China, la ASEAN y el desafío del reposicionamiento estratégico

Santiago Bustelo


Desde la estructuración de complejas cadenas globales de valor y el surgimiento de nuevos mercados, hasta la presencia de importantes competidores en prácticamente todos los sectores económicos, el ascenso de China y los países del Este asiático en las últimas décadas ha modificado las oportunidades y posibilidades de desarrollo contemporáneas.

En las últimas décadas pocos lugares del planeta han demostrado tanto dinamismo como el Este y Sudeste de Asia. El crecimiento acelerado de esta región, particularmente de China, transformó progresivamente el funcionamiento de la economía mundial, alterando de forma significativa la lógica globalizadora que prevaleció desde el comienzo de la década de 1990 y generando nuevas tendencias pesadas dentro del sistema internacional. 

Desde la estructuración de complejas cadenas globales de valor y el surgimiento de nuevos mercados, hasta la presencia de importantes competidores en prácticamente todos los sectores económicos, el ascenso de China y los países del Este asiático en las últimas décadas ha modificado las oportunidades y posibilidades de desarrollo contemporáneas. Por mencionar apenas un ejemplo, mientras que algunos países exportadores de productos básicos experimentaron un auge en sus exportaciones debido al impacto del crecimiento de China en la demanda y los precios de estos commodities, otros sufrieron por el surgimiento de un nuevo competidor en el sector manufacturero. En cualquier caso, el hecho fundamental es que el desplazamiento del epicentro económico hacia la región de Asia pacífico plantea un nuevo desafío para las economías y las empresas nacionales de todo el mundo: el desafío del reposicionamiento estratégico.

Cuando se habla de Asia en Argentina se suele pensar en Japón, China y la India, en parte por la influencia que ejercen hoy en la geopolítica, el comercio y las inversiones globales, y también probablemente porque son las naciones asiáticas más presentes en nuestro imaginario. Sin embargo, en el campo económico y comercial no puede dejar de mencionarse a la desconocida ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), un bloque formado por países que suman 640 millones de habitantes y un PIB de 2.600 millones de dólares que crece aproximadamente 6% al año: Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur, Tailandia, Brunéi, Camboya, Laos, Vietnam y Myanmar.

China y la ASEAN conforman una región del planeta que abarca aproximadamente 2.000 millones de habitantes en un territorio con relativa escasez de recursos naturales y creciente demanda debido a factores demográficos, sociales y económicos. Considerando el rápido desarrollo y potencial de esta región, resulta imperativo pensar  cómo el país debe posicionarse para aprovechar plenamente las oportunidades que plantea esta nueva etapa de la economía global.

Existen claras señales de que el contexto actual aún se caracteriza por enormes posibilidades y oportunidades, típicas de tiempos de crisis y cambios de paradigmas. El éxito de los países dependerá de la capacidad de diseñar e implementar un proyecto de adaptación creativa a los nuevos contornos de la globalización. Para la Argentina, esta tarea cobra aún más relevancia al considerar el problema de falta de divisas estructural por el que atraviesa nuestro país desde hace décadas. El crecimiento de las exportaciones  nacionales depende no sólo de la política económica doméstica, sino fundamentalmente de una estrategia de inserción internacional que articule la política comercial e industrial de forma coordinada entre gobierno y sector privado para la apertura de nuevos mercados. La identificación de las regiones con mayor potencial de crecimiento para el tipo de productos que nuestro país puede exportar de forma competitiva resulta indispensable para poder definir una verdadera estrategia exportadora que permita superar, o cuanto menos aliviar, la restricción externa como variable estructural de la historia económica Argentina. 

La nueva etapa del desarrollo de China y sus implicancias económicas

En la última década, la relación entre los países de América del Sur y China ha experimentado profundos cambios que llevaron al gigante asiático a convertirse en un socio económico líder para el continente. Argentina es parte integral de este fenómeno, asistiendo a una consolidación de los lazos económicos en general, desde el comercio hasta las inversiones y el financiamiento.

En la actualidad la República Popular de China (RPC) es el segundo socio comercial del país. Sin embargo, Argentina mantiene un déficit en la balanza comercial con la RPC, el cual alcanzó su valor máximo en 2017 por un total de US$ 7.900 millones. En este sentido, existe un consenso académico acerca de la posibilidad de reducir parcialmente este desbalance en las cuentas nacionales a través de un aumento de las exportaciones en sectores seleccionados. Otros países de América Latina tanto con dotaciones similares como diferentes de recursos naturales, como Chile y Brasil, mantienen importantes superávits con la RPC (Chile de US$ 6.000 millones en 2019 y Brasil de aproximadamente US$ 28.000 millones). En 2019, las exportaciones de Brasil hacia China alcanzaron los US$ 63.000 millones, las de Chile US$ 22.500 millones y las de Perú US$ 13.500 millones. Por su parte, Argentina apenas exportó US$ 6.800 millones, con una canasta fuertemente concentrada en el complejo sojero. Aún hoy la canasta exportadora hacia China se concentra en pocos productos.

