Las taperas

José Cativeyi

¡Triste imagen de nuestros campos refleja la despoblación rural! Donde hubo una chacra habitada, en su gran mayoría, hoy existe una “tapera” o algún “eucaliptus” perdido. Es triste y penosa la realidad actual. Si bien, cuando los sembradíos muestran sus imágenes de un fuerte verde, decimos: ¡Que lindo y florecidos están los campos! Sin mostrar un razonamiento de cómo eran en años pasados. Quienes hoy tenemos algunos cuantos años en nuestras espaldas (digo: con 60, 70 o 80 años, y algunos con más aguante y buena memoria) podemos rememorar con algún comentario vanidoso, opinar sobre esta realidad actual y compararlas con el correr de los años pasados; ¡cómo se transformaron las colonias agrarias! (yo puedo hablar de la mía, donde nací y me crie, que es una radiografía de otras zonas pampeanas).

El cambio fue profundo, doloroso y sensible con la historia del inmigrante. Aquel al que le costó muchos sacrificios, radicarse en un lugar del interior del país (en su gran mayoría lo hizo en la inmensa pampa húmeda) no sólo para adquirir “la tierra y producirla” (que en su mayoría eran parcelas pequeñas o medianas en su extensión, para nada decir la palabra estancia …) por medio de la “colonización que en Argentina se convocaba al inmigrante y por vía de los créditos del Banco Agrícola se hacían las adquisiciones”, pero con todo por hacer, comenzar a construir también ahí su “nido, su chacra, ser el agricultor”, donde viviría en familia y con ella pensar en un futuro promisorio. Los nuevos tiempos, las nuevas épocas del campo argentino han cambiado, y mucho. Hablo de los años 1970 a los ´90. Recuerdo cuando era un pibe, con los 12 a 16 años, y un poco más, tuve la dicha (hoy recordarla en estas líneas con mucha honra) de haber “ayudado a mi padre, a mi hermano”, en tareas diarias de los recordados “tambos de la época”. Donde se hacía a mano, a cielo abierto o bajo un tinglado, algunos ya mecanizados, pocos con piso de cemento, se iniciaba una nueva etapa. La producción (la leche ordeñada) se introducía en el famoso “tacho lechero de 50 Lts.”, de chapa primero y después de aluminio, al que se lo cargaba con un gancho a un solo tirón sobre un acoplado o camión para transportarlos a la fábrica láctea que el tambero seleccionaba a su criterio la entrega de su producción diaria (algunos tamberos con uno o dos ordeñes por día). La “guachera” era mi responsabilidad, hasta que llegó el día de “ordeñar” extrayendo la
leche desde la ubre de la vaca apretando sus pezones. La vaca de raza “Halando Argentino”, lechera por excelencia, que en su trayecto de producción se las iba seleccionando por su rendimiento productivo, su mansedumbre, su estado animal.

A este momento quiero llegar para dejar plasmada mi opinión. En la noche/madrugada, al hacer el encierro de las lecheras al corral del tambo, pegabas una mirada a tu alrededor y veías un “círculo de luces” que marcaban el contorno circular luminoso identificando en el mismo que ahí, en cada una de ellas, estaba posicionada una chacra, un tambo, donde se estaba llevando a cabo un “ordeñe” alumbrado con el histórico “sol de noche – bombitas de 12 wvts encendidas vía un grupo electrógeno, o las primeras luminarias de 220 wvts” (en este último caso, ya era de un chacarero que pudo instalar la electrificación rural). ¡Qué sensación! Mostraba la población de nuestros campos y colonias, con vecindarios muy cercanos uno de otros. Las estaciones de frío o las noches templadas, permitían escuchar algunos gritos o silbidos del tambero llevando a cabo su trabajo apasionado. Ésos fueron los tiempos donde las “chacras estaban habitadas” y las “colonias pobladas” de pequeños o medianos productores chacareros. ¡Había “vida en el campo”!

