Teoría y usos de la economía

Alberto Müller * (Especial para sitio IADE-RE) | El autor reseña el libro Economics: The User’s Guide del economista coreano Ha-Joon Chang. Hay traducción en castellano: Economía para el 99% de la población (Editorial Debate, 2015).

En “Economics: The User’s Guide”, Ha-Joon Chang[1] nos propone un texto de divulgación acerca de la Economía.

El texto tiene más de un propósito. Ofrece al no economista algunos conceptos básicos del análisis económico. Pero se agregan dos tesis que se pretenden mostrar. En primer lugar, sostiene que es necesario emplear diversas aproximaciones teóricas, y no limitarse a un único abordaje. La segunda tesis es que la Economía no es una disciplina particularmente compleja o difícil; es sólo por razones de “defensa profesional” que suele ser presentada así.

Esta segunda tesis se alía inmediatamente con el propósito de divulgación: si la Economía es una disciplina no compleja, presentarla en forma asequible no es una tarea que enfrente dificultades mayores (al contrario del clásico ejemplo de Ernesto Sábato, cuando se trata de explicar qué es la Teoría de la Relatividad[2]).

El objeto de esta nota es evaluar en qué medida los propósitos de Chang se cumplen. Asimismo, nos adentraremos en la cuestión acerca de si el abordaje que nos propone es deseable para la enseñanza de la Economía.

En primer lugar, reseñamos en forma muy breve el contenido del texto. Luego, realizamos la evaluación propuesta, para pasar seguidamente a la cuestión de la validez del texto – y en general de la forma cómo Chang encara la disciplina – a fines de la enseñanza.

Estructura y reseña

El texto se encuentra organizado en dos partes; la primera se destina a “familiarizarse con la economía”, mientras que la segunda se refiere a cómo “usar la economía”.

Los primeros cinco capítulos integran la primera parte.

El primero se destina a discutir el propósito del análisis económico. Contrasta allí la postura convencional de que la Economía estudia la elección racional en general, vis-a-vis quiénes sostienen que su objeto es lo que identifica como “actividad económica”. Ésta es definida – algo laxamente – como una esfera que comprende “el dinero, el trabajo, la tecnología, el comercio internacional, los impuestos y otras cuestiones relacionadas con nuestra manera de producir bienes y servicios, distribuir los beneficios generados durante este proceso y consumir lo producido” (pág. 38)[3]. De más está decir que Chang, exponente de corrientes heterodoxas, opta por la segunda definición.

Los dos capítulos siguientes se destinan a un repaso histórico centrado en el capitalismo, partiendo del clásico ejemplo de la fábrica de alfileres de Adam Smith. El énfasis está puesto en las mutaciones que ha mostrado el capitalismo, cuyo nacimiento se cifra en el siglo XVI.

El capítulo 4 trata el tema de las teorías económicas. Se sostiene que existe una pluralidad de teorías – y no una única teoría – por tres razones: (1) porque la realidad que estudia la Economía es demasiado compleja como para que sea reductible a una única perspectiva; (2) porque los comportamientos humanos no responden mecánicamente a condiciones externas; (3) porque los economistas son portadores de juicios de valor.

Se identifican nueve grupos teóricos: teoría austríaca; conductismo; teoría clásica; teoría del desarrollo; institucionalismo; teoría keynesiana; teoría marxista; teoría neoclásica y teoría schumpeteriana. Se dan incluso algunas “recomendaciones” acerca de qué mix teórico (“cocktail”, literalmente) es más apto para cada temática específica. Por ejemplo, si se desea “estudiar la interacción de los individuos y la sociedad” se aconseja tomar en consideración los abordajes austríaco, conductista, neoclásico, e institucionalista. Se pasa luego revista en forma expeditiva de los nueve grupos, destacándose algunos aspectos que los caracterizan. Por ejemplo, en el caso de la teoría neoclásica, se subraya su flexibilidad, que se refleja en la posibilidad – mayor que en cualquier otro abordaje – de albergar posturas políticas diversas (hay entonces “neoclásicos de izquierda” y “de derecha”), algo que no ocurre con las teorías austríaca o marxista.

El autor sostiene que esta diversidad debe ser mantenida, tanto por la posibilidad de fertilización cruzada como para preservar la idea de que hay más de una respuesta a cuestiones de política económica.

