“No hay ningún giro ortodoxo”

Entrevista a Abraham Gak
Entrevista. Abraham Gak. Economista - director del plan Fenix. Para Abraham Gak, actual director del Plan Fénix de la UBA, el Gobierno ha logrado grandes avances en la economía, pero no ha podido modificar aspectos clave. Descarta, de todas formas, que haya abandonado el camino iniciado en 2003.

Bromea diciendo que, con 84 años, debe ser “la persona con mayor edad en ser contratada”. Pero en rigor, fue una reelección la que llevó a Abraham Gak a continuar por otros seis años con su labor como defensor del Pueblo del Municipio de Morón. Con una trayectoria que le valió en 2011 la distinción como Ciudadano Ilustre de la Ciudad, debido a su trabajo como secretario general de la Universidad de Buenos Aires, secretario académico y de posgrado de su facultad de Ciencias Económicas, y la rectoría de la escuela secundaria Carlos Pellegrini, actualmente Gak combina su trabajo en el municipio de Morón con la dirección de la cátedra abierta de economía Plan Fénix, que nació en la UBA por iniciativa suya. “Veníamos de más de veinte años de pensamiento único –sostiene Gak ante Miradas al Sur–, de un neoliberalismo que se fue afianzando y que en los noventa estaba casi consolidado, por lo que a fines del año 2000 planteé la necesidad de ofrecer algo diferente y convoqué a las autoridades de esta facultad y a otros economistas para que definan los principales problemas de esa Argentina neoliberal. Pero el presidente de la Comisión de Doctorado, Julio Olivera, me señaló que estaba cansado de escuchar diagnósticos y propuso, en cambio, animarnos a hacer un plan, al que denominó “Hacia el Plan Fénix, diagnóstico y propuestas. Una estrategia de reconstrucción de la economía argentina para el crecimiento con equidad”. Así fue como comenzamos a reunimos todas las semanas, y fuimos de los primeros en hacer referencia a la necesidad de salir de la convertibilidad”.

–¿Cuántas de aquellas ideas ve presentes en el actual gobierno?

–Si se ve el discurso de Néstor Kirchner el día de su asunción, se puede ver que estuvo presente la filosofía de nuestras ideas; supongo que los materiales que producimos le llegaron por intermedio de funcionarios con quienes nos reunimos. Se trata, hasta el día de hoy, de una política económica donde la independencia y la soberanía en la toma decisiones, es decir, básicamente desvincularse de la deuda externa, es un eje central, así como también lo es el empleo y el sostenimiento a ultranza de las paritarias, por encima de algún equilibrio financiero o de la inflación, cuestiones también importantes, pero subordinadas a la defensa del trabajo, el mercado interno y las políticas sociales.

–¿Y cuáles no ve reflejadas?

–Aún no ha cambiado la fuerte extranjerización y concentración de la economía, y no hay una definición sobre estas inversiones extranjeras ni sobre límites a la utilización de insumos fabricados afuera. Los subsidios, en absoluto me causan escozor, pero sí la eficacia de su aplicación. Tampoco se ha modificado la política tributaria y eso implica seguir manteniendo grandes inequidades.

–¿Por qué cree que el Gobierno no avanzó en estos aspectos?

–Hay cuestiones que tienen que ver con las correlaciones de fuerza, por eso se ve que el Gobierno ha librado batallas con algunos sectores, pero no con otros, y en cuanto a la extranjerización seguimos igual, aunque tampoco se ha contado con una burguesía dispuesta a arriesgar para profundizar la sustitución de importaciones. En diferentes cuestiones, el Gobierno no dio o no pudo dar todas las peleas, aunque es claro que una cosa es analizar y otra es gobernar, hay limitantes que uno no conoce. Por ejemplo, es inconcebible que Argentina no haya incentivado la apertura de bancos regionales, pero si se analiza, se ve que Brasil tiene el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) y no está interesado en compartir su manejo, por lo que poco puede hacer el Gobierno.

–¿Esas materias pendientes no le han restado, entonces, su apoyo al Gobierno?

–En absoluto, porque sé bien lo que hay del otro lado y me hiela la sangre.

–¿Eso incluye a la autodenominada centroizquierda?

–En este momento, la mayor parte de la izquierda es claramente funcional a la derecha, porque privilegia la oposición a este gobierno por sobre cualquier cosa, sin siquiera detenerse a analizar cuáles son las opciones reales de país.

–Los acuerdos del año pasado con las empresas litigantes en el Ciadi y la búsqueda actual de entendimiento con el Club de París o la devaluación y la suba de interés, llevaron a la oposición a hablar de un giro ortodoxo. ¿Cuál es su visión?

–No hay ningún giro ortodoxo, hay sí una necesidad obvia de atender compromisos este año, y las reservas del Banco Central no pueden quedar debilitadas por atenderlos, porque eso pone en riesgo la estabilidad económica. Por eso hay acuerdos con el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial, y se busca expandir el crédito privado, pero siguen habiendo limitaciones, se demostró que con el FMI no se va a volver al pasado y la devaluación fue limitada. Hay que entender que Argentina no es la dueña del mundo y requiere ciertos acuerdos con el mercado. Creo igual que la devaluación fue manejada torpemente, pero en su momento no había otra alternativa. El giro ortodoxo hubiera sido volver sin reparos al mercado financiero y sacar programas sociales y de regulación pública, como “Precios Cuidados”.

