Con recesión o sin ella, esta economía apesta

Branko Marcetic


Para los políticos y los medios de comunicación, el gran interrogante de las últimas semanas parece ser si Estados Unidos está técnicamente en recesión o no. Pero para las millones de personas que están luchando el día a día, la pregunta es ¿cuál es la diferencia?

¿Está Estados Unidos en recesión o no? Esa es la gran pregunta que ha obsesionado a Washington las últimas semanas. Pero aquí hay una pregunta mejor: ¿a quién le importa?

Por supuesto, deberíamos preocuparnos profundamente por las crecientes y reales dificultades económicas que están sufriendo los estadounidenses de a pie en estos momentos. Pero ante este sufrimiento, los metadebates sobre si estas condiciones cuentan técnicamente como una recesión o no parecen excesivamente triviales. El hecho es que, haya o no un fuerte crecimiento del empleo, o por poco que se contraiga la economía en este o aquel trimestre, los estadounidenses lo están pasando mal en una economía que se les sigue diciendo que es fuerte.

En realidad, la pobreza está aumentando. Con el aumento de la inflación y el fin de las ayudas federales, a los hogares les resulta de repente mucho más difícil llegar a fin de mes. Desde que el crédito fiscal por hijos —que tanto éxito tuvo— expiró, en diciembre, casi la mitad de los padres que se beneficiaban del programa han declarado tener dificultades para alimentar a sus familias y más del 60% dicen que no pueden pagar las necesidades básicas. La pobreza infantil se disparó algo menos de 5 puntos porcentuales entre diciembre de 2021 y enero de 2022, lo que significa que 3,7 millones de niños más fueron arrojados repentinamente por debajo del umbral de la pobreza.

No se trata solo de hogares con niños: el 54% de las mujeres solteras de edad avanzada y el 45% de los hombres solteros de edad avanzada se consideran pobres o no ganan lo suficiente para pagar lo esencial. El pasado mes de junio, algo menos de dos tercios de los estadounidenses vivían al día, lo que supone un aumento de 4 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

Las cifras de empleo y desempleo pueden ser útiles para los comunicados de prensa de la Casa Blanca, pero no cuentan toda la historia. Consciente de los límites de estas cifras, que no tienen en cuenta el subempleo y los salarios de pobreza, el Instituto Ludwig para la Prosperidad Económica Compartida (LISEP) ha desarrollado una medida diferente del desempleo que tiene en cuenta cuántos trabajadores quieren un trabajo a tiempo completo pero no lo tienen, o ganan menos de unos escasos 20 000 dólares al año (en bruto, es decir, sin contar los impuestos). Según estas medidas, la tasa de desempleo en junio de 2022 era de un 22,1%, más de seis veces superior al 3,6% registrado por la Oficina de Estadísticas Laborales ese mes.

Y las personas que tienen trabajo, mientras tanto, no ganan lo suficiente por ello. Las noticias sobre el aumento de los salarios a menudo ignoran que el coste de todo lo demás también está aumentando, y a un ritmo más rápido del que los bolsillos de los trabajadores pueden seguir. Uno de cada tres trabajadores gana menos de 15 dólares por hora, lo que ya vale bastante menos que cuando se inició la campaña «Fight for $15» hace diez años, mientras que aproximadamente 243 000 trabajadores ganan tan poco como el salario mínimo federal, que ha estado estancado en el mismo nivel insignificante durante trece años, y hoy vale lo menos que ha valido desde hace sesenta años.

A su vez, los estadounidenses tienen cada vez menos capacidad para pagar el precio desorbitado de mantener un techo sobre sus cabezas. El pasado mes de mayo, el precio medio del alquiler en todo Estados Unidos superó los 2000 dólares al mes por primera vez en la historia, tras aumentar un 14,8% respecto al año anterior. Esto significa que solo los hogares que ganan 80 000 dólares al año pagan ahora un alquiler oficialmente «asequible» según los criterios del gobierno. Incluso las casas rodantes han visto dispararse su alquiler, gracias a las empresas de capital privado y otros inversores que las compran como si fueran la gallina de los huevos de oro.

Como resultado, la crisis de los sin techo en Estados Unidos, ya de por sí grave, está empeorando de forma palpable. Los centros de acogida de todo el país están viendo cómo se duplican y triplican las listas de espera, con madres solteras e incluso familias con trabajo cada vez más propensas a pedir ayuda. No se trata solo de un dato anecdótico: ciudades y estados de todo el país registran un aumento.

Al mismo tiempo, los estadounidenses se endeudan cada vez más para mantenerse a flote. El endeudamiento de los hogares va en aumento, y el 43% de los estadounidenses espera hundirse aún más en los próximos meses, en su mayor parte gracias a las hipotecas cada vez más caras, pero en gran parte a través de las tarjetas de crédito. Para muchos, es la única forma de pagar los tratamientos de salud y los problemas médicos, lo que, unido al disfuncional sistema sanitario estadounidense —dominado por los seguros corporativos y que avanza a trompicones sin reformarse—, ha dejado a cien millones de personas con algún tipo de deuda sanitaria en la actualidad.

Cualquier persona sensata leería todo esto y diría que las cifras de empleo y el PIB —que solo nos hablan de la riqueza total de un país en un sistema en el que los que están en la cúspide se llevan una parte masiva de la misma para sí mismos— no dan una imagen muy completa de esta economía. Pero volvemos a estar en territorio conocido. Durante años, Barack Obama señaló las cifras de crecimiento y empleo mientras los ingresos de los estadounidenses caían y se retiraban del mercado laboral. Luego le tocó a Donald Trump presumir de cifras macro que disimulaban lo desigual que era el reparto del botín. Y ahora le toca a Joe Biden.

Así que por supuesto que hay que preguntarse si las cifras apuntan a una recesión o no. Pero sea cual sea la respuesta, millones de personas seguirán endeudándose más, luchando por pagar el alquiler y saltándose comidas para alimentar a sus hijos. Es mejor preguntarse qué puede hacer el gobierno al respecto.

 

Jacobinlat - 6 de agosto de 2022

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