Tecnologías 4.0 y precarización

Eduardo Dvorkin * (Especial para sitio IADE-RE) | El autor alerta sobre los cambios en las relaciones laborales empujados por las transformaciones tecnológicas. "Las propuestas necesarias deben focalizarse en políticas que impidan que el progreso tecnológico se convierta en un castigo para las mayorías".

La primera revolución productiva, aproximadamente 10.000 años atrás, fue la revolución neolítica que dio lugar a la ganadería y la agricultura en reemplazo de la caza y la recolección; la segunda, la llamada “revolución industrial”, se puede dividir en dos: (a) la que tuvo lugar por la introducción de la máquina a vapor y los FFCC (s. XVIII) y (b) la que tuvo lugar por la incorporación de la electricidad y la producción en serie (1850- 1914).

La tercera, la revolución digital (1950-1970), estuvo marcada por el desplazamiento de los dispositivos analógicos por los digitales y, finalmente, la llamada cuarta revolución industrial está desarrollándose actualmente.

Nuevos conocimientos en ciencias aplicadas (inteligencia artificial, robótica, big data, materiales, nanotecnología y biotecnología) están produciendo innovaciones tecnológicas que concretan productos y servicios hasta hoy pertenecientes al campo de la ciencia ficción: posibilidad de almacenamiento masivo de datos a bajo precio y posibilidad de su posterior análisis para fines sanitarios, de marketing, de control político, etc.; extensión planetaria de las comunicaciones móviles; desarrollo de vehículos autónomos (ver la descripción detallada de los automóviles Tesla - Adrián Paenza - Página 12 del 02/07/2017); producción aditiva mediante impresoras 3D en reemplazo de la producción por arranque de viruta en las máquinas herramientas tradicionales (proceso potenciado por haberse incorporado la posibilidad de impresión 3D con materiales de alta resistencia); utilización masiva de robots en procesos productivos en reemplazo de humanos; comercio online (el valor de mercado de Amazon, una tienda sin locales, en enero del 2017 era de 355,9 mil millones de USD, mayor que la suma de todas las grandes cadenas de “ladrillos y mortero” que fue calculada en 297,8 mil millones de USD. Uber una empresa de taxis que no es propietaria de automóviles en abril de 2017 tenía un valor de mercado de 50 mil millones de USD y comparativamente podemos indicar que el valor de mercado de la línea aérea Delta Airlines, a septiembre 2017, es de 33 mil millones de USD).

El aspecto muy peligroso para nuestras vidas es que estos cambios en los modos de producción y en los servicios fuercen cambios fundamentales en las relaciones laborales que hoy damos como más o menos seguras.

En su libro, Klaus Schwab [1], fundador y CEO del Foro de Davos, presenta como un hecho indiscutible que el cambio de las relaciones laborales empujado por los cambios en los modos de producción es inevitable y describe un futuro con dos mundos paralelos hacia los que estaríamos avanzando: uno el de los “empresarios 4.0” y otro el de los trabajadores precarizados que ya no serán empleados, y se encontrarán despojados de las  leyes y regulaciones laborales que los protegen y les aseguran un piso de estabilidad y un mínimo bienestar, y pasarán a ser simplemente proveedores de las empresas (agentes libres según la nomenclatura de [2]). Incluso así como se habla de “la nube” para el almacenamiento de datos hoy Schwab habla de la “nube humana”, un estilo productivo en el que las tareas o proyectos se realizan a distancia y bajo demanda por personas que no son empleados sino trabajadores “independientes”.

La automatización creciente de los procesos productivos implicaría una fuerte disminución del número de trabajadores que, al disminuir las oportunidades laborales, deberán necesariamente disminuir sus exigencias en lo que hace a estabilidad laboral, servicios de salud y educación, jubilaciones, etc. Esto, sin duda, hará crecer los ya hoy altísimos niveles de inequidad social [3]. En resumen: desorganización absoluta de las vidas de las personas, incertidumbre respecto del futuro y la consiguiente angustia.

Un estudio muestra que hoy el 47% de los trabajadores en los EEUU están en alto riesgo de ser reemplazados en el corto plazo por computadoras, robots, etc. [4]. Además, los estados nacionales verán disminuir drásticamente sus ingresos fiscales al achicarse la fuerza laboral, lo que hará que la esperada red de protección estatal sea cada vez más débil: la demolición del Estado de Bienestar… o lo que en algunos países queda de él.

Junto al crecimiento de la precarización laboral que profetiza el CEO del Foro de Davos, los países emergentes verán que la disminución de los costos laborales en los países centrales hará que las industrias no contaminantes se replieguen hacia ellos. Así como al interior de las sociedades los trabajadores serán segregados, a nivel internacional los países en desarrollo serán los segregados.

Las políticas neoliberales impulsan la globalización, pero no es la misma la globalización vista desde el centro que desde la periferia; en nuestro país, el que hemos denominado neoliberalismo periférico [5] es mucho más dañino que el neoliberalismo central. Por ejemplo, Macron y Merkle, exponentes relevantes del neoliberalismo central, no destruyen en sus respectivos países las estructuras educativas y de C&T como sí lo está comenzando a hacer Cambiemos en nuestro país.

No es la tecnología por si misma la que establece automáticamente las relaciones de producción; ese es el lugar de la política. La propuesta no puede ser un retorno al fracasado ludismo y la prohibición de las nuevas tecnologías; las propuestas necesarias, que localizan en varios niveles, deben focalizarse en políticas que impidan que el progreso tecnológico se convierta en un castigo para las mayorías:

  1. Políticas defensivas que impidan la precarización laboral que en nuestro país vino a imponer Cambiemos hablando de un emprendedorismo que a falta de un estado tractor pasa a ser simplemente un desplazamiento de la culpa hacia los que, además de sufrir la falta de trabajo estable, deben soportar la estigmatización de que “si les va mal es porque no tienen empuje emprendedor”.
  2. Políticas que impidan el retroceso en las políticas de inclusión que se desarrollaron durante los años (2003-2015).
  3. Políticas defensivas fiscales que desalienten la destrucción de puestos laborales; un ejemplo es el impuesto a la producción con robots que propuso Bill Gates en EEUU.
  4. Políticas defensivas que garanticen un salario mínimo y protección social universal.
  5. Políticas activas para que el estado nacional, apropiándose de estas nuevas tecnologías, pueda utilizarlas para la creación de puestos de trabajo formales y para el crecimiento de las pymes en lugar de su desaparición y traccionar el desarrollo de tecnologías autónomas que nos permitan complejizar la producción argentina; para lo que son necesarias políticas que vuelvan a impulsar el crecimiento del sector científico en lugar del ajuste que hoy se está desarrollando.

Es solamente una propuesta política de alta densidad nacional [6] la que permitirá que nuestro país evite los grandes daños sociales que amenazan desde el horizonte 4.0.

* Doctor en Ingeniería

 

[1]

K. Schwab, The Fourth Industrial Revolution, Davos: World Economic Forum, 2016.

[2]

D. H. Pink, Free Agent Nation, New York: Warner Business Books, 2001.

[3]

T. Piketty, Capital in the Twenty-First Century, Cambridge, MA: The Belknap Press of Harvard University press, 2014.

[4]

C. B. Frey y M. A. Osborne, «The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation?,» Technical Forecasting and Social Change, vol. 114, pp. 254-280, 2017.

[5]

E. Dvorkin, ¿Qué Ciencia Quiere el País? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.

[6]

A. Ferrer, La economía argentina en el siglo XXI, Capital Intelectual, 2015.