Una de las razones de este diferencial es una política comercial más asertiva por parte de estos países en términos de posicionamiento en los mercados asiáticos. Aumentar las exportaciones de nuestro país para esta región del planeta, y en especial para China, requiere un claro estudio de mercado que a partir del análisis de las tendencias económicas de medio y largo plazo, defina una estrategia para ganar nichos y posicionar nuestros productos en sectores seleccionados y con mayor potencial de crecimiento.

La importancia económica que el gigante asiático adquirió en las últimas décadas, así como las posibilidades que su creciente presencia abre para nuestro país, torna necesario comprender la etapa actual del proceso de desarrollo chino.

En primer lugar, es necesario analizar los posibles escenarios para la economía china y los cambios significativos que se producirán en términos de reequilibrio y reformas estructurales, así como las consecuencias de estos cambios para Argentina. En segundo lugar, considerando estos escenarios, resulta imperativo pensar cómo el país debe posicionarse para aprovechar plenamente de las oportunidades que plantea esta nueva fase del desarrollo Chino. Estos dos principios analíticos deben ser aplicados para comprender las tendencias futuras en las relaciones entre China y nuestro país.

Las reformas actuales en China, si tienen éxito, implicarán una nueva perspectiva para la integración global del gigante asiático con el resto del mundo. Estos cambios y nuevos planes reflejan los resultados obtenidos durante cuatro décadas de rápido crecimiento, que convirtieron a China en la segunda economía más grande del mundo, y marcan el reconocimiento de que el desarrollo futuro del país debería tener una dinámica distinta y depender de otros motores. 

Desde un punto de vista general, las reformas son esenciales para garantizar un nuevo ciclo de crecimiento y apertura en el país asiático. Incluso dentro de su nuevo normal, con tasas de crecimiento más bajas, es poco probable que la influencia de China disminuya en la economía global. En primer lugar, es de esperar que el país siga creciendo a tasas mayores que las de los países desarrollados, es decir, en relación a los otros actores que contribuirán con una parte importante de la producción mundial en los próximos años. En segundo lugar, al ser una economía mucho más grande ahora, incluso una tasa de crecimiento más lenta tendrá un impacto significativo en la producción mundial.

En este sentido, la contribución de China al producto mundial y, en consecuencia, a la demanda global, puede ser mayor incluso con un ritmo de crecimiento más lento que el experimentado en las últimas dos décadas. La expansión del ya alto grado de apertura y los cambios en su estructura de producción harán de China un socio aún más importante para países como Argentina, que ya tienen una relación económica significativa con el gigante asiático.

Oportunidades de exportación en sectores seleccionados

En el caso de Argentina, algunas características específicas de esta nueva era China y sus implicancias para el país deben ser señaladas. Las actuales transformaciones y reformas estructurales por las que atraviesa el país asiático pueden tener importantes efectos y acentuar aún más la importancia económica de China para Argentina, ya que los cambios en curso deberían abrir nuevas posibilidades para el crecimiento y la diversificación de las relaciones en las próximas décadas.

El reequilibrio de la economía china y especialmente el aumento del consumo interno, podrá abrir nuevas oportunidades para las exportaciones de nuestro país. El proceso de urbanización continuará demandando recursos naturales y fomentando la integración entre las economías de ambos países. Además de la expansión de las grandes ciudades, la migración interna proveniente del campo provocará también el crecimiento de las ciudades medianas y el avance de la integración de vastas áreas del interior a los sectores más dinámicos de la economía china. Argentina, caso se cumplan las condiciones necesarias para explorar los cambios en curso, podrá no solo mantener el crecimiento de las exportaciones hacia China, sino también diversificarlas.

Es importante destacar que la diversificación de la pauta de exportación será progresivamente alcanzada, inicialmente con base en la agregación de valor en segmentos donde Argentina ya posee claras ventajas comparativas con China, a ejemplo del sector agrícola. De todas maneras, incluso en sectores que parecen ser menos competitivos, corresponde también a las empresas argentinas buscar iniciativas de formación de inteligencia de mercado con foco en China, a fin de analizar y señalar qué nichos son viables para el posicionamiento de los productos nacionales en este contexto de cambio económico y social. 

