Informe de coyuntura Nº 25

 

Es indiscutible que la economía argentina experimentó una reactivación durante 2017 que se constata tanto en el leve crecimiento del PIB en el primer semestre de 2017 (1,6%) como en la aceleración del nivel de actividad en julio y agosto (superior al 4% interanual). Sin embargo, tal reactivación implica que el PIB apenas alcanza el nivel de 2015 y se apoya en sustentos débiles en la medida en que no parecen concordar con las prioridades de la política económica. De allí que la perspectiva de continuidad del crecimiento es, al menos, dudosa.

Déficit gemelos

 

El déficit fiscal de 2016 fue de 481.920 millones de pesos, equivalente a 32.000 millones de dólares, según datos oficiales publicados en el Boletín Fiscal. Para 2017, con importaciones creciendo sostenidamente y exportaciones descendiendo, se estima un déficit comercial de 1866 millones de dólares, de 3800 millones en 2018 y de 4929 millones en 2019. Es una falacia que países periféricos como Argentina puedan financiar esos desequilibrios en forma constante con deuda. Déficit fiscal y déficit comercial, en una economía que no crece, adelantan situaciones de inestabilidad económica, política y social.

Grasa y músculo

 

Nadie está exento. A todos puede ocurrirles alguna vez encontrarse en un universo cerrado en el que se construye una realidad que afuera no existe. La creencia en la realidad imaginaria se refuerza si, a la razón consentida entre propios, se suma la prensa hegemónica reproduciendo como válidos los sinsentidos. Tal es hoy el mundo del oficialismo y sus satélites. Pero la economía tiene una característica: se puede camuflar por algún tiempo, trabajar sobre las expectativas, pero al final la realidad siempre se manifiesta.