Cristina metalúrgica, el kilómetro cero para fundar un nuevo peronismo

José Cornejo y Horacio Bustingorry

"No hay solución gremial sin solución política” fue la consigna a espaldas del intendente de Pilar, Federico Achaval, el titular de la UOM Abel Furlán y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. De modo evidente, significa que las condiciones de vida de la clase trabajadora argentina no se van a resolver en paritarias. Se necesita de decisiones políticas. Pero hay una fotografía más grande. La del reencuentro del peronismo partidario con su columna vertebral, el movimiento obrero organizado.

Tuvo que pasar mucho para este reencuentro histórico. Posiblemente el nadir, el punto de mayor desencuentro con el sindicalismo, sea el asesinato de Mariano Ferreyra por parte de una patota de la Unión Ferroviaria el 20 de octubre de 2010. Tanto, que a la semana falleció Néstor Kirchner y la misma CFK relacionó los hechos: "Tiene razón mi hijo cuando dice que "la bala que mató a Mariano Ferreyra rozó también el corazón de su papá".

Luego, en la contundente victoria presidencial de 2011, la mayoría de los gremios brillaron por su ausencia. El vínculo continuó deteriorándose durante la tercera presidencia kirchnerista. Y para peor, Hugo Moyano de Camioneros, representante del sector más combativo en los 90s, el MTA, y más afín a Néstor Kirchner en la CGT, terminó en 2015 haciendo campaña para que Mauricio Macri sea presidente.

En el ajedrez enseñan que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Y así la Gestapo gremial que sufrieron los gremios enfrentados al macrismo o a sus patronales, el achicamiento de las plantillas laborales, el desplome del poder adquisitivo hicieron reflexionar a muchos dirigentes. Además, el kirchnerismo hizo su propia autocrítica en la necesidad de ensanchar su base electoral y asociarla a un programa económico (y obrero) concreto. Pero hay dos factores que fueron críticos. Uno: el recambio generacional dentro de la clase trabajadora argentina, es decir, la maduración de los y las jóvenes que entraron a trabajar durante el modelo industrial kirchnerista. Aquí, el dato más sobresaliente es la sucesión en la UOM de Antonio Caló por Abel Furlán.

Furlán, veterano de mil batallas, es la representación de los nuevos dirigentes metalúrgicos. Y dos: los dirigentes gremiales kirchneristas que discutieron sin descanso sobre la importancia de recuperar la columna vertebral del peronismo. Quizás el más sigificativo sea Aníbal Rucci, por el proceso ideológico pero también personal de acercarse a una fuerza política que reivindica en muchos planos el peronismo revolucionario de los 70s.

Por fin, todas las condiciones estaban dadas para que lo mejor del peronismo partidario y el sindical se encuentren. Y serán Máximo Kirchner y Pablo Moyano, en el acto del 17 de octubre de 2022 en Plaza de Mayo los que lo harán público, en un acto de claro corte proletario. 

¿Por qué el punto de inflexión es el acto con la UOM?

La Unión Obrera Metalúrgica fue creada en 1943 por sectores trotskistas que cuestionaban la postura vacilante de la dirigencia metalúrgica integrante del Partido Comunista. Con Perón en la Secretaría de Trabajo y Previsión, la UOM fue asumiendo rápidamente la identidad peronista hasta constituirse en un puntal de los dos primeros gobiernos del General. Durante esos años, el gremio creció en infraestructura y cantidad de afiliados y sostuvo un firme compromiso con las transformaciones socioeconómicas y laborales que se emprendían.

Durante la Fusiladora, los trabajadores metalúrgicos llevaron a cabo el mayor hecho de la resistencia peronista específicamente obrera. A fines de 1956, un módico aumento salarial ofrecido por las patronales del sector derivó en un paro por tiempo indeterminado. Con el gremio intervenido y sin sede física donde reunirse, los trabajadores metalúrgicos debieron soportar las razias policiales en los bares y cafés que oficiaban de sindicatos y la complicidad patronal que expulsaba a sus mejores cuadros de las fábricas.  A los reclamos iniciales, se le sumó la liberación de los detenidos y la reincorporación de los despedidos. Luego de casi un mes y medio de duración finalizó la huelga. Los resultados fueron escasos pero la heroicidad desplegada en el conflicto constituyó un orgullo de la resistencia que perduró muchos años en la memoria peronista. De aquella experiencia saldrían fogueados líderes como Augusto Timoteo Vandor y José Ignacio Rucci.

En 1963, ya con la CGT recuperada, comenzó uno de los momentos más esplendorosos de la central obrera. Con una disciplina notable, el Movimiento Obrero comenzó a enfrentar los planes antipopulares del gobierno de Arturo Illia mediante una serie de tomas escalonadas que totalizó la ocupación de 11.000 fábricas. El dirigente de la UOM Avelino Fernández, por intermedio de la secretaría gremial de la CGT, cumplió un rol clave para el éxito de las medidas, mediante directivas con mensajes cifrados a los diferentes establecimientos que debían plegarse a las medidas de fuerza.

La UOM cumplió también un destacado papel durante el tercer peronismo. Bajo la conducción de Rucci, la CGT impulsó la Ley de Contrato de Trabajo, normativa laboral que sería sancionada en septiembre de 1974. Muchos de sus prerrogativas para el sector Trabajo fueron barridas por la dictadura y, si bien, alguno derechos fueron recuperados en los años kirchneristas, jamás recuperó los niveles de su redacción original. Durante el ocaso del gobierno de Isabel, las 62 Organizaciones denunciaron el lock out golpista de febrero de 1976 impulsado por la Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias. A diferencia del sello de goma que representa en la actualidad, la corriente sindical peronista conducida entonces por Lorenzo Miguel, logró que prácticamente todos los gremios de relevancia repudiasen aquella medida desestabilizadora, antecedente del golpe cívico-militar.

Lorenzo Miguel como líder metalúrgico apoyó la resistencia de Saúl Ubaldini al último tramo de la dictadura y a los planes antiobreros de Raúl Alfonsín. También fue uno de los primeros dirigentes en tomar nota de la traición menemista y participó de los planes de lucha durante el segundo lustro de los 90s. Tras su muerte, Antonio Caló desarrolló una conducción con sombras y luces, tanto en los años kirchneristas como en la etapa macrista. La llegada a la secretaría general de Abel Furlán puso a la UOM en la senda de sus mejores años articulando su actuación política con la máxima líder del peronismo, Cristina Fernández de Kirchner. 

Cristina es conciente del impacto de su regreso a la esfera pública luego del intento de asesinato. La foto es en un estadio repleto de trabajadores sindicalizados y metalúrgicos, con una frase de Lorenzo Miguel a sus espaldas. Rememora una Argentina industrial, cuya consecuencia es este tipo de gremialismo. Con toda su historia y el flamante presente, la UOM puede relanzar CGT con un perfil productivo y no solo de servicios, como ha sido durante la hegemonía de gremios vinculados a ese sector de la economía. Y esa nueva CGT puede apuntalar un peronismo industrial sobre las bases firmes de un movimiento organizado. Los desencuentros que trágicamente dividieron al peronismo en los 70s parecen haber llegado a su fin. Una Argentina industrial es el futuro a construir.

 

Agencia Paco Urondo - Noviembre de 2022

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