China y el avance contra la pobreza

Néstor Restivo * (Especial para sitio IADE-RE) | Alrededor de 800 millones de personas dejaron de ser pobres desde la reforma de 1979. El director Nacional del Banco Mundial para China, Mongolia y Corea, Bert Hofman, reportó que en 1981-2015, China logró “la tasa más rápida de reducción de la pobreza jamás registrada en la historia de la humanidad”.

Ningde es una de las nueve prefecturas de la provincia china de Fujian, y aunque la enorme mayoría de los argentinos seguramente nunca escuchó su nombre, es probable que de allí hayan llegado a nuestro país cientos o miles de trabajadores rurales que hoy atienden los supermercados chinos que ocupan un lugar bastante habitual de nuestra cotidianeidad, no sólo en Buenos Aires, donde más abundan. De hecho, más de dos tercios de los inmigrantes chinos en Argentina son fujianeses.

Ningde es la prefectura (equivalente al partido o distrito nuestro) que está más al Noreste de Fujian, recostada sobre el Mar del Sur de China; justo frente a Taiwán, la isla que la República Popular China reclama propia. Las montañas que están al Oeste de la provincia hicieron que a lo largo de la milenaria historia del país asiático esa región estuviera algo aislada. Y así estuvo, también, del inicio de la reciente modernización china, la que comenzó hace exactamente cuarenta años, durante el mandato nacional de Deng Xiaoping.

Se trata de un territorio más bien rural, que hasta hace pocos años vivía básicamente del cultivo de las hojas de té y  la fruta lichi y la pesca artesanal. Era bastante pobre cuando el actual presidente chino, Xi Jinping, la recorrió junto al resto de las zonas de Fujian en 1988 para empezar a dar forma a lo que sería, ya en su presidencia, una de sus obsesiones centrales y ejes clave de lo que ha llamado “el Sueño Chino”: atacar la pobreza y erradicar la pobreza extrema.

En septiembre de 1988, Xi escribió: “Las regiones pobres no deben tener ideales pobres. ‘Estar en paz con nuestro destino’, ‘encontrar satisfacción en la pobreza’, ‘esperar por ayuda del gobierno’, ‘depender de asignaciones financieras’, ‘solicitar subsidios para menguar la pobreza’, ‘culpar a quien sea, menos a nosotros mismos’, todos estos conceptos deben ser arrojados a la basura”.

Al entender que el Estado es el que conduce el proceso económico y la lucha contra la pobreza y por la erradicación de la indigencia, no es que cuando llegó al gobierno en Xi su administración hubiera abdicado de dar subsidios y asignaciones allí donde hagan falta, con una intervención estatal directa, sino que ha enfatizado, cada vez más, la necesidad de que el peso mayor en la tarea sea la capacitación de la gente pobre. Cuando muchos de ellos han sido ancianos, lo cual por cierto ocupó un porcentaje muy grande de las personas que fueron sacadas de su condición de pobres, cerca de dos tercios, o casos especiales de necesidad, la ayuda directa operó más. Pero, en general, se busca lo que ya señalaba hace muchos siglos Mencio, el más célebre de los discípulos de Confucio: “Deseo pescado, y también deseo tener las garras de oso. Si no puedo tener los dos, entonces renunciaré al pescado y tomaré las garras del oso”. La cita la usó el propio Xi como lema en su gira por Fujian (provincia de la que luego fue gobernador), igual que suele hacer con cantidad de frases clásicas de la milenaria cultura de su pueblo. Y en la Argentina también nos resulta familiar en la que afirma: “es mejor enseñar a pescar que regalar pescado”.

Xi llegó a la cima del Partido Comunista de China -que este 2019 cumplirá 70 años en el poder- en 2012, y en 2013 a la presidencia del país. Continuó una línea de trabajo iniciada con el proceso de Reforma y Apertura de Deng y, por lo tanto, en el hecho irrefutable de que quien conduce el proceso de desarrollo es el Estado. Aquí debe señalarse que, más allá del giro abrupto que Deng y sus sucesores dieron a la economía y a la sociedad china, se apoyaron en logros indiscutibles del anterior período de Mao Zedong, como la masiva alfabetización del pueblo, la duplicación de la esperanza de vida, un PBI industrial que ya había crecido 38 veces, una industria pesada 90 veces mayor a la que encontró la Revolución de 1949 y la recuperación del orgullo nacional.