El capítulo 5 encara una cuestión particular, la de la agencia de los individuos y de las organizaciones. Su punto de partida es la crítica al homo oeconomicus como instancia última de decisión. Para ello, repasa los comportamientos que pueden observarse, en el plano individual y organizacional, sobre la base de evidencias empíricas. Enfatiza al respecto la importancia de las organizaciones, como agentes y como moldeadoras de los comportamientos individuales.

Se cierra así la primera parte del libro. En la segunda, se encaran en siete capítulos un conjunto de tópicos económicos. Ellos son los siguientes (se indica entre paréntesis el número del capítulo): producto, ingreso y felicidad (6); producción, industria y medio ambiente (7); banca y finanzas (8); desigualdad y pobreza (9); trabajo y empleo (10); estado (11); y economía internacional (12).

Cada capítulo contiene un desarrollo en nivel introductorio de los temas correspondientes, con mucho mayor énfasis en el aporte de datos que en retomar contribuciones teóricas. La excepción notable es el capítulo 11, dedicado al estado, donde la argumentación discurre básicamente en términos teóricos.

Finalmente, el epílogo, que se pregunta “¿Cómo usar la economía?”. De lo que se trata allí es de proporcionar al lego algunas orientaciones, cuando se trata de lidiar con cuestiones económicas. Allí se indica en primer lugar que la economía está indisolublemente ligada a la política, por cuanto no hay afirmaciones independientes de juicios políticos y morales. De allí que la pregunta de orden es “a quién beneficia” con determinada recomendación. Llama a aceptar la pluralidad de puntos de vista teóricos, a fin de descubrir diferentes ángulos para examinar un tema. Indica asimismo que es necesario evitar la atención excluyente en el mercado, y focalizar también la producción y el empleo.

En conclusión, remedando la antigua frase de Clemenceau, “la economía es demasiado importante para dejarla en manos de economistas profesionales” (409); muchas veces, se señala, personas legas tienen mejor punto de vista que economistas formados, encerrados en sus perspectivas teóricas. El libro concluye con un llamado ciudadano a involucrarse en temas económicos, y a remover puntos de vista construidos para favorecer a los más privilegiados, protegidos por “el cabildeo, la propaganda mediática, el soborno e incluso la violencia” (412). Pese al pesimismo que pueden producir estas acciones – pesimismo ejemplificado en la escasez de reformas económicas tras la crisis de 2008 – se considera que ser un “ciudadano económico activo” (413) es posible, porque “la economía es mucho más accesible que lo que numerosos economistas le harán creer (al lector)” (ibídem).

Evaluación

Por limitaciones de espacio no ingresamos en el tratamiento que da Chang a la historia del Capitalismo.

No podemos asegurar que este libro sea realmente accesible al lector no economista, porque somos economistas. Pero es encomiable el esfuerzo por lograr una exposición clara, libre de tecnicismos. De hecho, el importante volumen de información aportada es tratado sin cuadros o gráficos; y lo referido a cuestiones teóricas es presentado sin recurrir a formalizaciones. Es el libro que lleva a pensar que su autor es un docente excelente[4].

Pero su esfuerzo es más exitoso al tratar temas prácticos que al exponer las teorías. Ello, a pesar de que en lo segundo está probablemente lo más original de su libro: su doble pragmatismo, que consiste en aceptar teorías diferentes y a la vez recomendar las teorías más aptas para el tratamiento de temáticas específicas.

En este punto, lo que se propone Chang no es compatible con lo que puede esperarse que comprenda un lector no especializado. Pretender que de una exposición a razón de 6-7 páginas por enfoque teórico, éste tenga la posibilidad de aplicar diferentes abordajes para tratar un tema determinado es excesivo. Las operaciones de este tipo son muy delicadas, y resultan viables tal vez para personas con suficiente formación teórica. Se demanda sabiduría y sofisticación para emplear perspectivas diversas en forma articulada. De hecho, sospechamos que hoy día el grueso de los economistas no es capaz de hacerlo; esto no quita que el libro de Chang brinde elementos eficaces para pensar en forma multiteórica.

Esto nos lleva a la cuestión acerca de porqué el autor justifica el empleo de esta pluralidad de enfoques. De los tres argumentos, el primero es seguramente el más atractivo: los temas de los que se ocupa la economía son demasiado complejos para ser tratables desde la perspectiva de una única teoría.

Hay temáticas en otros campos donde efectivamente puede adoptarse una perspectiva unificada, porque la complejidad inherente es manejable; pensemos por ejemplo en la ingeniería civil. Esto no significa que una formulación analítica propia de la “ciencia pura” será exhaustiva, porque esto nunca ocurre; ni siquiera en la ingeniería civil. Pero al parecer existen procedimientos fácilmente transmisibles, que responden a una matriz unificada, y que pueden ser implementados sin que sea necesaria una formación teórica crítica.

