Jóvenes vulnerables en la Argentina: Condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro

Proyecto de Investigación y Desarrollo en Áreas Estratégicas con Impacto Social (PIDAE-UBA)

Se propone analizar las condiciones de la vida cotidiana de la población juvenil en Argentina, con el fin de contribuir al fortalecimiento de procesos de construcción de ciudadanía en jóvenes que habitan contextos de vulnerabilidad social.

La vulnerabilidad social de una población determinada no es susceptible de ser abordada desde un prisma unívoco. Adopta formatos heterogéneos y multidimensionales, dado que combina factores materiales, subjetivos y simbólicos.

Por un lado, comprende no solo las situaciones de pobreza económica, sino también las privaciones materiales de la vivienda, las trayectorias educativas incompletas y la precariedad laboral.

Por otro lado, la vulnerabilidad social se encuentra estrechamente imbricada en las condiciones simbólicas que estructuran la vida cotidiana, y se expresa en dimensiones subjetivas como la salud mental, los sistemas de creencias y las expectativas respecto del futuro.

La presente investigación tuvo el propósito de explorar los diversos componentes de la vulnerabilidad social en jóvenes de 18 a 29 años de la Argentina.

A través de un cuestionario estructurado, se encuestó de manera presencial a 1002 jóvenes vulnerables que residen en los principales aglomerados urbanos del país, para relevar un abanico de dimensiones referidas a las condiciones de vida, la salud mental, los canales de información, las creencias, así como las expectativas sobre el futuro.

A los fines clasificatorios, se consideró vulnerable a las personas de 18 a 29 años cuyo máximo nivel de instrucción es primario completo o menos, con independencia de cualquier otra situación; y, del resto de la población de ese intervalo etario, a las personas que integran hogares con algún tipo de privación, económica o estructural, según las categorías del Índice de Privación Material de los Hogares (IPMH) del INDEC.

Lejos de representar un fenómeno marginal, la estimación estadística indica que la vulnerabilidad representa a casi la mitad de la población juvenil (48,9%).

La vulnerabilidad no constituye una condición homogénea ni transitoria, sino un entramado de carencias estructurales que se distribuyen de manera desigual según el nivel educativo, la región, la inserción laboral y la composición del hogar.

Esas vulnerabilidades, en plural entonces, se configuran de manera concreta en la vida cotidiana: déficits materiales de la vivienda, hogares numerosos, dificultad o imposibilidad para llegar a fin de mes, trayectorias educativas interrumpidas y el trabajo informal como características salientes. Estas circunstancias impactan directamente en el bienestar subjetivo y se asocian con situaciones de ansiedad, dificultades para dormir, tristeza persistente y consumos problemáticos.

Los resultados de la investigación reflejan con claridad la implicancia de ambas dimensiones -la educativa y la del contexto habitacional- sobre las condiciones de vida y las restricciones en materia de inserción laboral y perspectivas de movilidad social. A la fragilidad material, se le adiciona un entorno cotidiano signado por la inestabilidad y la imprevisibilidad que permean la cotidianeidad y comprometen los horizontes y los proyectos hacia el futuro.

En conjunto, los datos obtenidos confirman que la vulnerabilidad social opera como un eje estructurante de desigualdades materiales, simbólicas y subjetivas, cuya complejidad demanda intervenciones coordinadas e integrales.

 

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