–Hizo referencia oportunamente a una lucha entre dos modelos. ¿Cómo describe el modelo alternativo al actual?

–Es un modelo de ajuste, de dependencia de los mercados, de subordinación a la división internacional del trabajo en donde nos quieren sólo como agroexportadores y tomadores de créditos, sin industrias y con un porcentaje elevado de la sociedad sin empleo. La única industria en ese modelo es la vinculada al agro, las famosas Manufactura de Origen Agropecuario (MOA) y eso deja a un montón de desocupados y al país en una completa dependencia de la producción primaria, ya que si bajan los precios internacionales de los productos primarios la Argentina queda profundamente vulnerable. Por supuesto que en absoluto se puede prescindir de la producción primaria, porque hay allí grandes potencialidades, pero el país debe tener como uno de sus ejes centrales al desarrollo industrial y el mercado interno.

–¿Cuán lejos estamos de ese desarrollo industrial?

–El mayor problema tiene que ver con no haber logrado un desarrollo científico y tecnológico local, que se pueda aplicar a una industria y a un mercado diferenciado. Es imposible competir con los salarios bajos de China, por lo que una industrialización en nichos especializados, con buenos salarios y en economía de escala, es el camino que se debe tomar, y que hasta el momento es sólo incipiente. Pero para eso se necesita un empresariado nacional en condiciones de incorporar tecnología, asociarse con otras empresas de la región, y combinar producción con demanda, para lo cual es muy importante el vínculo con la región. También es fundamental, de parte del Estado, garantizar el acceso a la educación pública y a estudios superiores, porque esos egresados pueden ser los emprendedores del futuro, abiertos al mundo, innovadores. Para esto último es imprescindible un Estado que permita una independencia de investigación y tecnología. Así, se podría, por ejemplo, llegar a crear sustitutos del glifosato, que está causando estragos en los campos de nuestro país, desarrollando otros productos adaptados a las necesidades locales y no tan dañinos para el medio ambiente.

–¿Cómo ve el rol del Estado en este apoyo a los emprendedores y a la educación?

–En relación con lo industrial, estos diez años no fueron en vano, de ningún modo. Hubo planes de estímulo a la industria, pero todavía sigue sin haber un rumbo productivo integrado y definido por el Estado. En cuanto a la educación, no es poca cosa el haber quintuplicado el presupuesto educativo y pasar a tener de 200 a 4.500 investigadores del Conicet, pero falta el debate de fondo, definir algunos aspectos fundamentales como cuál es el objetivo de formación de la educación media o cómo formar investigadores que en lugar de continuar el trabajo de los grandes centros mundiales, trabajen con una mirada nacional. También el Estado debe hacerse cargo de los chicos desde su nacimiento, pero estas cosas cambian en veinte años.

–Por último, ¿qué riesgos enfrenta el actual ciclo económico?

–Existe la posibilidad de un estancamiento en la producción industrial, ya que no ha cambiado sustantivamente la oferta y se complica abarcar nuevos mercados, por lo que desde hace cuatro años que no se crece en exportaciones industriales. La actual demanda interna es muy útil, pero tiene sus limitaciones, con lo que es necesario diversificar la oferta para apuntar al exterior, como forma de hacer crecer la producción industrial. Y eso está vinculado a la distribución del ingreso, ya que como señalaba Jorge Schvarzer, el industrial ya tiene lo que tiene, pero es posible redistribuir diferente lo que va a producir en el futuro. Pero es cierto que esto depende tanto del Estado como del sector privado, y es un problema, porque entre el empresariado nacional generalmente no hay vocación de asumir riesgos. Yo estuve hace poco en Israel, y hablando con expertos en la materia, ponían mucho énfasis en el carácter de sus empresarios, que constantemente buscan la forma de innovar, asumiendo riesgos, aunque ayudados también por un Estado que supo orientarse a nichos especializados, como la alta tecnología, y brindarles apoyos para sus desarrollos.

Cuestión de peso
El rol de los sectores concentrados

Para Gak, resulta imposible analizar la política económica de un gobierno sin tener en cuenta los limitantes que enfrenta, fundamentalmente debido a lo que denomina como “sectores concentrados de la economía”. Según señala, “estos sectores son claves y se puede ver en el manejo de los precios internos, en lo que cuesta que acepten que una pequeña parte de su producción tenga algunas regulaciones de precios, efectuando aumentos que estuvieron por encima de cualquier variable que puedan justificarlos. También la especulación de las cerealeras, con su retición a exportar si no es con el dólar que ellos quieren, el tema mismo de la presión sobre el dólar o la fuga de divisas.

–¿Estas acciones corresponden mayormente a especulaciones económicas o a acciones de desestabilización política?

–Es una combinación, la desestabilización también está presente porque este gobierno es un riesgo para estos sectores concentrados. En otros tiempos, los gobiernos sabían lo que tenían que hacer, porque estaban subordinados a estos grupos de poder económico; pero al actual, no se le puede ordenar que haga las cosas que ellos quieren. También está este proceso de juzgar a los responsables civiles de la violación a los derechos humanos durante la dictadura, lo que les genera inquietudes y resistencias.

Miradas al Sur - 11 de mayo de 2014