La economía no recae en esta categoría, en esto estamos de acuerdo con el autor. Pero este argumento es contrario a la otra idea central de Chang, la de que la economía no se ocupa de temas extraordinariamente complejos.  No pueden sostenerse al mismo tiempo ambas afirmaciones. Y a nuestro juicio, la Economía trata temas muy complejos.

Por otro lado, los abordajes alternativos en Economía compiten entre sí, no tienen vocación de complementariedad, como sugiere Chang. A fines comparativos, éste no parece ser tanto el caso de la Biología, una disciplina que también se ocupa de temas muy complejos. El excelente texto de Rose (2004, 29 y ss.) ejemplifica no menos de cinco explicaciones diferentes para un elemental caso de comportamiento animal, desde la etología (una suerte de psicología animal) hasta la bioquímica[5]. Si bien este autor señala que algunas de estas explicaciones tienen más prestigio que otras, señala que “los biólogos necesitan los cinco tipos de explicaciones … y probablemente algunas más (…) Todo depende del propósito al formularse la pregunta” (33). Parecería entonces que los practicantes de la Biología aceptan – de más o menos buena gana – que debe recurrirse a diversos planos explicativos.

Esto seguramente no ocurre en Economía. La articulación de enfoques que nos presenta Chang es una suerte de propuesta personal, pero no seguramente la descripción de una práctica. De ser así, es impropia de un texto de divulgación, que se supone que debe reflejar el “estado del arte”, y no propuestas de frontera.

Yendo a los otros dos argumentos, en realidad ellos poco tienen que ver con la conveniencia de abordajes unificados o pluralistas. El que los individuos no respondan siempre de la misma manera a un conjunto de circunstancias idénticas no nos lleva a otra conclusión de que la teorización – entendida como una actividad que nos da habilidades para replicar o predecir fenómenos determinados – enfrenta límites importantes. De hecho, Chang alerta explícitamente sobre este punto; en esto recoge un legado característico de la Escuela de Cambridge-UK (en las personas de J. M. Keynes y J. Robinson, por ejemplo[6]). 

Es más, en cierto sentido esta concepción de la actividad teorizadora llevaría a criticar la abundancia de teorías con pretensiones de completitud, en la medida en que refleja una búsqueda demasiado ambiciosa y a la postre inefectiva. Más que muchas teorías, nos haría falta, a la manera de la ingeniería civil, una teoría conscientemente limitada, que todos podamos compartir, y que nos permita lidiar con las cuestiones prácticas. Esto, desde ya, no es sino un proyecto a desarrollar; y no pretendemos desestimar la riqueza de pensamiento que ha dado lugar esta búsqueda (aun si hubiera realmente sido ambiciosa e inefectiva, algo que no sostenemos sin más, desde ya). Cuanto mucho, entonces, lo que propone Chang sería una suerte de abordaje temporario, que se adoptaría hasta tanto este proyecto tomara forma. Un proyecto que de todas maneras no parece estar en la agenda, y el autor tampoco lo propone.

La última justificación para el uso de un abordaje pluralista es sencillamente no pertinente. El que existan juicios de valor subyacentes – la “visión pre-analítica” de Schumpeter (1954) – no parece ser un fundamento válido para la existencia de la diversidad de enfoques; cuanto mucho puede ser una explicación (parcial) de que tal diversidad ocurra. Chang destaca de hecho que algunos de los abordajes se asocian con posicionamientos políticos. Esto ocurre típicamente con la escuela austríaca y la escuela marxista: la primera no alberga críticos del capitalismo, mientras que la segunda sólo abarca a tales críticos[7].

Pero además, como el propio Chang indica, aun dentro de una escuela, puede haber posturas políticas discordantes, de “derecha” y de “izquierda”[8]. Éste es el caso precisamente de los neoclásicos. Aquí, coexisten personalidades muy conservadoras como M. Friedman o J. Buchanan con otras bastante más reformistas, como P. Krugman o J. Stiglitz (grupo al que podríamos quizá agregar al propio A. Marshall).