El rol estatal en la conducción, diseño y planificación del ciclo económico es la caracterización principal del modelo chino, no el hecho de que sea “capitalista”, como algunos analistas occidentales postulan. No participamos de la idea que China sea apenas un “capitalismo de Estado”. Como ha escrito el italiano Gianni Arrighi, puede haber muchos capitalistas en China, que por cierto ha absorbido postulados de ese sistema como de tantos otros en materia económica o también cultural, religioso, político; pero en la medida que esos capitalistas no controlen el Estado, no sería correcto decir que China es capitalista. El gobierno llama a su experiencia “socialismo con características chinas”. No es fácil ni sencillo que dirigentes y académicos chinos definan con precisión cuáles son esas características pero, en todo caso nos parece, asumiendo que aún no se ha llegado al ideal socialista, que esa definición se ajusta más a la realidad que la de “capitalista”. O que en tal caso hay mucha hibridez en Oriente como para que desde Occidente saquemos conclusiones finales.

Hay otras visiones que afirman que el enorme apego de los chinos al mercado los hace capitalistas. Esa idea absurda es menos compleja de rebatir: el mercado existe en China, y en la humanidad, desde hace miles de años, mucho, muchísimo antes de que el capitalismo le diera una modalidad específica y se apropiara del concepto, como ha hecho con varios más, por ejemplo, el de democracia. Finalmente, tanto Deng como Xi y otros líderes chinos siempre fueron conscientes de que socialismo y pobreza son conceptos contradictorios.

Junto con Gustavo Ng, con quien compartimos la dirección periodística de la revista y el portal de noticias DangDai (www.dangdai.com.ar) sobre las relaciones entre la Argentina y China, hemos venido investigando el programa contra la pobreza en varios viajes a China, entre otros lugares a regiones como a las de Qinhai, Gansu y Xinjiang, en el Oeste chino. Y a la vez hemos mantenido entrevistas con académicos de la Academia de Ciencias Sociales de China, el Instituto de Estudios Latinoamericanos de Beijing, y universidades como las de Beijing Normal, de Estudios Laborales de la misma capital, de Shanghai, de Estudios Internacionales de Shanghai, los institutos de Desarrollo Rural y de Distribución de la Renta o la Academia de Estudios de China Contemporánea y el Mundo.

Antes de sintetizar algunos aspectos del programa en base a esa recopilación de testimonios, conviene detenerse en las cifras del Banco Mundial.

Puede haber cualquier opinión acerca de China y su modelo, pero es imposible no admirarse con asombro ante ellas, que además se han dado en el país más poblado del mundo, casi 1.400 millones de personas. Alrededor de 800 millones de personas dejaron de ser pobres desde la reforma de 1979. El director Nacional del Banco Mundial para China, Mongolia y Corea, Bert Hofman, reportó que en 1981-2015, China logró “la tasa más rápida de reducción de la pobreza jamás registrada en la historia de la humanidad”.

Según las estadísticas del organismo multilateral, entre 1981 y 2011, la población mundial considerada indigente o pobre extrema (lo que el BM cuantifica en vivir con menos de 1,25 dólares al día) disminuyó de 1.938 a 1.011 millones. En el mismo período de tiempo, China lo hizo de 838 a 84 millones entre su propia población. Por lo tanto, contribuyó con el mayor aporte a la baja mundial de pobres.

En su actual plan quinquenal, el gobierno central con base en Beijing tiene como objetivo erradicar la pobreza absoluta para el año 2020, antesala del centenario de la fundación del PCCh. En 2016, esa franja del pueblo chino superaba los 43 millones de personas, mayormente habitantes de áreas fronterizas, con infraestructura deficiente, condiciones ambientales frágiles y frecuentes desastres naturales. Los especialistas chinos nos admitieron que la fase más difícil de la misión es la final, cuando la población que se tiene como objetivo baja a cifras de un solo dígito. El país necesitaría sacar a más de 10 millones de personas de la pobreza por año para cumplir con su cometido, o sea, casi un millón de personas por mes.

Eso es mucho si se tiene en cuenta que fue en cada uno de los cinco últimos años, y no en cada año,  cuando China logró un recorte de 10 millones de pobres promedio.

La tasa total de pobreza absoluta bajó de 10,2 por ciento en 2012 a 3,1 por ciento en 2017. De acuerdo con la Oficina del Grupo Dirigente de Reducción de Pobreza y Desarrollo del Consejo de Estado, se trata de 13 millones de personas.

La economía actual china atraviesa una etapa llamada de “Nueva Normalidad”, con un PIB que se expande a menor ritmo que el 10% promedio de los primeros 35 años de la Reforma y Apertura, pero a un sostenido 6 a 7 por ciento anual (lo cual, dicho sea de paso, sobre un producto mucho más grande que el de los primeros años de ese proceso, agrega cada año en términos absolutos mucho más valor a la economía china y global). El mayor peso en el PIB, por otra parte, ahora lo tiene el mercado interno, la urbanización y el auge de clases medias también a tasas récord para la historia humana, en lugar de tener como principales motores, como al principio del ciclo, a exportaciones e inversiones.

