La Sacayán lo hizo de nuevo

Adriana Carrasco


Líder travesti, periodista de este suplemento, imbatible luchadora por los Derechos Humanos, Diana Sacayán, aun después de muerta, acaba de conseguir un fallo histórico en la Justicia argentina. En el tramo final del juicio que Soy viene siguiendo paso a paso, su asesinato fue calificado como crimen de odio. Se espera para principios de julio que la palabra travesticidio aparezca en los papeles. Su asesino, Gabriel David Marino, quien muy probablemente estuviera esperando la misma impunidad con la que históricamente los asesinos de travestis se vieron favorecidos, fue condenado a prisión perpetua. Aquí, la crónica de este momento histórico en el que la familia Sacayán y la familia lgbtti celebraron un acto de justicia que sienta un precedente de dignidad y que, además, no termina acá.

Completo silencio en la sala. Son las 12 y 3 minutos. El presidente del Tribunal Oral Criminal Nº 4 tamborilea los dedos de la mano izquierda, nervioso, sobre el estrado. En pocos segundos leerá el veredicto que marcará un antes y un después para las travestis y las trans en los tribunales argentinos. Sobre tres jueces pesa la responsabilidad de dictar sentencia por el crimen de la militante travesti y defensora de los derechos humanos Diana Sacayán. Un asesinato que reviste el carácter de “crimen político” para el colectivo lgbti. Diana Sacayán fue la activista argentina que caracterizó al travesticidio como último eslabón de las violencias que sufren las travestis. 

Ingresan en la sala Say Sacayán -hermano de Diana-, Nora Cortiñas y Marlene Wayar. Sobre la valla de madera de alto artesanado que separa al público del Tribunal, dos estampitas del Gauchito Gil y de Diana Sacayán amparan del frío de los Tribunales. Solo pueden verlas quienes están sentadxs en primera fila.

-¿Estamos todos?- pregunta el juez Calvete, acomoda el micrófono. Y comienza a leer.

“En la Ciudad de Buenos Aires, a los 18 días del mes de junio de 2018, siendo las 12 horas, se constituyen en la sala de audiencias del Tribunal Oral en lo Criminal Nº4 de la Capital Federal los doctores Ivana Bloch, Julio César Báez y Adolfo Calvete, este último como Presidente, a fin de dar lectura a la parte dispositiva de la sentencia dictada en la causa 62.182 del 2015 seguida a Gabriel David Marino, argentino, soltero, estudios secundarios completos y actualmente alojado en el Complejo Penitenciario Federal 1 de Ezeiza”.

El público en la sala aprieta los puños, traga saliva, cuesta respirar. Es muy veloz el desenlace. El acusado Marino permanece impávido. Tuvo oportunidad de hablar al comienzo de la audiencia, pero la rechazó. Su defensor, Lucas Tassara, no está presente. Lo reemplaza el defensor Ramiro Rúa.

“El Tribunal por mayoría resuelve condenar a Gabriel David Marino por ser coautor del delito de homicidio calificado por odio a la identidad de género”. Aplausos, abrazos y llantos en la sala. Marino traga saliva pero no se mueve, ni siquiera pestañea. “Y por haber mediado violencia de género, a la pena de prisión perpetua, accesorias legales y al pago de las costas del proceso”.

El juez Calvete levanta la mirada dos veces hacia el público. “Firme que sea, insértese en el registro de sentencias del Tribunal. Es todo”.

Cinco agentes penitenciarios retiran al condenado por homicidio por odio a la identidad de género travesti. Sale por detrás del estrado de lxs jueces. No hay la menor señal de jurar venganza hacia el acusado. A todxs les gana la tristeza por la ausencia de Diana y saber que lxs jueces esta vez escucharon las voces del colectivo travesti-trans. Que la vida de Diana y de todas las travestis y trans valen. Que ya no van a ser impunes quienes pretendan arrancarlas.

AL CALABOZO NO VOLVEMOS

La lectura del veredicto duró siete minutos. Que pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte. La consideración de la vida travesti como digna de ser protegida, o no. Después de estos siete minutos comienza otra historia para travestis y trans en la Argentina.

