018 la deuda nueva rondaría los U$s 130.378 millones (conformando un stock de U$s 353.081 millones a esa fecha).

Esto es, los EEUU tratan de capitalizar su nación y dar por terminado el ciclo de tasas bajas y la Argentina de Cambiemos no encuentra mejor manera que financiar su déficit fiscal (engendrado fundamentalmente por la eliminación y reducción de los derechos de exportación) que es en pesos, endeudándose en divisas.

Cuando se necesitaba contar con una política contracíclica, el gobierno de Cambiemos desmantela los mecanismos de control externo y permite la fuga de capitales en un nuevo proceso de valorización financiera del capital que nos integra al mercado financiero internacional de la peor forma. A la par que destruye cadenas de valor y de pago en el mercado interno, el resultado no puede ser otro que el cierre de establecimientos, la desocupación de mano de obra y equipos y, por último, la extranjerización de nuestra economía por el acrecentamiento de la deuda externa.

 

 * Economista, profesor y miembro del Instituto Argentino para el Desarrollo Económico (IADE) | 19-09-2018


[1] El barril de petróleo crudo llegó a superar  los U$s 145 y la soja los U$s 609 la tonelada entre fines de junio y principio de julio de 2008, para costar U$s 106 y U$s 434.- respectivamente al 8 de septiembre de 2008,   a U$s 89,93 y U$s 341,35 al 6 de octubre de 2008, y a U$s 53,62 el petróleo y U$s 315.- la tonelada de soja,  al 20/11/2008.

[2] En el año 2008, el PBI de los EEUU se estimaba en unos 14 Trillones de dólares.  El déficit Comercial era de U$s 700.000 Millones (5% del PBI) y su déficit fiscal de U$s 450.000 Millones (3,2%)

[3] Materias primas, productos que puede elaborar cualquier país sin mucha dotación de capital ni tecnología.

[4] Brasil con fecha 13/10/2008 redujo el encaje bancario liberando no menos de U$s 40.000 Millones para paliar los problemas de liquidez y solvencia que le planteaba la fuga de capitales. 

[5] Y que por lo general toman como cabeza de playa en la región a Brasil, por una simple economía de escala, por ende, las decisiones la toman desde ese país, caso concreto las empresas automotrices y siderúrgicas que operan en los dos países, suspendiendo los planes de inversión y de trabajo en la Argentina, fruto del sobre stock que tienen en Brasil