Cuando asumió la secretaría general del Partido, en 2012, Xi hizo una gira por las 14 áreas más afectadas por la pobreza. Si se abandonan las áreas rurales empobrecidas, dijo entonces, “China no tendrá la sociedad moderadamente próspera”, meta emblema del actual período.

El líder chino ha centralizado más el poder que todos sus antecesores desde Deng y sabe que debe conducir una transición económica y social difícil. La reconversión de la economía, el rol creciente del sector privado, las diferencias entre regiones (más desarrolladas al Este, menos al Oeste) y sociales (brecha creciente ricos y clase media y pobres), el impacto ambiental que supuso el inédito desarrollo chino en estas cuatro últimas décadas; pero también en materia exterior la rivalidad con Estados Unidos y sus aliados del Asia Pacífico, las crecientes inversiones chinas en el mundo entero o las responsabilidades de Beijing en cuestiones de la llamada “gobernanza global”, ponen a Xi y al PCCh ante desafíos inéditos. La búsqueda de una mayor centralidad de las decisiones –la reforma constitucional del año pasado- tendría que ver con ello. Y sin dejar de atender todos esos frentes, el gobierno avanza en forma constante con la lucha contra la pobreza, en el marco de la idea central del desarrollo económico. Si hacia afuera la Iniciativa Una Franja Una Ruta (o Nueva Ruta de la Seda) es la de más relevancia, hacia adentro es el cometido de acabar con la indigencia.

Ya por aquellos años de fines de la década de 1980, cuando pasaba revista a Ningde, el actual presidente sostenía: “El desarrollo económico es nuestro tema primario y la economía no se puede desarrollar si no tenemos eso en mente día y noche”. Como se sabe, el PIB chino fue superando etapas y hoy es el segundo más grande del mundo (ver ese fenomenal crecimiento comparativo en https://www.youtube.com/watch?v=DfQEqVSRWaE).

El director del Centro Nacional de Capacitación y Comunicación para el Alivio de la Pobreza de China, Chengwei Huang, marcó como claves del programa contra la pobreza un crecimiento económico sostenido con políticas que favorecieron a las regiones y a la gente carenciadas, así como integrar esa lucha en la estrategia nacional de desarrollo, implementándose planes de alivio de la pobreza a gran escala con programas específicos para mujeres, niños, personas discapacitadas y minorías étnicas. También mencionó un enfoque equilibrado entre áreas urbanas y rurales, la promoción de la capacidad de las personas pobres para ayudarse a sí mismas, la infraestructura (caminos, agua, saneamiento, electrificación, suministro de gas natural y vivienda), la asignación de recursos tanto públicos como privados y la creación de redes de seguridad social.

En 2017 el gobierno lanzó Global Poverty Reduction & Inclusive Growth (ver www.case.iprcc.org.cn), base de datos de casos de reducción de la pobreza, para compartir enfoques y soluciones innovadoras y exitosas de China, como aporte a la lucha mundial contra la pobreza.

En nuestra propia investigación observamos que hay un abordaje integral y multidisciplinario del plan, que luego de la meta esperada para 2020 espera dar otro salto en la erradicación más amplia posible de la pobreza para 2049, centenario del triunfo de la Revolución e instalación de la República Popular por Mao, para cuando se espera que China presente estándares de vida similares a los actuales en los países más avanzados. Eso significa que el programa articula temas de salud, educación, empleo, vivienda, infraestructura, finanzas y desarrollo industrial, y que en los planes de capacitación, enseñanza de idioma mandarín a minorías étnicas y obras de infraestructura para movilizar la producción y sacarla de la mera subsistencia están comprometidos ministerios, organismos, cuadros partidarios, estudiantes y empresas estatales y privadas, como Heng Da y Tai Pu, de suministros eléctricos y agroquímicos respectivamente, ambas trabajando en la provincia sureña de Guizhou, entre muchos otros ejemplos.

En cuanto a algunos casos de éxito concretados en regiones tan disímiles como la Región Autónoma del Tíbet o las provincias de Sichuan o Yunnan,  todas del centro y el suroeste y con terrenos áridos y muy montañosas, además de remotas de los centros urbanos más desarrollados sobre la costa del Pacífico, las autoridades y los cuadros partidarios y técnicos capacitan en superar las labores de pura subsistencia para pasar a producir excedentes para el mercado, así como la construcción de obras de infraestructura para poder colocarlos allí (carreteras, centros de acopio, puentes, túneles, etc.). Las actividades son muy disímiles y pueden ir desde la enseñanza de oficios de pueblos (guías turísticos, criaderos de ganado, peluqueros) hasta más complejos, como producir y aun aprender a instalar dispositivos de paneles solares en sus hogares, pero también con un plus para vender en otras partes de China o del mundo, o sembrar y cosechar productos orgánicos que puedan consumirse y también venderse a través de la venta electrónica mediante redes vía celulares, un furor en China.

