Fue la política y aquí no hay estúpidos

La catástrofe electoral que se desplegó, vasta y contundente, sobre los gobiernos de Mauricio Macri y de María Eugenia Vidal debe ser leída en clave política más que económica. Es cierto que la Argentina fue a las urnas en medio de una crisis fenomenal, que castiga desde hace más de un año con inflación, despidos, desempleo creciente, cierre de empresas y devaluación, pero fue la oferta política opositora atractiva, ordenada y amplia lo que definió las PASO y, con certezas, el camino hacia un nuevo gobierno.

Detrás del disfraz

Los cuatros años económicos de la alianza Cambiemos serán malísimos. Para disimularlos, economistas oficialistas suman los últimos cuatro de CFK para compensar la caída del PIB con derrumbe industrial. Con ese análisis engañoso, hablan de una nueva década pérdida.

Gol en contra

El año pasado confirmó el ocaso del modelo neoliberal financiero que impuso el gobierno de Mauricio Macri desde un comienzo. El endeudamiento masivo del Estado que arrancó en 2016 le permitió avanzar con un programa de distribución regresiva del ingreso, que terminó cayendo por sus propias inconsistencias. El rescate financiero del FMI no alteró esa situación, pero le dio tiempo a la derecha para seguir con su proyecto concentrador de la riqueza.

Hacia un frente social, cívico y patriótico

El Gobierno insiste con que hay un único camino. Y se empeña en proponer un relato excluyente. Sin embargo, cuando la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner aparece, el sistema político argentino se conmueve. Con opiniones a favor o en contra, la discusión pública adquiere otra intensidad. Porque, junto a ella, vuelve fortalecido el otro discurso, aquel que Cambiemos necesita marginar para instaurar su orden de relato único. Entonces, se produce el pasaje de una democracia de baja a otra de alta intensidad. Un tránsito desde un régimen con pretensión de discurso excluyente hacia otro de confrontación entre dos modelos de país.

A 2 años: el balance de la gestión Macri

 

El balance de la primera mitad del gobierno de Cambiemos es contundente como para afirmar que se agravaron los desequilibrios macroeconómicos (principalmente en el sector externo), se avanzó en la redistribución del ingreso en detrimento de los sectores populares (en especial, por la caída del salario real y el empleo) y se consumió una buena parte del desendeudamiento alcanzado en el ciclo kirchnerista.

Argentina 2018: La hegemonía en cuestión

 

A la hora de tratar el tema de la hegemonía en este momento histórico de la sociedad argentina, no creo que sea adecuado exponerlo como la conformación de una “nueva hegemonía”, radicalmente distinta de la existente o bien destinada a cubrir el vacío donde no la había. Si partimos en la concepción de las construcciones hegemónicas de la idea de que no pueden partir de otro sitio que de la dominación de una clase que ocupa un lugar fundamental en el progreso económico, no debería haber dudas sobre ello.

Del pánico a la revancha

 

Desde su nacimiento, el PRO fue sumando managers y abogados de negocios desilusionados con la clase política y temerosos de un giro chavista en la Argentina. La intensidad de este temor permite entender la intensidad de la sensación de revancha que el personal del gobierno de Cambiemos expresó públicamente, una vez en el poder, frente a los partidarios del kirchnerismo. Para los managers, esta es la posibilidad de obtener reconocimiento social en un país en el que siempre se sintieron menospreciados. Un fragmento de “La larga marcha de Cambiemos”, de Gabriel Vommaro (Siglo XXI Editores)

Por qué arrasó

En 34 años de democracia hubo tres ciclos políticos: el alfonsinismo, el menemismo y el kirchnerismo. Todos lograron prolongar su poder encabezando la dirección política de fuerzas heterogéneas con una oposición fragmentada. Desde anoche puede hablarse de un cuarto ciclo: el macrismo. Sin los resultados económicos prometidos y atravesando una etapa de conflictividad social, Cambiemos se consolidó en buena parte de la Argentina. Mientras quienes no acuerdan con el gobierno no encuentran ninguna síntesis y respaldan estrategias distintas y diferentes formas de construcción política.