Conoceremos la sentencia completa recién el viernes 6 de julio. Habrá que esperar hasta entonces para saber si el Tribunal empleó la categoría de “travesticidio” en los fundamentos. “Es preciso que el concepto de travesticidio se incluya como concepto jurídico. Diana venía reclamando el uso de este concepto social y político y Say Sacayán continuó con esta lucha”, dice Luciana Sánchez, abogada de la querella familiar.

Afuera de la sala, sobre el pasillo que da a las claraboyas con vitrales que permiten pasar la luz del sol, hay un mar de abrazos, lágrimas, gritos de justicia que por primera vez se plenifican con una realidad potente y esperanzadora. No es afán por punitivista sino la buena noticia de que por primera vez la Justicia da una señal de que se terminó la impunidad para los travesticidios. Y quizá también de que deben terminar los ataques cotidianos y la violencia institucional contra las travestis.

Decenas de cuerpos que saltan enlazados en abrazos activistas, por primera vez, en los pasillos helados y que siguieron la transmisión del Centro de Información Judicial, porque la sala era chica y no entraban todas, todos y todes. Esos rostros y esos cuerpos que se conocen durante años en las calles y en los espacios de militancia compartida entre el movimiento lgbti, el feminismo, los movimientos sociales, partidos políticos y sindicatos. Hasta el acceso a los ascensores jaula del sexto piso de Tribunales quedaron completamente ocupados por activistas. Cientos de voces cantan “Diana corazón/ acá tenés las travas para la liberación” y “Lo dijo Lohana y Sacayán/ al calabozo no volvemos nunca más”. Say Sacayán recordó a Lohana Berkins como “nuestra travestiarca, así la llamaba Diana. Lohana nos guió pero no pudo resistir el dolor que le provocó la muerte de Diana”. En la declaración que hizo Lohana tres días después del asesinato de Diana, dijo: “Me importa que el hecho quede encuadrado como travesticidio”.

La Comisión de Justicia por Diana Sacayán trabajó dos años hasta arribar a esta sentencia que condena este asesinato como crimen de odio y como violencia de género. “La condena como crimen de odio señala que las travestis tienen derecho a la identidad y que la identidad travesti es una forma de vida que vale. Por otro lado, la calificación como violencia de género señala que todas las identidades femeninas, sin distinción, tenemos derecho a vivir sin violencias. Así como se habla hoy de las muertes por aborto evitables, los asesinatos de nuestras compañeras travestis y trans son completamente evitables. Tenemos que evitar que se sigan produciendo estas muertes”, sostuvo Luciana Sánchez. 

Un hito fundamental para que el trabajo actual fuera posible es la Ley de Identidad de Género, promulgada en 2012 en Argentina, y por la que luchó Diana Sacayán. “La despatologicación de las identidades trans en nuestro país se produjo en 2012 -dice Luciana Sánchez en relación a la reciente declaración de la Organización Mundial de la Salud (OMS)-. Con la Ley de Identidad de Género se abrió la posibilidad de sentirnos sujetas y sujetos dentro del sistema de Justicia. Pero no alcanza con un reconocimiento abstracto sino que el reconocimiento debe ser material. Ya no afuera, quejándonos y excluidxs. O adentro y quejándonos por no ser escuchadxs. Ahora seguiremos adentro y afuera, como hacen los movimientos sociales”, sostiene. 

UNA NUEVA JURISPRUDENCIA

Una fila interminable de activistas y militantes bajan las escaleras de Tribunales agitadxs pero sin gritar. Lo más difícil ya pasó: la descarga de adrenalina, el temor y la desconfianza, que predominaron en las primeras audiencias. Patricia Sacayán, hermana de Diana, le cuenta a Soy que no pudo respirar hasta que anunciaron que se daba comienzo a la lectura del veredicto. “Hoy cuando entré temprano, me ataqué mal. Tomé aire y me hicieron masajes. Solo así pude volver a entrar. Cuando escuché la sentencia pude empezar a respirar bien”. La sensación que cuenta Patricia fue de muchxs. Más tarde, ya pronunciada a sentencia, el desfile de cientos de jóvenes bajando por las escaleras de Tribunales para ganar Plaza Lavalle, removió toneladas de prejuicios impregnados en tomos apolillados de jurisprudencia. Lxs jóvenes con su estela de sol de invierno es la sensación que recordaremos quienes vivimos este día histórico. En estos meses el movimiento travesti-trans logró derrumbar las más macizas murallas patriarcales. Y todavía le esperan otras, tanto o más compactas.