Sin embargo, en el corto plazo, es difícil esperar que las desventajas comparativas de la industria argentina sean corregidas a fin de generar impactos positivos en la competitividad de sus productos en relación a los chinos. En este sentido, la apuesta por productos diferenciados, incluso agrícolas, basados en las demandas más exigentes del consumidor asiático, pueden ser un importante vector de crecimiento en el corto plazo.

La ASEAN y la necesidad de una política estratégica

El potencial de los países de la ASEAN para el comercio e inversiones de Argentina es evidentemente inferior al de China, pero no por eso deja de ser importante. Las oportunidades son inmensas. Con una población combinada de más de 630 millones, el tamaño total del mercado de la ASEAN supera los US$ 2.500 billones (2016). Las importaciones totales de productos agropecuarios y alimentos de la ASEAN pasaron de US$ 30.000 millones a US$ 90.000 millones al año en los últimos diez años, superando a Japón y perdiendo sólo para China, que importó US$120.000 millones. El creciente consumo de la clase media en expansión viene fomentando las importaciones y ventas minoristas a través de  canales organizados. 

Se trata de una región con alto potencial para diversificar productos y mercados-destino, así como para agregar valor y marcas a los productos exportados. De acuerdo con las estimaciones de la consultora AZN, el consumo agrícola de la ASEAN crecerá a 285 millones de toneladas métricas para 2024/25, un crecimiento de 62 millones de toneladas métricas (28%). Alrededor del 60% de este aumento será impulsado por el crecimiento de los ingresos, mientras que el crecimiento de la población representará el 40%. Si bien el arroz sigue siendo la base alimentaria, el trigo y el maíz continúan ganando participación: el consumo de trigo aumentó un 6,2% anual, mientras que el consumo de maíz aumentó en casi el 5%.

También se espera que el consumo de carne continúe aumentando, dominado por las aves de corral (55%), la carne de cerdo (38%) y la carne de res (7%) en 2016/17, con un crecimiento del 4,5% anual desde 2000. El consumo de productos lácteos crece a tasas más bajas, aunque se anticipa que la creciente demanda relacionada a los beneficios para la salud estimulará el crecimiento a tasas más altas en el futuro. Nuevamente, el proceso de desarrollo de esta región abrirá nuevas oportunidades comerciales en otros sectores. El aumento de ingreso per cápita podrá impulsar las importaciones de papel, algodón y otros productos de consumo.

Sin embargo, el acceso a estos mercados está lejos de ser automático. Por el contrario, requiere una estructura sofisticada por parte del sector público para posicionar los productos nacionales. Gran parte de las importaciones agrícolas de estos países ya se encuentra cubierta por acuerdos bilaterales y regionales, que garantizan acceso privilegiado a determinadas naciones. Dada la falta de consenso (y discusión) que existe en la Argentina para establecer este tipo de acuerdos, la estrategia nacional al menos debería sostenerse en una política comercial más asertiva. Para mencionar solo algunos ejemplos, Australia tiene 35 agregados en 18 países, siendo 10 sólo en Asia. La agencia de promoción de exportaciones de Australia (Austrade) tiene 44 oficinas y cubre 15 mercados de Asia.

El segundo factor es la organización de las cadenas productivas – empresas, asociaciones y gobierno – para garantizar diferenciación, calidad, sostenibilidad y seguridad del alimento. Argentina es mundialmente conocida y respetada en la producción y la exportación de commodities. Pero el país todavía está rezagado en la oferta de alimentos diferenciados para el consumidor global. En este sentido, es necesario articular las acciones del gobierno junto con las asociaciones sectoriales para impulsar el marketing y desarrollo de una marca país. Dadas las crecientes demandas y barreras fitosanitarias, también será imprescindible un esfuerzo de armonización de reglas y estándares técnicos, bioseguridad, trazabilidad (origen de los productos) y sostenibilidad.

Todas estas posibilidades están, sin embargo, en el ámbito de meras posibilidades. Depende de Argentina establecer una estrategia para aprovechar los beneficios potenciales que puede brindar la nueva configuración de la economía global. Existen claras señales de que el contexto actual aún se caracteriza por enormes posibilidades y oportunidades, típicas de tiempos de crisis y cambios de paradigmas. La creatividad y el uso de ventanas de oportunidad pueden dar lugar a nuevos escenarios para los países en el sistema internacional. Depende de los propios países ser proactivos y establecer una estrategia que considere las ventanas de oportunidades y nichos productivos que están apareciendo en la nueva arquitectura económica global.

 

mision productiva - 29 de noviembre de 2021

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