Los que la siguen juntando con pala

Diego Kofman - Lavih Abraham - Marco Kofman - Natalia Barreda - Sergio Arelovich
La regulación del sistema financiero constituye una materia pendiente a 30 años de la recuperación de la democracia. La legislación vigente fue aprobada por la última dictadura en 1977. Esa norma reemplazó a otra “ley” emitida durante otro gobierno de facto en 1969 que, a su vez, sustituyó a otra de 1957, también en años de dictadura. Desde 1955, la democracia argentina no se ha dado sus propias leyes en materia financiera. En cambio, esa tarea estuvo a cargo de la elite económica que implementó las modificaciones a través del brazo armado de las dictaduras del siglo pasado. La excepción fueron los ensayos durante 1973 y 1974.

Por eso, repensar el marco legal para el sistema financiero representa un desafío que pone en debate la centralidad creciente que ha ido adquiriendo el sector. La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, acompañada de numerosas normas emitidas por la entidad, fue cerrando ciertas porosidades generadas por la reforma de 1977. Sin embargo, el peso adquirido por el sector, su rol en el proceso de acumulación del capital y la relevancia en la construcción de precios sensibles en la economía argentina tornan impostergable su abordaje.

Durante los últimos años el sector financiero mostró un incremento permanente en sus ganancias. Pasaron de 4746 millones de pesos en 2008 a 26.798 millones de pesos este año. Ese comportamiento se tradujo en un incremento de la rentabilidad sobre patrimonio neto de la actividad desde el 12 al 28 por ciento anual. La performance de la rentabilidad del sector financiero a lo largo del último lustro supera el desempeño de cualquier otro sector de la economía nacional.

Entre los elementos que explican este comportamiento se destacan el crecimiento del margen bruto por intermediación y los resultados por tenencia e intermediación con títulos públicos. El primero, que muestra la diferencia de ingresos y egresos por la administración de créditos y depósitos que hacen los bancos, pasó de 18.046 millones de pesos en 2008 a más de 75.000 millones para el 2013. Mientras que el segundo elemento pasó de 5619 millones de pesos en 2008 a poco menos de 21.500 millones de pesos.

Es importante mencionar que este desempeño en las variables del sistema financiero se observaron año a año desde el 2008. Por ejemplo, la rentabilidad sobre patrimonio neto pasó de 12 por ciento en 2008 a 18 por ciento en 2009, a 22 por ciento en 2010 y desde entonces creció dos puntos porcentuales cada año. También merece observarse la importancia del negocio vinculado a títulos públicos en el total del negocio bancario, siendo la misma una actividad no tradicional del sector.

Otro apartado a destacar del comportamiento sectorial es el cambio en los niveles de productividad del trabajo en los bancos y entidades financieras. En ese sentido, un elemento importante es el crecimiento del número de cuentas bancarias administradas por trabajador, que pasó de 401 en el año 2008 a 592 en 2013, un crecimiento de casi el 50 por ciento. A su vez, el margen bruto de intermediación asociado a cada una de esas cuentas mostró un crecimiento a valores constantes del 46 por ciento. En la actualidad, este valor es de 1216 pesos.

Vinculado con los puntos mencionados, podemos observar un fuerte incremento del valor agregado bruto sectorial por trabajador. Medido en pesos de diciembre de 2013, este concepto pasó de 461.000 pesos en 2008 a 950.000 pesos en 2013, representando un incremento real de más del ciento por ciento.

Por último, son notables los cambios ocurridos en la distribución del valor agregado sectorial. En primer término, es destacable el crecimiento de la participación del Estado en dicha distribución. Mientras que en el quinquenio 2004-2008 la apropiación estatal promedio por medio de impuestos fue del 12 por ciento, en los últimos cinco años esta participación pasó a representar un 24,5 por ciento en promedio. En términos absolutos, la recaudación estatal estimada en concepto de impuestos pagados por el sector para el año 2013 asciende a los 28.000 millones de pesos. Para dimensionar lo que este monto representa, tengamos presente que el presupuesto de salud del año 2013 fue cercano a los 13.000 millones.

La principal contrapartida de este incremento es una caída de la participación de las ganancias brutas, que pasaron del 52 por ciento al 41,5 por ciento entre esos períodos. De todos modos, en términos absolutos, las ganancias brutas pasaron de 12.000 millones de pesos en 2008 a más de 39.500 millones en 2013. Simultáneamente, la participación de los trabajadores del sector cayó del 36 por ciento al 34 por ciento. En términos absolutos, la masa salarial pasó de 9000 millones de pesos en 2008 a más de 31.500 millones en 2013.

Es importante observar con mayor detenimiento estos últimos datos. En el año 2011, la participación de los trabajadores en la distribución del valor agregado bruto sectorial fue del 36 por ciento, para el año 2012 ese concepto se redujo al 34 por ciento, y para el año 2013 se observa una nueva caída, que lo lleva al 32 por ciento. En estos mismos años la participación de la ganancia bruta se mantuvo estable en un 40 por ciento. Mientras que la participación del Estado pasó del 24 por ciento en 2011, al 26 por ciento en el 2012 y al 28 por ciento en 2013.

Las características actuales del sistema financiero y los nuevos roles desempeñados por el mismo en los últimos años, ya sea como comprador y operador de títulos públicos o como fuente de recursos tributarios cada vez mayores, agrega complejidad a un debate sobre qué tipo de intervención y regulación estatal se requiere para orientar la dinámica de este sector en el marco de una estrategia de desarrollo económico sostenido.

Página/12 - 30 de diciembre de 2013