Saigon Kabul y la debilidad americana

Esteban Actis


La traumática salida de Estados Unidos de Afganistán y las imágenes de la improvisada evacuación del personal diplomático y militar en Kabul frente al avance talibán rápidamente fueron asociadas al descalabro que representó la incursión estadounidense en Vietnam y la caída de Saigón en 1975.

Como señala la popular frase de Mark Twain, la historia no se repite, pero a veces rima. Al igual que en aquella oportunidad, la tesis de la “declinación” de Estados Unidos, o más contundente aún la del fin del “imperio americano”, proliferaron entre distintos analistas y periodistas.

Sin dejar de coincidir en que la forma de la estrepitosa salida representó un duro revés para la administración Biden, afectando la autoridad y la reputación internacional de Estados Unidos como potencia hegemónica, en estas páginas propongo un ejercicio retrospectivo para señalar que al contrario de las tesis declinacionistas, simultáneamente a la debacle en “Kabul” Washington ha movido todo su músculo estratégico/diplomático para fortalecer su influencia geopolítica en el plano global.  

Volvamos a la década del setenta del pasado siglo. La Guerra de Vietnam fue un gran fracaso. Un duro revés para la política exterior y domestica de Estados Unidos. Sin embargo, mientras las tropas estadounidenses eran acorraladas por el Frente Nacional de Liberación y por las Fuerzas Armadas de la República Democrática de Vietnam, la administración Nixon lograba mover los rígidos cimientos del orden de la Guerra Fría: sacar a la República Popular China de la órbita soviética. Si hay que buscar hitos que explican por qué Estados Unidos triunfó en la Guerra Fría, la foto entre Mao Zedong y Richard Nixon (1972) –y el posterior establecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y Pekín en 1974- esta entre uno de ellos. Mientras todos los flashes apuntaban al fracaso de Saigón, pocos podían dimensionar el éxito geopolítico de estrategia consumada de Henry Kissinger.

"Al contrario de las tesis declinacionistas, simultáneamente a la debacle en Kabul Washington ha movido todo su músculo estratégico/diplomático para fortalecer su influencia geopolítica en el plano global"

Volvamos a nuestros días. China ya no como tercero en discordia, sino ahora subido al ring y con los guantes puestos. Ya no en el menú, sino sentado en la mesa. Desde el 2018 venimos argumentando con Nicolás Creus que no estamos frente a una nueva “Guerra Fría”, sino frente a una nueva bipolaridad emergente, con características muy distintas a los tiempos de la Cortina de Hierro. Como bien señaló el internacionalista Fabián Calle, “que el árbol afgano no tape el bosque de la nueva bipolaridad”. A días de la asunción de Joe Biden, el prestigioso analista Arvind Subramanian señalaba que el demócrata “iba a tener que hacer frente a tres temas claves de la política exterior, en orden de importancia, ellos son China, China y China”. Si la zona neurálgica de lucha contra el enemigo asimétrico (el terrorismo) era Medio Oriente, la geografía principal del Great Power Competition (China como poder estatal cada vez más simétrico) se movió al denominado Indo-Pacífico.

En ese contexto, mientras los talibanes avanzaban raudamente por suelo afgano, sigilosa pero decididamente la diplomacia y las burocracias estadounidenses avanzaban por los mares del Indo-Pacífico. El 15 de Septiembre pasado, Estados Unidos, Reino Unido y Australia anunciaron un ambicioso pacto de seguridad para compartir tecnología avanzada de defensa. AUKUS, (Australia-United Kingdom-United States, en inglés) tiene como propósito ayudar a Australia para fortalecer sus capacidades militares en todos sus ámbitos y asegurar –según la percepción de Washington- el libre tránsito del comercio global en el Asia-Pacífico en el cual  circula las dos terceras partes del comercio global. Lo más sustantivo que se conoció del acuerdo es que le permitirá a Australia construir submarinos de propulsión nuclear por primera vez. Volviendo a Subramanian, la alianza entre Washington, Londres y Canberra, tiene tres objetivos, que en orden de importancia son China, China y China. El anuncio se produce en un contexto de mayor presencia de China en los mares de Asia Pacífico, sus inversiones en países del Pacífico sur y el deterioro de la relación entre Pekín y Canberra.

