Argentina: qué es una "interna" y por qué amenaza ahora al partido de Mauricio Macri

Daniel Pardo


Las divisiones son comunes en todas las coaliciones políticas, pero quizá en ninguna parte las grietas se noten de manera tan transparente y revoltosa como en Argentina.

Este martes, Elisa Carrió, una de las aliadas políticas más prominentes del presidente, Mauricio Macri, pidió al Congreso un juicio político contra el ministro de Justicia, Germán Garavano, por haber dicho que "nunca es bueno que un expresidente esté detenido", en referencia a los casos de Carlos Menem y Cristina Kirchner.

Con esto, por primera vez quedó al descubierto una disputa en la coalición oficialista, Cambiemos. Y ahora solo se habla en el mundillo político de "la interna del gobierno".

"Interna" es como se define en Argentina un choque entre actores del mismo bando.

Pasa en cualquier parte, es cierto. Pero acá no solo ocurre en política, sino en el club, en el edificio, en los grupos de padres y madres de los colegios. Siempre hay "una interna": siempre hay una disidencia, una teoría de conspiración, un grupo que se desmarca del poder sin separarse totalmente del mismo.

"Es paradójico, o quizá una cosa fruto de la otra, pero los argentinos tienen una gran capacidad de asociarse al tiempo que de disgregarse en pequeños bandos", escribe el antropólogo Alejandro Grimson en su libro "Mitomanías Argentinas".

Según Salvemos al Fútbol, una organización civil, de las 135 muertes que hubo en riñas de barras bravas en los últimos 18 años, un 40% fue por choques entre hinchas del mismo equipo. Por internas.

La interna más famosa y cruenta de la política argentina ocurrió el 19 de julio de 1973, cuando el general Juan Domingo Perón volvió al país después de 18 años de exilio y fue recibido por un duro enfrentamiento entre sus simpatizantes que dejó al menos 13 muertos, cientos de heridos. Hoy se conoce como la "masacre de Ezeiza".

Pero estas son excepciones: en general, las internas se viven al rojo vivo, pero se quedan en la violencia verbal.

El peronismo como padre de la política

José Eduardo Jorge, profesor de comunicación y política de la Universidad de la Plata, es experto en cultura política.

Según él, la historia política argentina en los últimos 100 años ha estado marcada por momentos de fragmentación o, al contrario, de grandes hegemonías.

A diferencia de otros países de la región, Argentina como nación no tiene un mito fundacional claro y su vínculo con el pasado precolombino es prácticamente nulo, por lo que sus símbolos nacionales —Evita, Maradona, el tango— son recientes y se viven de manera ferviente y contenciosa.

En conversación con BBC Mundo, Jorge hace un recorrido por varios de los ejemplos de fragmentación del poder a través de la historia y explica que casi siempre la disgregación fue producto de las grandes crisis que dejaron los gobiernos absolutistas.

"El sistema político argentino es muy débil —explica— porque los factores de poder, sean éstos militares, empresarios o sindicalistas, suelen ser grupos no políticos que invaden la política".

Barras bravas
Derechos de autor de la imagenAFP - Las barras de poder son uno de los núcleos de poder más importantes de Argentina. Y en ellos la interna es cuestión de todos los días.

"Y esa debilidad —concluye— lo hace proclive a la fragmentación, porque no son partidos programáticos, sino grupos con idolologías muy lábiles".

Por eso es que el peronismo, la corriente política más grande e influyente del país, tiene grupos de derecha e izquierda, moderados y radicales. Por eso es que Cambiemos, la coalición de Macri, incluye a militares y socialdemócratas, a empresarios y sociólogos.

Gabriel Sued cubre el Congreso para el diario "La Nación": su trabajo es, entre otras cosas, describir internas.

"Si tienes 24 peronismos, tienes 24 radicalismos", le dice a BBC Mundo, en referencia a los dos movimientos históricos, el peronismo y la Unión Cívica Radical, y a las 24 provincias, donde en cada una se suelen gestar particulares, opacas y abigarradas luchas de poder. Cada una, pues, tiene su "interna".

Para él, que es politólogo, esa forma dinámica y escurridiza de ejercer la política viene del peronismo, un movimiento que "se piensa desde el poder" (Perón construyó su movimiento desde el Estado) y cuyo mayor impulso, por encima de las disputas ideológicas internas, es estar en el poder.

Peron
Derechos de autor de la imagenAFP - El peronismo, quiéralo o no, es un evento fundacional de la política argentina. Incluso sus opositores tienen que entrar en su lógica para poder ejercer poder.

"No es una organización que se rija por una institucionalidad, sino por un líder, y cuando no hay líder, o cuando no se está en el poder, no hay nadie que la ordene", explica.

Las internas del peronismo, un movimiento populista indescifrable que causa intriga entre los politólogos del mundo, siempre han sido una faceta clave de la política argentina. El escritor Osvaldo Soriano la describió famosamente en su libro "No habrá más pena ni olvido" (1974), que comienza con la denuncia aplastante de una conspiración, de una interna, mientras Perón estaba exiliado: "Tenés infiltrados".

Esta cultura peronista, coinciden los expertos, permeó a toda la sociedad argentina, marcada por una impresionante capacidad de agruparse, pero también de disociarse.

No hay mejor ejemplo que los sindicatos: Argentina es uno de los países con mayor representación sindical del mundo (hay sindicatos de cartoneros, de conserjes, de pizzeros), pero éstos están divididos en cinco centrales sindicales, cada una con subgrupos y disidencias. Cada una con su interna.

Sea en el club del barrio o en el gobierno mismo, el poder en Argentina se ejerce con un círculo de confianza muy pequeño y bajo una sospecha permanente sobre la siguiente movida de tu supuesto aliado.

Muchos, sobre todo en el antiperonismo, dicen que Argentina "es un país mafioso". "Somos descendientes de los italianos", recuerdan.

Lo cierto es que Macri dice querer acabar con esa cultura política.

Sindicalistas argentinos
Derechos de autor de la imagenAFP - Les dicen "los gordos". Son los líderes de las centrales sindicales, expertos en ejercer poder de manera estratégica y fragmentada. Son un actor clave de la política del país.

Macri no es la excepción

Elisa Carrió, que en las encuestas tiene uno de los registros más altos dentro de la coalición oficialista, es considerada una fiel representante de cierto prototipo de argentino: aquel que dice lo que piensa sin pelos en la lengua y que exagera con tal de hacerse entender.

Los analistas coinciden en que su embestida en contra del ministro Garavano es, sobre todo, una puja simbólica en el territorio de lo político, más que una acusación fundamentada en lo jurídico.

Cambiemos llegó al poder como una alternativa diferente a la política tradicional: una organización transparente, de mensaje único, unitaria. "Juntos" es su lema más famoso.

Pero con el tiempo —y, sobre todo, con la crisis económica que dejó la devaluación de hace un mes— llegaron las internas y se hizo evidente que el poder fragmentado está en la raíz de la política argentina.

Hoy, en medio de la crisis, la mayor ventaja de Macri para ser reelegido en 2019 es que el peronismo está dividido entre kirchnerismo y moderados.

Internas, entonces, hay para rato. Y en todos los bandos.

 

BBC - 17 de octubre de 2018