La economía no se arregla con sermones

Paul Krugman
NUEVA YORK.- ¿La agitación del mercado lo ha llevado a sentir miedo? Está bien. Es claro que la crisis económica que empezó en 2008 no ha terminado en lo absoluto. Pero usted debería sentir también otra emoción: enojo. Porque lo que hoy vemos es lo que ocurre cuando las personas influyentes se dedican a explotar una crisis en vez de resolverla. Durante más de un año y medio -desde que el presidente Barack Obama eligió crear déficits, no empleos, el tema central del discurso sobre el Estado de la Unión de 2010-, hemos tenido una conversación pública dominada por preocupaciones presupuestarias, que ignoraba casi por completo el tema desempleo.

La necesidad supuestamente urgente de reducir los déficits ha dominado tanto el discurso que el lunes, en medio del pánico de los mercados, Obama dedicó casi todos sus comentarios al déficit en lugar de hablar del claro e inminente peligro de una nueva recesión.

Lo que hizo que ese hecho resultara tan extravagante es que los mercados señalaban que el desempleo es nuestro mayor problema. Hay que tener en cuenta que los halcones del déficit suelen advertir que las tasas de interés de la deuda de Estados Unidos podían aumentar; supuestamente, la amenaza del mercado de valores era el motivo por el que debíamos reducir el déficit con urgencia. Pero esa amenaza sigue sin materializarse. Y esta semana, esas tasas de interés tuvieron una rebaja récord.

Lo que el mercado estaba diciendo era esto: "¡Estamos preocupados por la economía!". Porque una economía débil significa tanto bajas tasas de interés como la falta de oportunidades comerciales, lo cual, a su vez, significa que los bonos del gobierno se convierten en una inversión atractiva aun cuando rindan muy poco.

Si la rebaja en la calificación de la deuda estadounidense tuvo algún efecto, fue reforzar los miedos a las políticas de austeridad que debilitarán aún más la economía.

Entonces, ¿cómo fue que el discurso de Washington llegó a estar dominado por el tema equivocado?

Los republicanos de la línea dura han desempeñado un rol importante. Aunque no parece que los déficits los preocupen de verdad, han descubierto que insistir en el tema de los déficits es una manera muy útil de atacar a los programas del gobierno.

Pero nuestro discurso no se hubiera salido tanto de los carriles si otras personas influyentes no hubieran estado ansiosas por desviar el tema de los empleos, aun ante un 9% de desocupación, y por secuestrar la crisis en nombre de agendas preexistentes.

En la página de opinión de cualquier diario importante posiblemente se topará con algún autoproclamado centrista que dice que no hay soluciones de corto plazo para nuestras dificultades económicas, y que lo más responsable es concentrarse en los recortes del sistema de seguridad social y Medicare.

Cuando se tope con esa persona, debe saber que la gente como él son el principal motivo por el que tenemos un problema tan grave.

Porque el asunto es que ahora la economía necesita urgente una solución de corto plazo. Cuando a uno le sangra una herida, necesita un médico que le haga un vendaje, no un médico que le dé un sermón.

Cuando millones de trabajadores capaces y responsables están desempleados, y el potencial económico se desperdicia a un nivel de casi un billón de dólares anuales, uno quiere políticos que trabajen para una rápida recuperación. Desafortunadamente, pronunciar sermones sobre la sustentabilidad fiscal a largo plazo está de moda en Washington.

Cuando nos azotó la crisis y produjo grandes déficits presupuestarios muchos miembros de nuestra elite política se lanzaron sobre esos déficits como excusa para desviar la atención de los empleos y centrarla en su caballito de batalla favorito. Y la economía siguió desangrándose.

¿Qué requeriría una verdadera respuesta a nuestros problemas?

En primer lugar, debería incluir más, y no menos gasto gubernamental, con desempleo masivo y costos crediticios muy bajos, deberíamos estar reconstruyendo nuestras escuelas, nuestros caminos, nuestros sistemas de agua y muchas cosas más.

También requeriría medidas más agresivas para reducir la deuda doméstica por medio de condonación y refinanciación de las hipotecas.

Además de requerir un esfuerzo enorme por parte de la Reserva Federal con el propósito de mantener la economía en marcha, y el deliberado objetivo de generar mayor inflación que pueda aliviar los problemas de deuda.

Los sospechosos de siempre, por supuesto, califican esas ideas de irresponsables. Pero ¿saben qué es verdaderamente irresponsable? Secuestrar el debate sobre la crisis para impulsar las mismas cosas que defendían antes de la crisis, y dejar que la economía siga desangrándose.

La Nación - 13 de agosto de 2011

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