La retirada de Kabul y el anuncio de AUKUS son dos hitos simultáneos que grafican con claridad el desplazamiento del epicentro geográfico de la política exterior de Estados Unidos que por efecto transitivo lleva el corrimiento de la centralidad geopolítica desde Medio Oriente hacia el Indo-Pacífico.  A la par de AUKUS, en los próximos días Biden será anfitrión de la QUAD (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral) foro estratégico informal entre Estados Unidos, Japón, Australia e India. La evolución del foro no solo muestra la rejeraquización del Indo-Pacífico sino las continuidades de la política exterior de Estados Unidos a pesar del cambio de administración. Durante la Cumbre de la ASEAN de 2017, Trump desempolvó una instancia de diálogo creada en 2007 que estaba hibernando y la colocó en el centro del diseño estratégico de Washington en su ofensiva contra China. Biden toma la posta y parece ir all in. En los grandes trazos estratégicos la fórmula no es Trump vs Biden sino una leyenda propia otra plataforma de streaming: American Plus (Trump + Biden)

Uno de los grandes interrogantes en relación a los últimos movimientos diplomáticos de Estados Unidos es la Alianza Atlántica. El mismo día que se anunció AUKUS, el diario japonés Nikkei Asia publicaba un nota en donde indicaba que tuvo acceso a un borrador (no oficial aún) de la Unión Europea titulado “Indo-Pacific strategy document”, en el cual Bruselas hacía hincapié a cuatros puntos clave: i) avanzar en un acuerdo de comercio e inversión con Taiwán; ii) negociar la reducción de dependencia en materia de semiconductores que tiene Europa con Japón, Corea del Sur y Taiwán; iii) trabajar conjuntamente con QUAD; iv) avanzar en alianzas digitales –digital partnerships– con Japón, Corea del Sur y Singapur. Si adicionamos el hecho de que el acuerdo de inversiones que la Unión Europea había firmado con China en diciembre de 2020 ha sido congelado por Bruselas (éxito diplomático de Biden), la famosa pregunta de conductor Matías Martin “Vos, chabón, ¿de qué lado estás?”, parece tener una respuesta clara. 

"En ese contexto, mientras los talibanes avanzaban raudamente por suelo afgano, sigilosa pero decididamente la diplomacia y las burocracias estadounidenses avanzaban por los mares del Indo-Pacífico."

Sin embargo, el profundo malestar francés por enterarse por los periódicos de la creación de AUKUS ha sacudido fuertemente no solo la relación bilateral con Estados Unidos sino también las relaciones transatlánticas. Paris considera el acuerdo un golpe contra una larga estrategia de Francia en el Pacífico sur, que construyeron a lo largo de los años en cooperación con Australia. Asimismo, los aliados europeos se muerden los labios de bronca por ser la segunda en poco tiempo vez –además de la debacle en Afganistán- que Washington no consulta cuestiones sensibles con Europa. Habrá que esperar para saber cuál será la profundidad de la herida. Por lo pronto, el Trade and Technology Council (TTC) entre la Unión Europea y Estados Unidos lanzado en junio pasado con la vista de Biden al viejo continente, queda en stand by. A pesar de los ruidos de la coyuntura, ¿se sumará Europa al enfoque geopolítico que tiene Washington en el Indo-Pacífico para contener la influencia de China?  

Joseph Nye sostiene que una de las mejores cartas que tiene en la mano Estados Unidos en la partida versus China es la geografía. Un país separado por dos grandes océanos y un vecindario (América Latina) mayormente amigable y respetuoso del diseño estratégico hemisférico. Por su parte, Beijing tiene fronteras con catorce países y disputa territoriales con muchos de ellos. El nuevo balance de poder en Asia y un estilo diplomático más asertivo de Xi Jinping (la denominada Wolf Warrior Diplomacy) hacen que muchos vecinos piensan que China, parafraseando nociones propias del ascenso de Estados Unidos como poder interamericano en la primera mitad del siglo XX, pase de una “diplomacia del buen vecino” a la “política del garrote”

"Saigón no representó el inicio de la decadencia americana como muchos analistas pronosticaron hace más de cuatro décadas atrás. Kabul tampoco parece ser el caso. La historia muestra que cuando parece que Estados Unidos está perdiendo poder, en realidad lo está reconvirtiendo.     "

En definitiva, si “billetera mata galán”, un submarino de propulsión nuclear para Australia mata cientos de aviones despegando del aeropuerto de Kabul con ciudadanos estadounidenses apretujados. En el gestante orden bipolar y en el actual momento de geopolitical shift que experimenta el sistema internacional, Estados Unidos parece consolidar poco a poco su influencia para cercar a Beijing en su propio patio trasero.

Saigón no representó el inicio de la decadencia americana como muchos analistas pronosticaron hace más de cuatro décadas atrás. Kabul tampoco parece ser el caso. La tesis continua teniendo más de Whisfull thinking que de solida evidencia empírica. La historia muestra que cuando parece que Estados Unidos está perdiendo poder, en realidad lo está reconvirtiendo. 

 

Revista Panamá - 28 de septiembre de 2021

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