Sugerimos que tal vez esto ocurra dentro de esta escuela porque sus teorizaciones – con fuerte vocación por la abstracción y lo analítico – hablan de mundos claramente inexistentes (no sólo abstractos); por lo tanto, la lectura apologética o crítica pasa por las diversas formas de aproximar estas teorizaciones al “mundo real”. Por ejemplo, el argumento en favor de la competencia basado sobre la teoría de la competencia perfecta pasa por asimilar el escenario teórico al real sin más trámite; pero cuando se constata que los supuestos de la competencia perfecta nunca se cumplen (en particular, el supuesto de que no hay mercados ausentes) se habilita precisamente una vía intervencionista, por la neoclásica vía del Teorema General del Segundo Óptimo[9]. Es más, en otros tiempos había quienes pensaban que las economías socialistas eran el verdadero campo de aplicación del abordaje neoclásico, porque se trataba de construcciones que aspiraban a fundarse sobre una completa racionalidad (Dobb, 1969, cap. 1).

No descartemos que esto pueda ocurrir en otras corrientes de pensamiento. Por ejemplo, las visiones schumpeterianas pueden dar lugar a claras políticas intervencionistas (por ejemplo, fortalecer los Sistemas Nacionales de Innovación), algo que habría sido más que irritante seguramente para el conservador J. Schumpeter.

O sea: puede argumentarse que la diversidad de enfoques se origina en diferentes perspectivas valorativas; pero eso no la torna per se una necesidad. Por otro lado, puede haber diversidad valorativa dentro de un mismo enfoque. Como comentario incidental, si explicamos la diversidad de enfoques por la diferencia de juicios éticos “pre-analíticos”, estamos limitando seriamente las posibilidades de diálogo inter-teórico, e incluso político. Esto es algo constatable, pero no defendible. Y hace que cualquier articulación se encuentre en una posición particularmente expuesta.

Un último comentario acerca de la relación entre política y economía. Chang reitera en algún momento que la economía es política, por eso es que originariamente hablábamos de Economía Política, hasta que de la mano de Marshall el adjetivo desapareció del nombre de la disciplina.

Este señalamiento no es nuevo, pero es opinable. No está de más recordar el origen de la denominación “Economía Política”. Según Schumpeter (1954), el primero en usar este término fue Antoine de Montchrestien. Este autor publicó en 1615 un “Tratado de Economía Política”. Su propósito era elaborar recomendaciones al Rey acerca de cómo gestionar el Estado, para lo que recomendaba los mismos prudentes principios aplicados a la administración de la casa (esto es, siguiendo las prescripciones de la Economía Doméstica o Economía a secas, de la Antigüedad). Esto es, el término no se asocia a la práctica de la política – que es la interpretación corriente, a la que Chang adhiere – sino a la administración del Estado[10]. Una evidencia muy interesante del estrecho entrelazamiento entre Estado y mercado, ya desde los orígenes del Capitalismo[11].

Para la enseñanza de la Economía

La definición del campo del que se entiende que debe ocuparse la Economía y los énfasis que se destacan – en particular sobre los aspectos históricos – coinciden plenamente con la manera con que hemos encarado el dictado de diversos cursos; de manera que mal podemos abrir juicio sobre estos tópicos, por tener casi un “interés creado”. En definitiva, se trata de asociar el surgimiento del análisis económico al del propio Capitalismo, y no a algún problema abstracto de elección.

El libro es utilizado en cursos introductorios sobre Economía en algunas universidades, en particular cuando imperan enfoques no ortodoxos. El formato y redacción del libro, sin embargo, no responden a los usuales libros de texto, por más que el lenguaje utilizado es ágil, y los ejemplos son extraídos de la experiencia diaria (incluyendo referencias a series televisivas o películas). Se trata en esencia de un texto de divulgación, más destinado a legos que a profesionales de las ciencias sociales.

De hecho, hay algunas ausencias notorias de contenido, reflejo seguramente de los intereses y experiencia particulares de Chang. Nos referimos sobre todo a la temática de lo que habitualmente comprende la Organización Industrial y aun la Microeconomía. Por ejemplo, no hay pistas acerca de si la Economía tiene algo para decir sobre la evaluación social de un proyecto, sobre la tipología y prácticas de mercado, o sobre la regulación de los servicios públicos.

Esto limita seriamente el uso de este libro a fines de enseñanza. Como ya un crítico ha observado, el libro es más recomendable para economistas de posgrado, que quieran ensanchar sus perspectivas, luego de un paso por una formación convencional[12].

Conclusión

Redactado en un estilo ágil y sencillo, el libro de Chang resulta de lectura agradable. Es fácilmente comprensible para el economista profesional, y probablemente sea accesible para el lego, aun cuando este último podrá sentirse confundido por el tratamiento que le da el autor a los tópicos teóricos.

