Pobreza y hambre

Alejandro Rofman
Un cable de la agencia italiana Ansa reproducido en varios diarios da cuenta de información proporcionada por el diario de mayor circulación en la ciudad de Nueva York, The New York Post. Consignando estimaciones oficiales, el artículo periodístico afirma que en la ciudad estrella de Estados Unidos la pobreza engloba al 20,9 por ciento de la población residente, 0,8 por ciento más que el año anterior. El cálculo oficial de la pobreza incluye a aquellas familias de tres integrantes que vive con menos de 18.530 dólares al año.

Esta perla estadística, que coloca a la población que vive en Nueva York en una situación peor que los estudios privados realizados por diferentes núcleos de investigación argentinos, como el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina y la Asociación Trabajadores del Estado filial Indec, se completa con otra referencia aún más seria desde el punto de vista de la privación social imperante en Nueva York. El cable agrega que el porcentaje de habitantes que vive en dicho centro urbano que recurre a los tickets de comida del gobierno para sobrevivir fue del 19,3 por ciento el año pasado y en éste ya ha llegado al 20,6.

¿En qué consiste el uso de esos tickets o estampillas de alimentación (food stamps) como se los conoce? Si una unidad familiar que reside en una ciudad de Estados Unidos carece total o parcialmente de ingresos para adquirir los alimentos que le hacen falta para su manutención, solicita ayuda al gobierno federal y éste le proporciona estampillas o vales que el peticionante canjea por los productos que necesita.

En Argentina, una situación de privación social como la arriba explicitada coloca a esa unidad familiar en la categoría de indigente. O sea, es un grupo de habitantes que no posee ingresos ni siquiera para comprar lo necesario para alimentarse de modo imprescindible. Según los datos de los dos centros de investigación referidos (que no son el Indec, que da datos mucho menores), la indigencia en la Argentina no llega al 20,9 por ciento, sino que oscila de 4 a 5 por ciento de la población. En medio de la fenomenal crisis de 2001-2002 llegamos a superar la barrera del 20 por ciento (en 2003, la tasa fue de 27,5 por ciento), pero luego descendió hasta, por lo menos, los porcentuales de los dos estudios de fuentes opuestas al Gobierno.

Esta comprobación da cuenta de una grave degradación social en el gran país del Norte, que no se corresponde con la imagen de sociedad exitosa y opulenta que suele ser el discurso más difundido. Por detrás de todo lo que reluce en la ciudad estrella, se mueve un submundo de pobreza e indigencia que muestra las tremendas fallas del sistema social que rige en ese país y que, afortunadamente, no está presente en el nuestro, que tiene indicadores de carencias sociales extremas entre cuatro y cinco veces inferiores al dato de la Nueva York de hoy

Página/12 - 2 de diciembre de 2012