Todos los académicos entrevistados también aludieron al giro desde un primer momento de subsidios directos (uno de ellos también criticó aspectos de corrupción en ese mecanismo, otro tópico contra el cual el gobierno actual ha avanzado decididamente) al posterior del apoyo indirecto por la vía de capacitación. Y un investigador argentino en la Universidad de Shanghai, que con el CONICET han formado el CIMI (Centro Investigación Mixto Internacional “Globalización y Sociedad”), Martín Rozengardt, añade para nuestra investigación otros cambios más o menos recientes en el programa de lucha contra la pobreza. Uno, dice, fue el giro, hacia 2003, del manejo principal en manos de gobiernos locales por parte de un mayor control del gobierno central. Y otro, que en la década de 1990  los programas sociales estaban dedicados a contener los nuevos sujetos sociales que iban a ser desplazados por el nuevo paradigma de la economía de mercado y la intención de desarmar la danwei (unidad de trabajo) como eje de la organización de la sociedad en zonas urbanas. Como hubo desplazados laborales y más jubilados, el establecimiento de algunos criterios "mínimos" de estándares de vida (como el Minimum Living Standar Scheme, que comenzó en Shanghai en 1993, luego expandido a nivel nacional entre 1997 y 1998) provocó algunas modificaciones en los programas de alivio a la pobreza tras los cambios sobre la colectivización de las zonas rurales. En ambos casos, la incorporación de cientos de millones de personas como migrantes internos y los procesos de urbanización provocó la necesidad de ir actualizando en forma permanente el diseño de los programas sociales contra la pobreza.

Falta mucho todavía en China para el logro de sus objetivos. Pero los éxitos son ampliamente reconocidos. Tanto que el director de la Oficina a cargo en Beijing, Liu Yongfu, ha escrito que esa política “demostrará la superioridad” del modelo chino de “socialismo con peculiaridades chinas” sobre los liberal–democráticos occidentales, y que las metas de 2030 anunciadas por la ONU y no cumplidas por casi ningún país salvo China se alcanzarán “10 años antes”.

 

 * Licenciado en Historia (UBA) y periodista. Director periodístico de la revista DangDai y el portal de noticias www.dangdai.com.ar. Autor de los libros “China: el aliado inesperado. Presente y futuro de las relaciones entre Argentina y la República Popular China” (Editorial de la Universidad Nacional de Villa María, Córdoba, 2015), y, en coautoría con Gustavo Ng, de “Todo lo que necesitás saber sobre China” (Editorial Paidós, Buenos Aires, 2016), además de numerosos artículos sobre China en diversos medios | 15-01-2019.

 

Bibliografía y notas consultadas

- Arrighi, Giovanni. “Adam Smith en Pekín. Orígenes y fundamentos del siglo XXI”. Akal, Madrid, 2007.

- Liu, Yongfu. Editorial en China Quaterly, Vol. IV, 2017, Beijing.

- Meisner, Maurice. “La China de Mao y después. Una historia de la República Popular”. Comunicarte. Córdoba, 2007.

- Xi, Jinping. “Librarse de la pobreza”, Ediciones en Lenguas Extranjeras y Ediciones del Pueblo de Fujian, Beijing, 2018.

- Restivo, Néstor. “Cómo hace China para combatir la pobreza extrema. Hoja de ruta”, Página 12, 26 de agosto de 2018, rescatado de https://www.pagina12.com.ar/137726-hoja-de-ruta

- Restivo, Néstor, y Ng, Gustavo, “La hazaña de acabar con la pobreza en China”, en Revista DangDai N° 22, otoño de 2018, rescatado de http://dangdai.com.ar/joomla/index.php?option=com_content&view=article&id=9748:la-hazana-de-acabar-con-la-pobreza-en-china&catid=7:sociedad&Itemid=14

- Restivo, Néstor, y Ng, Gustavo, “Hacia el fin de la pobreza extrema en China”, Diario Clarín, 28 de noviembre de 2018.

- Schell, Orville, y Delury, John. “Wealth and power. China’s long march to the Twenty-First Century”. Random House, Nueva York, 2013.

- https://www.youtube.com/watch?v=DfQEqVSRWaE

- www. case.iprcc.org.cn

- www.worldbank.org