China: el dragón dormido despierta

Alejandro Rebossio

China pasa a ser la cuarta potencia mundial, por encima de Italia, Francia y el Reino Unido; su sector de servicios es mucho mayor de lo que se pensaba; subsisten problemas de pobreza y en el reparto.

El futuro de China ya es presente. A los saltos, como en la folklórica danza del dragón, el gigante asiático pasará este año de ser la séptima potencia económica del mundo a ubicarse en cuarto lugar, por encima del Reino Unido, Francia e Italia.

Ya se venía hablando del alto crecimiento del gigante asiático en más de 25 años y se pronosticaba que pronto superaría a las principales economías del mundo desarrollado, pero las predicciones comenzaron a materializarse el 20 del actual cuando la Oficina Nacional de Estadística china difundió el resultado del recálculo del producto bruto interno (PBI). En lugar de alcanzar los US$ 1,67 billones a fines del año pasado -apenas por debajo de Italia-, se concluyó que el PBI chino llegaba a 1,97 billones.

Con la expansión prevista del 9,4% para 2005, terminará en 2,16 billones, por encima de Francia e incluso del Reino Unido (ver cuadro). Con un tamaño 21 veces mayor que el de la Argentina, to- davía quedará por debajo de Estados Unidos, Japón y Alemania.

La toma de conciencia del salto del dragón rojo implicará repensar su papel en el mundo, según economistas e inversores. También puede conducir a replanteos en la Argentina.

Desde aquí, a 19.000 kilómetros de distancia y a casi 40 horas de vuelos y escalas, China es vista como una amenaza por diversas industrias y como una oportunidad para los productores no sólo de materias primas agrícolas y minerales. También lo es para algunos bienes industriales puntuales y para los servicios, que era el sector que estaba subestimado en el PBI del gigante asiático. Hasta el 19 del actual, se pensaba que la economía china estaba compuesta por un 54,9% de producción industrial y un 31,9% de servicios. Ahora se sabe que el sector terciario es mayor (40,7%) que las telecomunicaciones, el transporte, el comercio minorista, el negocio inmobiliario y los restaurantes pesan más. No es que su sector manufacturero se haya achicado, sino que ha reducido su participación en el PBI, al 46,2 por ciento. El sector primario representa un 13,1% de la economía, y no un 15,2%, como se suponía hasta hace 11 días.

La revisión al alza del PBI chino "muestra que la estructura económica es más razonable y saludable de lo estimado", declaró el responsable de la oficina de estadísticas del régimen de Pekín, Li Deshui. Por ejemplo, se consideraba que su tasa de inversión bruta fija, superior al 50% del PBI, resultaba insostenible y que, por lo tanto, la tasa de crecimiento del 9% también lo era. El hecho de que la economía sea un 16,8% mayor de lo pensado demuestra que la relación entre la inversión y el PBI es inferior a lo calculado y, por ende, más sustentable.

El economista jefe del banco de inversión JP Morgan en Hong Kong, Frank Gong, considera que, como el sector servicios es mayor que lo estimado, la sustentabilidad del crecimiento del gigante asiático parece mejor de lo que muchos de sus colegas suponían. China es la segunda locomotora que empuja el crecimiento mundial, después de Estados Unidos.

Que China siga creciendo a fuerte ritmo tendrá su impacto en la Argentina, que le exportó en los primeros once meses del año por US$ 3085 millones y le compró por 2050 millones. Más allá de las ilusiones del Gobierno de que llegarían US$ 20.000 millones de inversión entre el año pasado y 2014, por ahora llegan con cuentagotas.

En el primer semestre de 2005, arribaron US$ 83,5 millones, entre los 63 millones que fueron a la industria manufacturera, los 12,5 millones para infraestructura y los 8 millones para actividades extractivas. Según las estadísticas oficiales, el gigante asiático ha sido en ese período el noveno inversor extranjero en la Argentina, con el 2% del total de desembolsos.

El director de la consultora abeceb.com, Dante Sica, observa que China aún "sigue siendo una aspiradora de capitales". El analista Antonio De Maio, del estudio Broda, recuerda que las empresas de ese origen están invirtiendo en algunos países latinoamericanos para asegurarse el abastecimiento de las materias primas que necesitan para satisfacer su ambición: la elaboración de productos terminados.

