“Con peso y de pleno derecho”

Gabriel Bencivengo
La definición del diplomático señala que la integración pone a su país en el eje principal de su perspectiva histórica. "El Mercosur constituye la columna vertebral de la integración económica de América del sur. Venezuela, como una economía media a nivel regional, suma sus recursos energéticos y, aunque pequeña, también aporta su capacidad industrial; además de un mercado interesante”, señala Carlos Eduardo Martínez Mendoza, general retirado y compañero de promoción del presidente Hugo Chávez. Al igual que otros militares de su generación, el actual embajador de Venezuela en la Argentina participó de la rebelión del 4 de febrero del ’92. “Mi país se encuentra ahora, como miembro pleno del bloque, con el eje principal de su perspectiva histórica: una presencia con peso y de pleno derecho en Suramérica, nuestro espacio natural, aunque haya estado durante doscientos años de espaldas a la región”, afirma Martínez Mendoza. Su visión del proceso de integración subraya que la membresía plena de Venezuela a la zona comercial implica para su país un desafío que ya trasciende el “hacer cada vez más fluidos los intercambios de bienes y servicios”. Se análisis resalta la importancia de “avanzar en la planificación conjunta de los procesos de industrialización mediante mecanismos de complementación porque incluso Brasil, que es la mayor economía de la región, necesita de sus vecinos para darle sustentabilidad a su desarrollo”.

–¿Qué le aporta en lo estructural el Mercosur a la economía venezolana?
–La integración plena nos permite adecuar y acelerar el proceso de desarrollo productivo para ir saliendo, en el mediano plazo, del esquema colonial y rentista que tenemos. Hoy, mi país vive fundamentalmente del petróleo.

–Hay sectores políticos y económicos de Venezuela que se opusieron, y aún hoy se oponen, al ingreso de su país. Esos mismos sectores critican con dureza la política exterior de su gobierno…
–Hay veces que uno se siente agotado de contestar las visiones tontas de una oposición cada día más débil que, ante su incapacidad de proponer un proyecto, o al menos una idea, no les queda más que hacer críticas a los logros que en materia de política internacional hemos alcanzado en la última década. Las críticas son consecuencia de una oposición que no tiene proyecto ni liderazgo, de una oposición cipaya que depende de las instrucciones que desde el imperio le dan. Por eso critican lo logros del gobierno revolucionario.
La respuesta de Martínez Mendoza, quien se desempeñó como secretario privado de Chávez y residió en la Argentina entre 1989 y 1991 –período en el que asistió a la Escuela Superior de Guerra del Ejército– apunta a los grupos políticos y económicos que dominaron la escena venezolana desde la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958 hasta la rebelión del ’92. Poco más de tres décadas en la que se alternaron en el poder la Acción Democrática y la Copei, período que encontró un punto de inflexión en la explosión social de febrero del ’89 que se conoció como Caracazo.

–¿Cuál diría que es el mayor logro del proceso político que se abrió con la rebelión del ’92 y que encontró cauce institucional a partir del triunfo electoral de Chávez en el ’98?
’Entre los muchos logros, uno fundamental, y creo que se está logrando en todo nuestro continente, es haber ganado independencia para adoptar las decisiones que más nos convienen. Hoy, podemos decir que estamos actuando en forma soberana; algo que no se puede decir que ocurriera en otras épocas, en otras circunstancias. Esta independencia se expresa también en el plano internacional. Eso es producto de un país, de un gobierno y de una revolución que tienen una visión amplia de las relaciones que se deben establecer. Siempre en términos del respeto mutuo y de la cooperación; dando la posibilidad a que cada quien se manifieste y tenga autodeterminación. Hemos sido garantes de esta posición en todos los foros en los que actúa mi país.

