Chile, un país entre el pasado y el futuro

José Salvador Cárcamo


A poco más dos años de la revuelta social del 18 de octubre de 2019, el próximo domingo 19 de diciembre se realizará en Chile la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, que enfrentarán a José Antonio Kast (55 años), de ideología de ultraderecha, con el candidato de centroizquierda, Gabriel Boric (35 años). En simultáneo, desde el 4 de julio, funciona la Convención Constitucional que preside Elisa Loncón, profesora y lingüista de origen mapuche. Este organismo tiene la responsabilidad de redactar una Nueva Constitución que reemplazará a la de Pinochet.

Lo anterior muestra la dialéctica entre el pasado que no acaba de morir y lo nuevo que quiere nacer.

Kast y sus partidarios representan ese pasado de muerte y justifican el terrorismo de Estado de la dictadura con la violación sistemática de los Derechos Humanos. Reivindican la Constitución de la dictadura pues mercantiliza el acceso a la educación, salud, jubilación, agua, tierra y el mar (propiedad de siete familias que se benefician de su explotación).

Boric es la esperanza de lo nuevo por nacer, garantizando la continuidad de la Convención y de una Nueva Constitución que permita el acceso al agua, a una vivienda digna, a un mar para todos los chilenos, a la salud, una jubilación digna, a la educación como derecho y no como mercancía. Hoy día miles de jóvenes chilenos migran a otros países para acceder a la educación superior que les es negada en su patria.

La fortaleza de Boric se encuentra en los electores jóvenes y en las mujeres. Su programa plantea cuatro reformas esenciales: acceso universal a la salud, un nuevo sistema de pensiones, educación pública gratuita y de calidad y un gobierno ecologista y feminista.

Kast tiene mayor apoyo en personas mayores de 60 años y hombres, encandilados por su discurso de odio, misógino, homofóbico, machista, xenófobo (propone construir una zanja en el desierto  para evitar inmigración ilegal) y fascista (plantea una coordinación internacional anti-radicales de izquierda, un nuevo plan Cóndor como en los años de plomo de las dictaduras). A partir de los resultados de la primera vuelta, introdujo cambios en su programa para atraer votos de los electores de centro.

Las elecciones se realizan en el marco la vieja Constitución neoliberal, que no quiere morir, y ese es uno de los riesgos que corre el sistema democrático chileno: que se paralice la Convención Constitucional y se cambie futuro por pasado, esperanza por terror. Por otro lado, un triunfo de Boric fortalecería la construcción de un Chile digno, justo y sin abusos, para que de esa forma durante el primer semestre del año 2022 se realice el referéndum para aprobar o no la Nueva Constitución redactada por la Convención Constitucional. Esperamos que el futuro triunfe sobre el pasado, la justicia venza a la impunidad, haciendo realidad las palabras de uno de los cientos de jóvenes mutilados ocularmente por la represión de Piñera en 2019, el estudiante universitario Gustavo Gatica: “Regalé mis ojos para que la gente despierte”.

- José Salvador Cárcamo, Economista. Profesor UBA/UNM/UCES

 

Tiempo Argentino - 11 de diciembre de 2021

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