Su defensa del pluralismo tiene sin embargo aspectos objetables, más allá de que ésta sea una respuesta posible frente a las evidentes deficiencias de los enfoques teóricos particulares. De lo que podemos estar seguros es de que ésta no es una cuestión para plantear en un texto con ambiciones de divulgación.

Por último, se rescata – a los fines de la enseñanza – la conceptualización del propósito del análisis económico, y la perspectiva histórica adoptada. Pero tanto la caracterización de las teorías como de las posibilidades de su articulación escapan a lo que es propio de un texto a fines formativos. Asimismo, hay contenidos relevantes referidos a la formación del economista que no son siquiera mencionados. Por estas razones, no es recomendable su empleo para cursos de formación de grado. Quizá el mejor destinatario de este libro es el estudiante de posgrado, si es que su formación no ha tenido el pluralismo que Chang recomienda.

 

* IIE-CESPA-FCE-UBA.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bowles, S. – Microeconomics: Behavior, Institutions and Evolution – Russel Sage Foundation - Princeton University Press - 2004
Chang, H. - Economía para el 99% de la población - Editorial Debate - 2015
Chang. H. - Economics: the user's guide - Bloomsbury Press - 2014
Dobb, M - Welfare Economics and the Economics of Socialism: Towards a Commonsense Critique - Cambridge University Press - 1969
Prelot, M. – La Ciencia Política – Eudeba - 2004
Robinson, J. - La enseñanza de la Economía - En Ensayos Críticos - Ediciones Orbis S.A. - 1984
Rose, S. – Trayectorias de vida – Ed. Granica - 2004
Sábato, E . Uno y el universo - Ed. Seix Barral - 2003
Schumpeter, J. A. – Historia del Análisis Económico – Ediciones Ariel – 1971 – Originalmente publicado en 1954

 

[1] Hemos consultado para este trabajo la edición en español (Chang, 2015), por mera razón de oportunidad. Si empleamos el título en inglés es simplemente porque el título adoptado para la versión en español es inadecuado (“Economía para el 99% de la población”); por lo demás, debe destacarse la calidad de la traducción, bastante superior al promedio, para textos de Economía. El texto en inglés es Chang (2014).

[2] Ver Sábato (2003). El relato que propone Sábato es que ante el requerimiento de un lego de una explicación sencilla acerca de qué es la Teoría de la Relatividad, concluye cumpliendo con ese requisito, al costo de que lo explicado “no es más la Relatividad”.

[3] Toda cita que lleve indicación de fuente se refiere a Chang (2015).

[4] Chang es seguramente buen expositor (véase por ejemplo https://www.youtube.com/watch?v=n5j5EW933Kw).

[5] Más precisamente, se plantean explicaciones en los planos siguientes: etológico (análisis del comporta miento), fisiológico (transmisión de señales y reacciones), desarrollista (vinculado con la historia del ser vivo en particular), evolucionista y molecular.

[6] Cf. la cita siguiente de Robinson (1984, 117), “la teoría económica no enseña doctrinas y no puede establecer leyes universalmente válidas. Es un método para organizar las ideas y formularse preguntas”.

[7] No es la oportunidad para extendernos en esta cuestión, pero es importante destacar que el foco de la crítica de Marx al modo de producción capitalista reside en la pretensión de quienes lo ven como la “última etapa” de la historia de la humanidad. La crítica de Marx a la Economía Política Clásica pasa por mostrar la naturaleza contradictoria del capitalismo, y por lo tanto su destino a ser superado, en el curso de la historia.

[8] Si bien Chang explicita qué entiende por “derecha” e “izquierda”, parece claro que hace referencia al juicio que merece el funcionamiento y efectividad de los mercados descentralizados y la consecuente intervención estatal. En este punto, el autor es claramente de “izquierda”, como surge del texto bajo análisis.

[9] Ver al respecto Bowles (2004, cap. 6)

[10] Véase también Prelot  (2004).

[11] Esta idea es frontalmente contraria a la de un “Estado subsidiario” y en definitiva ex machina, que es la que emerge de los cursos convencionales de Economía. Esto se materializa en la intempestiva aparición de la materia Finanzas Públicas, por la que el Estado viene a resolver aquellos particulares problemas (bienes públicos, externalidades) que los mercados a–estatales estudiados en los anteriores cursos de Microeconomía no pueden resolver.