Eleción clave. Martínez Mendoza recuerda que la “rebelión dignidad” (N. d. R.: así llamó el presidente Chávez a la asonada de febrero del ’92) lo encontró en la comandancia de una unidad militar en el estado de Tachira, en la frontera con Colombia. Casi de inmediato fue detenido y cinco días después destituido. El ahora embajador recuerda como “años difíciles” el período que se abrió desde la amnistía del ’94, concedida por el entonces presidente socialcristiano Rafael Caldera, y la asunción de Chávez en el ’99. “En Venezuela hemos planteado una alternativa ante un capitalismo en crisis. No es, como dicen algunos, que pensemos que el capitalismo se va a caer mañana o pasado mañana. No señor. Es muy claro que no. Lo que estamos marcando es un camino de vanguardia. En la elección presidencial del próximo 7 de octubre, seguramente, vamos a ver la expresión de un pueblo que no quiere poner en riesgo lo logrado en los últimos años”, afirma Martínez Mendoza.

–¿Qué significaría un triunfo del oficialismo?
–En lo interno abrirá la posibilidad de profundizar la revolución en la que estamos empeñados. Eso está contenido en el plan estratégico que presentó el presidente Chávez, donde se subraya como un objetivo fundamental la reducción de la pobreza y la industrialización. El resultado de la elección le dirá al mundo cuál es la postura real de un pueblo que sabe que ha logrado derechos fundamentales con la revolución bolivariana y que no está dispuesto a entregar esos derechos a quienes ni siquiera han sido capaces de presentar alternativas, o que si tienen proyectos son lo de un capitalismo en declive, de un capitalismo inmerso en un proceso de crisis profunda.

Factor de equilibrio. “Hay un dato que se ha venido repitiendo, pero que quiero subrayar: el ingreso de Venezuela coloca al Mercosur como la quinta economía del mundo. Eso nos da una gran fortaleza, nos otorga la capacidad para actuar en conjunto en el plano económico y de conseguir decisiones políticas que permitan la constitución de un mundo multipolar”, afirma Martínez Mendoza.

–¿Entiende que su país puede aportar un punto de equilibrio hacia el interior del Mercosur?
–Le abre opciones a Paraguay y Uruguay, que son dos economías más chicas que las de Brasil y Argentina. Es un elemento fundamental que nos permite ver con optimismo el rol de Venezuela. De hecho, parte de las instrucciones que el presidente Chávez ha dado en el marco de este proceso apuntan a que, ya como miembro pleno, ayudemos a reducir las asimetrías.

–¿Cómo repercute en el plano de la Unasur el ingreso de Venezuela? ¿Consolida un subloque?
–Los esquemas que se están trabajando no son de competencia. Son de complementación. Es importante entenderlo. El Mercosur debe ser el eje vertebral que una a las economías de la región. Su éxito, seguramente, fortalecerá a la Unasur. Que Venezuela se haya sumado abre la perspectiva a que otros países lo hagan. El Mercosur debe actuar en forma articulada con los otros procesos de integración regional, como son el Alba y la Celac.

–Apelo a su condición de militar. ¿Qué supone la integración de Venezuela en términos de defensa regional?
–En la tradición constitutiva del Mercosur hubo conversaciones en este sentido. Hacia principios de los años ’90 se habló del tema. Incluso se creó un espacio específico. Hoy, ese espacio está en el marco de la Unasur. Y está bien que así sea, porque se trata del espacio político fundamental a nivel continental. Más allá de esta consideración, el Mercosur también permite una visión integral de un sistema de seguridad y defensa regionales. Puede ser una herramienta. Siempre sobre la base de la cooperación...

–¿En qué sentido puede ser una herramienta?
–Porque permite evaluar y adecuar nuestros procesos industriales en el área. Podemos integrarlos para continuar desarrollando un sector industrial muy importante que Brasil y Argentina, y en menor escala el resto de los socios, ya tienen. El tema aeronáutico, la cuestión satelital, hay muchos temas.

–¿Cómo evalúa la situación de Paraguay?
–Venezuela tiene una posición clara: hubo un golpe de Estado, aunque le hayan querido dar visos de constitucionalidad. Un proceso muy similar al que se dio en Honduras. El tema se ha tratado en el Mercosur, en la Unasur y en los demás anillos de integración. La suspensión debe seguir hasta que se restituya el hilo democrático mediante elecciones. Lo que debe quedar claro es que nuestra posición nunca ha sido contra al pueblo paraguayo, sino contra quienes usurparon y desconocieron la legitimidad de un gobernante.

Miradas al Sur - 12 de agosto de 2012