La consolidación de China como cuarta potencia impactará en la Argentina por su fuerte apetito de commodities (materias primas), según Osvaldo Pandolfi, profesor de la Universidad de San Martín. En los primeros siete meses del año, el 60% de lo que la Argentina le vendió a China fue poroto de soja. El 13%, aceite de soja; el 11%, aceites crudos de petróleo; el 3%, mineral de cobre; el 2%, gas de petróleo; otro tanto, cueros y pieles curtidos, y un 1%, tubos de acero para la industria petrolera. El Gobierno negocia con China la autorización sanitaria para el ingreso en su mercado de la carne bovina argentina.

"Los altos precios de los commodities no parecen que vayan a reducirse y esto beneficiará nuestras exportaciones", observa Pandolfi. Sica juzga que esta tendencia no impactará en forma negativa en los precios de los alimentos, que tanto preocupa al Gobierno y la sociedad argentinas. "La suba fuerte de commodities ya se produjo", opina el ex secretario de Industria del gobierno de Eduardo Duhalde. En cambio, advierte que si la expansión china sigue agotando las fuentes de energía, la cotización del petróleo puede continuar elevándose y crear nuevas tensiones en la Argentina por los precios cuasi congelados de los combustibles.

China también demanda materias primas industriales, como el acero o productos químicos, pero cada vez más está integrando sus cadenas de valor para comprar sólo los insumos básicos que no encuentra en su territorio, como el mineral de hierro o el cobre, y producir todos los derivados. Sin embargo, Pandolfi señala que esas industrias pesadas aún cargan con tecnologías antiguas, herederas de los tiempos de economía comunista. Prueba de ello han sido los recientes accidentes medioambientales en complejos manufactureros del país.

El director ejecutivo de la Cámara de la Producción, la Industria y el Comercio Argentino China, Ernesto Fernández Taboada, enumera empresas y sectores que están haciendo negocios en China: las exportadoras de soja Nidera, Cargill y Vicentín, Aceitera General Deheza (AGD), la curtiembre Sadesa -que acaba de inaugurar una planta en el gigante asiático-, las bodegas Norton, Hispano Argentina y San Huberto, autopartistas como la rosarina Vic (ópticas), la fabricante de tubos Tenaris (grupo Techint), compañías de turismo receptivo -pese a que el Gobierno aún no completó los trámites para permitir la llegada de turistas chinos-, empresas de software, productores laneros y pesqueras chinas instaladas en Mar del Plata.

Sica destaca que la Argentina es una buena productora de servicios, el nuevo sector estrella de China. "Pero se necesita inversión para proveerles servicios", señala Sica, que recuerda el caso de la parrilla La Rosa Negra, que exportó el know how (conocimiento) para que inversores chinos pusieran una sucursal en Pekín. El director de abeceb.com ve oportunidades en madera, lácteos y golosinas.

El mayor volumen de China y el hecho de que su economía esté más orientada a los servicios y menos a la exportación de lo que se creía pueden reforzar la presión de Estados Unidos y otras potencias para que China aprecie más el yuan, lo que encarecería sus temidas exportaciones baratas. Sica opina que la moneda china sólo se revaluará levemente y en el tiempo.

También se presume que los países desarrollados redoblarán su petición a China para que desmantele su protección económica, la misma que tiempo atrás frenó importaciones de soja argentina para rebajarle el precio o que dificulta el ingreso de productos terminados. Además le reclamarán que se implique más en los organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, el Grupo de los Siete (G-7, países más industrializados) o la Organización Mundial de Comercio (OMC).

"Las exportaciones van a crecer más que las importaciones", vaticina Pandolfi, pero predice que la alianza política que la Argentina y China comenzaron a tejer el año pasado puede llevar a la necesidad de equilibrar un poco la balanza. De hecho, las ventas al dragón rojo se incrementaron en los primeros 11 meses del año un 19% y las compras, un 61 por ciento. Pero Pandolfi descarta una invasión de productos chinos porque "el tipo de cambio argentino es la principal barrera". De Maio tampoco teme: "Con el Gobierno que pone barreras a Brasil, en el mercado común, no veo por qué no va a tomar medidas contra China. Si países serios lo hicieron, como Estados Unidos y la Unión Europea contra sus textiles, a la Argentina no le va a temblar el pulso". Sica juzga que el peligro está en el largo plazo, sobre todo por la reducción de aranceles a la importación industrial que se negocia en la OMC.

Fuente: La Nación

Compartir en