Bancos de España: ¿todos estaban ciegos?

THE NEW YORK TIMES
Optimistas banqueros hispanos ocuparon altos roles en el FMI, sin alertar sobre la debacle que se estaba gestando en su país. Mientras España marchaba hacia una crisis inmobiliaria y bancaria que llevó al salvataje de sus bancos, dirigentes financieros españoles que ocuparon altos cargos hicieron la vista gorda a las inquietudes de que algo podría estar poniéndose muy mal. El optimismo de los banqueros centrales de España que pasaron a altos cargos en el FMI se parece a la actitud de los funcionarios de EE.UU. que subestimaron años atrás la fuerza de un colapso inmobiliario que iba a paralizar a la banca y a la economía. Y pone de relieve lo complicado de que funcionarios de países asuman roles de supervisión en organismos internacionales que deben evaluar las políticas que ellos previamente condujeron.

Ahora los problemas de España se han vuelto centrales para los problemas de Europa (y son un potencial riesgo para el resto del mundo, según previene Paul Krugman en página 4). El mayor prestamista hipotecario del país quebró, y Europa pugna por impedir que el ahondamiento de la crisis se expanda a todo el continente.

“El FMI debería decirles cosas desagradables a los países para que se reformen”, dijo Jonathan Tepper, de Variant Perception, firma de investigaciones que en 2009 emitió uno de los primeros informes alarmantes sobre España.

Desde sus encumbrados cargos, primero en el Central español y luego como altos ejecutivos del FMI que evalúan el riesgo bancario en el mundo, Jose Viñals y Jaime Caruana estaban bien posicionados para hacer sonar las alarmas sobre la debacle bancaria en ciernes.

Pero en una conferencia de prensa en abril de 2010, cuando los analistas ya agitaban banderas rojas sobre la morosidad de los créditos inmobiliarios en España, Viñals –que había sucedido un año antes a Caruana– tranquilizó. Dijo que el sistema bancario español estaba “fundamentalmente sano” y que sus necesidades de dinero eran “muy pequeñas”.

Un año más tarde, la crisis bancaria daba pocos signos de mejorar. Viñals, una vez más, llamó a la calma y dijo que el pánico que condujo a los rescates de Irlanda y Portugal no iba a infectar a España. Ahora que el quebranto de Bankia detonó un rescate europeo de 100.000 millones de euros, resulta evidente que los pronósticos de Viñals pecaban de optimismo.

Caruana tampoco tuvo mejor vista. En una conferencia de prensa del FMI en julio de 2008 admitió que podría haber pérdidas con los préstamos. Pero dijo que “el sistema financiero español está en condiciones de afrontarlo y está adecuadamente capitalizado”.

No es que el FMI no prestara atención. Bajo la dirección de Caruana y luego de Viñals, los economistas del organismo produjeron miles de páginas de análisis que daban un panorama de la situación bancaria española.

El FMI dice que no es un regulador y que sus economistas y funcionarios advirtieron tempranamente la necesidad de que España y Europa encararan sus problemas bancarios.

Cuando evaluaba los riesgos financieros del mundo, Viñals señaló los desafíos de las Cajas, y apoyó los intentos de sus ex colegas del Banco de España de ordenar el sector (tales como la fusión de siete cajas para formar Bankia en 2010), aunque les pidió más celeridad.

Por cierto, los funcionarios españoles tardaron en reconocer la profundidad de los problemas.

A comienzos de mayo, Rodrigo Rato, por entonces el CEO de Bankia, dijo que el banco estaba en una situación de “gran robustez, tanto en solvencia como en liquidez”. Y días después, cuando la entidad era rescatada, el ministro de Economía de España pronosticaba que no iban a hacer falta más de 15.000 millones de euros de fondos públicos para sanear los bancos.

Caruana y Viñals –que no quisieron hacer comentarios para esta nota– no fueron los únicos funcionarios públicos que hicieron el tránsito entre Madrid y el FMI.

El más encumbrado, por cierto, fue Rato, ahora conocido por su desastrosos dos años de conducción de Bankia. En 2004, fue nombrado para dirigir el FMI después de haber ganado reconocimiento durante los ocho años en que, como primer ministro de España, condujo el pujante crecimiento del país.

En sus tres años en el Fondo, Rato fue famoso por elogiar el milagro económico de España, milagro que dependió mucho de los ingresos procedentes del sector inmobiliario para impulsar el crecimiento y equilibrar los balances.

Se consideraba el padre intelectual de ese milagro, como lo explicitó en un discurso del 2004, cuando dijo que sus reformas habían marcado “una nueva era en política económica” para España.

La carrera ascendente de Caruana no ha cesado. Después de tres años en el FMI asumió en una de las frutillas de la dirección del sistema financiero mundial: jefe ejecutivo del BIS, el organismo regulatorio de Basilea que opera como un foro de los bancos centrales del mundo. Viñals continúa supervisando el riesgo bancario y financiero global en el FMI.

Clarin - 1 de julio del 2012