¡En el campo había muchos empleados rurales! ¡Sus escuelas con buen número de alumnos! Hoy la realidad es muy diferente. Pocos “peones”,” escuelas cerradas o bien con alguna decena de alumnos, peligrando su continuidad”. Campos sin alambrados, muy poco arbolado, y casas de campo que pasaron a ser “las taperas” que en muchos lugares abundan. Todo esto ya es un “símbolo de la realidad actual” de que el pequeño y mediano chacarero ha “cambiado de rumbo”.

Esto lo puedo afirmar. Fue producto de la ausencia de un Estado “activo” que le interesara éste sector en particular, o bien fue cómplice para nunca hacer una “Política Pública Específica” para retener y proteger a ésos hombres forjados por el rudo trabajo del campo, incluida su familia, donde sus hijos fueron emigrando de a poco a los centros urbanos aconsejados por sus padres de que “debían estudiar para buscar nuevos rumbos, nuevos horizontes de trabajo y de vida” porque, aquí en la chacra, se terminaba el futuro.

Las “Políticas Públicas Específicas” para el “chacarero y las economías regionales” siempre fueron muy resistidas por la mayoría de los gobiernos, ya sea de facto o democráticos y también de entidades del sector del campo. Afirmo que sólo hubo una sola entidad que dio resistencia sobre el particular y exigía permanentemente la asistencia de un “Estado presente y sostenedor de los pequeños y medianos productores chacareros” que fue la histórica y gloriosa FEDERACIÓN AGRARIA ARGENTINA (hoy con muchos cambios de sentido dirigencial …). Pero los gobiernos de la época se despreocuparon; no les interesó, no les importaba que siguieran de pie trabajando, menos aun produciendo y desarrollándose.

Y con el día a día, “sin rentabilidad”, ése “Abuelo o Padre” empezaba aconsejar definitivamente a sus hijos y familia hacer la retirada y buscar nuevos horizontes. Así se fueron dando las circunstancias de que ése “colono/chacarero/agricultor”, con mucho dolor dejaron las raíces que recibieron de sus descendientes primarios que habían comprado una vez su “campito” con mucho esfuerzo. Algunos sus chacras fueron vendidas, otras se dieron en arrendamiento. Los tiempos venideros, los actuales en precisión, demuestran que las “pequeñas y medianas explotaciones de tierras” ya no tienen cabida en el ámbito productivo nacional; excepto de qué los pocos que quedan se resisten en una lucha más presente y la política de algún sector diferencial los acompañe en sus peticiones. Hoy, esas pequeñas y medianas tierras de 50, 100, igual que las de 200 o 300 hectáreas “no son competitivas” aun siendo propietario de las mismas y en actividad productiva. “Los números no cierran”, las actividades en estas extensiones de hectáreas pasan a ser “deficitarias como empresas modernas y productivas”.

En cambio, en otros países, en especial en la comunidad europea, serían una importante “potencia productiva y sostenida en el desarrollo de cada una de ellas” ¡Que diferencia verdad! Acá, en Argentina, “ser minifundista es una mala palabra, un castigo improductivo, deficiente y de vida”. Y se dice también: “costoso para el Estado”; en cambio, un “latifundista o propietarios de grandes extensiones de tierra” son los más cuidados, eficientes y protegidos por el Estado. ¡Qué injusticia, verdad! En la actualidad, es una “moneda corriente” la producción en “escalas importantes” y la “concentración de la tierra”. Pasando a ser dominantes de todas las políticas agrarias, los sectores latifundistas y de grandes extensiones de tierra, los agronegocios con sus mesas de dinero junto a las megaempresas. Todo lo “grande les sirve a los gobernantes de turno”; los “pequeños y medianos” son las lacras deficitarias de los gobiernos de turno.

La cara de la moneda (cara o cruz) se dio vuelta. La lucha por aquellos ideales y valores del “Grito de Alcorta” (año 1912 y sucesivos) se dice que “no sirven para los momentos actuales”; reina en las mieles agrarias la otra vieja cara de la moneda que era la del “Terrateniente” que tuvo que vender o colonizar gran parte de sus posesiones. Éstos son los que hoy le “sirven y les interesa al Estado presente para ellos” en tiempos neoliberales.

¡Viva la Patria!

 

Fuente: Bases Federadas - Agosto 2025

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