Un libro de economía que se entiende

Pascual Serrano

Sin duda comprender la economía es difícil, estar capacitado para criticar cómo están evolucionando las finanzas en el periodo neoliberal que atravesamos, más todavía. Pero lograr poder hacer entendible todo ello a los mortales, es lo más meritorio. Y eso es lo que hay que agradecerle a Juan Torres. Hartos como estamos de economistas que tienen como objetivo y función justificar el modelo vigente y preparar textos y discursos con los que intimidarnos y acomplejarnos para lograr la desmovilización, encontrar a un economista díscolo que sigue reivindicando principios humanos, valores fundamentales y justicia social por delante de las políticas económicas es digno de reconocimiento.

Juan Torres tampoco pretende explicar todo el universo de la economía neoliberal en este pequeño libro de 150 páginas. Se detiene en un fenómeno relativamente reciente, "el volumen tan extraordinario que han alcanzado los flujos financieros y el papel mucho más relevante y decisivo que ha adquirido el dinero" en las relaciones económicas actuales. Parte de la idea indiscutible de que hoy "el dinero existente en la economía se ha disociado del volumen de comercio". Ya ha dejado de ser algo que sirve como medio de pago, para convertirse en algo mucho más grave. Antes, nos recuerda Torres, el poder del dinero era un poder estatal, era el Estado quien disponía en realidad de la capacidad última para determinar el alcance de la financiación, bien acuñando la moneda o emitiendo los billetes. Ahora, como consecuencia de nuevo procesos de la economía internacional, los Estados, y sus correspondientes Banco Centrales, se han encontrado sin su poder estatal de regulación que tenían en épocas anteriores. Todo ello ha ido acompañado de un discurso neoliberal que buscaba legitimar que se dejen fuera del ámbito de la decisión política democrática los asuntos del dinero y de la financiación de nuestras sociedades.

En la fase neoliberal que atravesamos, no sólo asistimos a nuevas y muy rentables formas de productos financieros que nada tienen que ver con la producción de bienes y servicios, sino a una disminución de las divisas en poder de los banco centrales y un aumento del conjunto de activos financieros en manos privadas que ya es cinco veces mayor que el que poseen los gobiernos.

Juan Torres explica cuáles son las causas que han provocado ese incremento de los flujos financieros, los procesos que han llevado a vaciar de contenido las políticas económicas de los gobiernos para delegarlas en agentes privados sin control ciudadano, y los valores y principios que se han encargado de justificar esa evolución en la mentalidad de la opinión pública. Por ejemplo, si antes los agentes adquirían divisas para poder comprar productos extranjeros con los que poner en marcha determinado negocio o actividad productiva, ahora lo que da rentabilidad es comprar o vender divisas por razones puramente especulativas. Algo similar sucede con el ahorro, que dejó de ser dinero no consumido por los ciudadanos y destinado a poner en marcha procesos productivos para ser manejado en un mercado financiero con el único objeto de producir beneficios mediante la especulación. Es lo que hacen los fondos de inversión, las compañías de seguro, los fondos de pensiones y las empresas en general. Con la gravedad de que, además, son ellos los que poseen el dinero y no los Estados, por lo que su control sobre la economía es absoluto. Incluso han logrado infundir ese modelo económico a las empresas que tenían vocación de producir. Así tenemos a grandes empresas que cotizan en Bolsa que hace tiempo que han dejado en un segundo plano la rentabilidad de las acciones para buscar a toda costa el aumento de su cotización.

Y esa situación tiene responsables y cómplices, según Juan Torres. En primer lugar, los gobiernos que han abdicado de su capacidad de regular el universo monetario. Por otro lado, las instituciones internacionales comandadas por EEUU, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que se han encargado de dirigir el traspaso de poderes desde los gobiernos a los mercados, donde campan a sus anchas los dueños del capital financiero.

Torres, con valentía, se encarga de desmontar muchos de los tópicos dominantes entre los defensores del status quo económico vigente. Por ejemplo, la defensa del libre movimiento de capitales. El autor nos explica que "nada hay que pueda demostrar que un régimen de plena y libre movilidad sea globalmente más adecuado". También denuncia cómo una de las conquistas sociales más importantes de los últimos decenios ha sido apropiada por el mercado privado: las pensiones públicas. Y sigue rompiendo tabús intocables del neoliberalismo. Afirma que "las razones que justifican la independencia y el gran poder de los bancos centrales no se sostienen ni en el análisis teórico ni en la realidad", por lo que son esos bancos los que tienen subyugados y condicionados a los gobiernos.

Como consecuencia de todo ello, y según la acertada tesis de nuestro autor, las economías internacionales actuales se han convertido en grandes casinos de especulación dejando a un lado la necesidad productiva. Ahora los mercado evolucionan condicionados por la especulación financiera. Todo ello pervierte el funcionamiento de las empresas, y la burbuja de las empresas puntocom y de las empresas de comunicación es un ejemplo claro.

Pero, en mi opinión, el capítulo más destacado de este libro es el dedicado a las consecuencias políticas de la "financiarización" de la economía. La situación nos ha llevado, según Juan Torres, a que "la política monetaria debe desatenderse de la voluntad del gobierno y, además, que no debe utilizarse para cubrir la gama de objetivos a los que tradicionalmente estaba vinculada la política económica gubernamental en su conjunto (crecimiento, pleno empleo, estabilidad de los precios, equidad)". Así, tenemos a los bancos centrales controlando la economía siendo "mucho menos transparentes que los gobiernos y sujetos menos controles democráticos". Aunque también aclara el autor que "no puede decirse que los bancos centrales hayan pasado a ser auténticos portadores de poder monetario. Le han quitado el poder a los gobiernos, pero no ha pasado a tenerlo ellos". El poder monetario efectivo de nuestros días "está en los grandes inversores institucionales, en las empresas multinacionales y, en general, en los grandes poseedores de los inmensos y muy concentrados volúmenes de recursos financieros que se movilizan incesantemente en los mercados". La consecuencia no puede ser otra que la pérdida de soberanía de los estados, de los gobiernos y, por tanto, de los pueblos y del modelo de democracia.

La salida a esta situación, según Juan Torres, no existe si no se pone sobre el tapete "cuestiones de fondo, como el tipo de vida y de sociedad que queremos, los valores que vamos a dejar que las gobiernen o incluso la clase de ser humano que deseamos". Para el autor "la voluntad de alcanzar otro orden social sólo puede nacer de la rebeldía frente a un orden impuesto y fatal, de su no aceptación, de la repulsa y la condena generalizada de la injusticia y la irracionalidad que lleva consigo el existente". Sí, ya sé que esta afirmación no es novedosa, pero quiero recordar que en este caso va precedida de una magnífica explicación de cómo está funcionando el mercado financiero internacional, de los elementos didácticos para entenderlo, del conocimiento por parte del autor de las claves de funcionamiento del sistema y de algunas propuestas concretas para cambiar ese modelo vigente. Entre ellas, recobrar el poder de decisión y la capacidad de maniobra de los gobiernos, recuperar el espacio y la lógica de lo público, redefinir la fiscalidad, controlar los movimientos de capital y condonar la deuda de los países empobrecidos.

No voy a añadir yo que bastaría con eso, pero sí puedo coincidir con Torres en que es un buen principio.
"Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas". Juan Torres López. www.icariaeditorial.com

Fuente: El Economista de Cuba