En Plaza Lavalle, Nora Cortiñas señala que estamos ante un fallo histórico. “Que los jueces nos vean a todas. Gracias a eso se despiertan. Hay que exigir que este fallo esté en los anales de la historia jurídica. Diana está presente”. Se preparan los tambores. Distintas activistas travestis y trans ponen el acento en que este 18 de junio y este juicio marcan un precedente mundial. No lo sabían, pero mientras un tribunal de Buenos Aires dictaba esta sentencia, la Organización Mundial de la Salud retiraba la transexualidad de la lista de enfermedades mentales. Johana Sacayán, otra de las hermanas de Diana -que padeció cárcel junto con ella, por su identidad travesti-, dice que Diana sigue estando presente de muchas maneras. Nada quiere quedarse quieto.

MULTIPLICAR ES LA TAREA

Dos eran las preguntas que se escuchaban en los pasillos de Tribunales, antes de comenzar cada audiencia: 1) ¿llegó el imputado? y 2) ¿llegó la combi con lxs Sacayán? El juicio no podía comenzar sin lxs hermanxs y sobrinxs de Diana.

Son quince lxs hermanxs Sacayán, por orden de edad: Salomón, Viviana, Mirta, Gladis, Nieves, Rosa, Julio, Fabián, Patricia, Arturo, Daniel, Silvia, Johana y Say. Falta Diana. Los rostros tan parecidos a Diana, y multiplicados durante toda la audiencia en cada punto de la sala, interprelaron en silencio al Tribunal. Con una historia de lucha detrás. Arturo dice que cumplió el papel de papá de Diana. Comenzó a trabajar a los 9 años en una verdulería lavando en fuentones galvanizados papa negra para convertirla en papa blanca. Con el tiempo, Diana comenzó a tomar iniciativas que ayudaron al grupo familiar a salir adelante y se puso al frente de los reclamos barriales. Luego vino la lucha por mejorar las condiciones de vida de todas las travestis y trans, la lucha por la Ley de Identidad de Género y el cupo laboral travesti-trans. La mayoría de lxs Sacayán continúan viviendo en Gregorio de Laferrere, donde se criaron con Diana. También llenaron la sala de audiencia lxs sobrinxs Sacayán.

El menor de lxs hermanxs, Say, se hizo cargo de coordinar el M.A.L. (Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación) que fundó Diana y cargó sobre sus hombros la querella judicial y los momentos de máxima tensión durante la investigación judicial. Darío Arias, coordinador de Conurbanxs por la Diversidad y amigo de Diana, lo acompañó a lo largo de este difícil proceso. “Esto no hubiera sido posible sin el acompañamiento del movimiento travesti-trans, de los movimientos políticos y de lxs activistas individuales. Hicimos justicia por las compañeras asesinadas y sobre las que la Justicia no se pronunció. Lo que ocurrió hoy en Tribunales habla de la inmensidad de la lucha de Diana. Aun cuando ya no esté acá, Diana nos sigue marcando el camino. Hemos logrado darle todas las herramientas a la Justicia, las personas travestis y trans pudimos hablar (Say estuvo entre lxs testigxs, así como otrxs integrantes del colectivo). Y sobre todo pudimos hablar en el expediente de la violencia estructural y del travesticidio social”, dice Say Sacayán. La querella familiar también recurrió a las organizaciones internacionales trans y así fue como la activista muxe Amaranta Gómez Regalado viajó desde México para declarar en el juicio como testigo experta. A esto se sumó un trabajo arduo con el Ministerio Público Fiscal, especialmente a través de la UFEM (Unidad Fiscal Especializada en violencia hacia las mujeres y las personas lgbti)  y la DOVIC (Dirección de Orientación, Acompañamiento y Protección a Víctimas). 

La tarde cierra con un homenaje con velas en Plaza Lavalle a las travestis y trans que ya no están. Hay conciencia en el movimiento travesti-trans de que aumentaron los ataques del colectivo, incluso hacia quienes tienen un perfil militante. Pero el homenaje no pretende una plegaria sino conjuro potente para emerger del dolor con fuerza transformadora. Quedan muchas barreras que derribar. Y se precisa toda esa fuerza.

 

Suplemento SOY de Página/12 - 22 de junio de 2018