Analgésicos para todos y todas

Carlos Heller


Patricia Bullrich sonríe y muestra ante las cámaras un cartel en el que se destaca en rojo la cifra “1,52 por ciento”. Ese número fue el resultado, para octubre de 2015, del Índice de Precios al Consumidor “Congreso” que, según la entonces oposición, ponderaba un promedio de datos de consultoras privadas. Detrás de Bullrich, se lo ve a Federico Sturzenegger junto a otras y otros legisladores. Fue la puesta en escena de los entonces diputados opositores, de lo que consideraban una situación de inflación descontrolada. 

Ahora bien: en marzo de este año la inflación fue del 4,7 por ciento. Luego de más de tres años, no sólo no la controlaron sino que la triplicaron. 

En el medio, Cambiemos aplicó un fuerte plan recesivo, con un altísimo costo social, pero sin conseguir quebrar la inercia inflacionaria. Macri hizo magia de la mala: logró combinar recesión e inflación en alza. Subieron drásticamente las tasas de interés e implementaron una política monetaria sumamente ortodoxa, entre otras medidas, y la inflación siguió su carrera ascendente. Desde que asumió el gobierno actual, todos los años hubo baja en el consumo. Marzo fue el noveno mes consecutivo con cifras descendentes. Lejos quedó aquella frase pronunciada por el actual jefe de Estado durante su campaña en 2015: “Eliminar la inflación será la cosa más simple que tenga que hacer si soy Presidente”.

En este marco, se anunciaron este miércoles las nuevas medidas económicas. Si se tratara de medicina, deberíamos hablar de un tratamiento con anabólicos. Son iniciativas supuestamente expansivas que buscan atenuar los efectos depresivos del plan que vienen aplicando desde que llegaron al gobierno. Son propuestas cosméticas: no constituyen un cambio de política. Es el mismo proyecto, al que se le agregan algunas medidas de atenuación de daños para llegar en mejores condiciones a las elecciones de octubre. Los anuncios son de corto plazo. El acuerdo de precios de 60 productos de la canasta básica en grandes supermercados concluirá, según el diario La Nación, el 22 de octubre, cinco días antes de las elecciones presidenciales. El congelamiento de tarifas del transporte público, según el mismo medio, durará hasta al menos la primera vuelta electoral. La restricción al aumento de las cuotas de los planes prepagos de los celulares se extenderá hasta septiembre. 

Hay una innovación: al engaño se lo presenta como engaño. Dicen más o menos lo siguiente: ahora implementamos una serie de medidas para atenuar los efectos del ajuste, lograr que nos voten en octubre y, luego de un eventual triunfo, acelerar a fondo las medidas antipopulares, ya sin ningún tipo de políticas de alivio. 

Hay que pasar el invierno y hay que pasar las elecciones. Y luego acelerar. Es lo que el Presidente reconoció frente a Mario Vargas Llosa en la cena anual de la Fundación Libertad. Allí, ante la pregunta del escritor de qué haría si volviera a ganar las elecciones Macri respondió: “Voy a tratar de ir en la misma dirección que estamos lo más rápido posible”. 

Hay, entonces, un plan cosmético para llegar a las elecciones y, luego, un anuncio de aceleración del ajuste. 

Las medidas, además de ser de corto plazo, difícilmente darán resultados. Son como aspirinas para una enfermedad terminal. El acuerdo voluntario de precios, el “pacto de caballeros”, por ejemplo, no cuenta con sistemas de control y de sanción efectivos. La Secretaría de Comercio Interior ha sido debilitada y muchas de sus áreas desmanteladas. Los créditos a los jubilados son a tasas de interés siderales. El congelamiento de tarifas rige para Capital y Gran Buenos Aires y sólo para familias, es decir, estarían excluidas las pymes. Los créditos Procrear, según el anuncio, son sólo 10 mil. 

El gobierno, además, implementa medidas en las que no cree. Lo hace sin convicciones. Son herramientas que extrae de otra caja que no es la propia. Recurre a ellas por extrema necesidad pero no quiere ni sabe utilizarlas. Y, finalmente, tiene problemas de credibilidad. Hay una ley que en general funciona: cada pronóstico errado hace más difícil la creencia en el siguiente. El gobierno, con el tema de la inflación, viene errando desde que asumió. Por eso, enfrenta una crisis de credibilidad. Lo que pronostica ahora tiene el peso negativo de todos los pronósticos equivocados anteriores. 

Con el “plan octubre”, el gobierno le dice a los argentinos y las argentinas: “Síganme, que luego los voy a defraudar”. Es decir, “síganme que luego de las elecciones, si me acompañan, vamos a aplicar las reformas pendientes, entre ellas, los cambios en el sistema previsional y en el mundo laboral”. Nos dice: “vótenme que después los voy a ajustar mucho más. Ahora los aliviamos un poco, un poquito, atenuamos los efectos del ajuste para que no estén tan enojados y crean que el esfuerzo mayor ya está hecho, pero luego vamos a acelerar el ajuste utilizando la legitimidad ganada en las elecciones”. Esa aceleración del ajuste sería necesaria para acceder luego a un futuro de felicidad. Lo peor no pasó, pero ya pasará. 

En esta línea se sitúa el video de más de cuatro minutos protagonizado por el Presidente junto a una familia de clase media baja. Macri reconoce que la inflación no ha sido derrotada y que el presente es doloroso y por eso está allí, en la casa de ellos, para decirles que estas medidas que está anunciando serán un alivio. Entonces, la mujer, con una niña en brazos, muestra comprensión y aceptación. Ante el daño que les causa la fuerte suba de los precios y el ajuste, él les presenta sus “medidas de alivio hasta que las cosas de fondo empiecen a funcionar”. El uso reiterado que tanto el Presidente como sus ministros hicieron de la palabra alivio durante los anuncios, resulta suficiente para señalar que están admitiendo la existencia de un fuerte dolor y agobio social. No dicen que lo peor ya pasó porque no sería verosímil. Dicen que, con esas medidas, los están ayudando a pasar lo peor. Y que habrá un futuro de felicidad, pero para eso hay que persistir en el único camino: el de la profundización del ajuste. Mientras vamos hacia el “futuro” y atravesamos lo peor, el gobierno propone analgésicos para reducir el daño del presente. Es muy probable que estos analgésicos ni siquiera funcionen. 

* Presidente Partido Solidario.

 

Página/12 - 21 de abril de 2019