La derrota definitiva del monetarismo

Ellen Brown


Las exitosas políticas de China y Japón implican la derrota definitiva del monetarismo

El Partido Demócrata se inclina definidamente hacia la izquierda progresista, y en la primera ronda de los debates presidenciales los candidatos presentaron un programa tras otro para ayudar a los pobres, los desfavorecidos y la clase media en dificultades. Las propuestas van desde un ingreso básico universal hasta el servicio de salud Medicare para todos, de un  New Deal Verde al perdón de la deuda de los estudiantes y la matrícula universitaria gratuita. El problema, como observó Stuart Varney en «Fox Business», es que nadie tiene una forma viable de pagar todo sin aumentar los impuestos, lo cual es difícil de venderle a los votantes. Si robar a Peter para pagarle a Paul es la única alternativa, las propuestas morirán por falta de fondos, tal como ocurrió con el proyecto de ley de infraestructura de Trump.

Afortunadamente hay otra alternativa, de la que nadie parece estar hablando, al menos en el debate presidencial. En Japón es un tema candente; y en China se da por sentado: el gobierno puede generar el dinero que necesita simplemente creándolo en los libros de sus propios bancos. Los líderes en China y Japón reconocen que estimular la economía no es un juego de suma cero, en el que los fondos se pasan de un cubo a otro. Para hacer crecer la economía y aumentar el producto interno bruto, la demanda (dinero) debe aumentar junto con la oferta. Se debe agregar nuevo dinero al sistema. Eso es lo que China y Japón han estado haciendo, con mucho éxito.

Antes de la crisis bancaria mundial de 2008-2009, el PIB de China creció a un promedio del 10% anual durante 30 años. La oferta de dinero, creada en los libros de sus bancos estatales, creció junto con el PIB. El Primer Ministro de Japón, Shinzo Abe, ha seguido ese ejemplo con un estímulo económico masivo financiado por compras igualmente masivas de deuda del gobierno por parte de su banco central, con dinero creado simplemente con el teclado de la computadora.

Esto ha ocurrido sin que aumenten los precios, el terrible resultado predicho por los economistas estadounidenses que suscriben la teoría monetarista clásica. En los 20 años comprendidos entre 1998 y 2018, la oferta monetaria de M2 ​​en China aumentó 18 veces (de poco más de 10 billones de yuanes a 180 billones de yuanes, o 11.600 billones de dólares). Sin embargo, China cerró 2018 con una tasa de inflación al consumidor inferior al 2%. La estabilidad de precios se ha mantenido porque el PIB de China ha crecido casi a la misma velocidad, 13 veces en 20 años.

Los programas de estímulo masivo del primer ministro Abe, llamados «Abenomics», han sido financiados a través del Banco de Japón. El banco central ahora ha «monetizado» casi el 50% de la deuda del gobierno, convirtiéndola en dinero nuevo. Adquirió esa deuda con yenes creados en los libros del banco. Si la Reserva Federal de los Estados Unidos hiciera eso, poseería $ 11 billones en bonos del gobierno de los Estados Unidos, cuatro veces más que ahora. Sin embargo, la oferta monetaria M2 de Japón ni siquiera se ha duplicado en 20 años, mientras que la oferta monetaria de los Estados Unidos ha crecido en un 300%; y la tasa de inflación de Japón se mantiene obstinadamente por debajo del objetivo del 2% del Banco de Japón. Los programas de estímulo de Abe no han subido los precios. De hecho, la deflación sigue siendo una preocupación mayor que la inflación en Japón, a pesar de la monetización de la deuda sin precedentes por parte de su banco central.

¿Esquema Ponzi gigante o nuevo modelo?

Durante mucho tiempo, los críticos han considerado a la economía de China un esquema Ponzi, condenado al colapso; pero durante 40 años se ha demostrado que están equivocados. Según un informe de junio del Servicio de Investigación del Congreso:

«Desde su apertura al comercio exterior y la inversión y la implementación de reformas de libre mercado en 1979, China se encuentra entre las economías de más rápido crecimiento del mundo, con un crecimiento real anual del producto interno bruto (PIB) del 9,5% hasta 2018, un ritmo descrito por el el Banco Mundial como la expansión sostenida más rápida  en la historia de una economía importante. Dicho crecimiento ha permitido a China duplicar su PIB en promedio cada ocho años y ayudado a sacar a aproximadamente 800 millones de personas de la pobreza. China se ha convertido en la mayor economía del mundo (sobre la base de la paridad del poder adquisitivo), en producción y comercio de mercaderías y en reserva de divisas».

Este crecimiento masivo se ha financiado con crédito creado en los libros de los bancos de China, la mayoría de los cuales son de propiedad estatal. Por supuesto, también en Estados Unidos el crédito se crea simplemente en los libros de los bancos; no otra cosa es la mayor parte de nuestra oferta de dinero. La diferencia es que el gobierno chino puede intervenir y lo hace para dirigir dónde va ese crédito. En un artículo de julio de 2018, titulado “China inventa una forma diferente de administrar una economía”, Noah Smith sugiere que el novedoso enfoque de China para la estabilización macroeconómica mediante la regulación del crédito bancario representa un nuevo modelo económico, que puede contener valiosas lecciones para las economías desarrolladas. «Muchos economistas verán este enfoque como ad hoc, riesgoso e intervencionista, no como el tipo de medidas en que quisiera confiar un país desarrollado. Y sin embargo, parece haber conducido con éxito a China a través de varias crisis, mientras que siempre evitó la catastrófica crisis financiera que los observadores externos han estado prediciendo durante años», afirma.

Abenomics y moderna teoría monetaria

Smith también ha escrito sobre el modelo único de Japón. Después de que Abe aplastó a sus oponentes en las elecciones de octubre de 2017, Smith escribió en Bloomberg News: “El Partido Liberal Demócrata de Japón, que lleva largos años de gobierno, ha descubierto una forma novedosa e interesante de mantenerse en el poder: gobernar de manera pragmática, concentrarse en la economía y dar a las personas lo que quieren». Abe afirmó que todos los que quisieran un trabajo lo tendrían; a las pequeñas y medianas empresas les va bien; y el programa sin precedentes de flexibilización monetaria del Banco de Japón proporcionó un crédito fácil para la reestructuración empresarial sin generar inflación. Abe también se comprometió a hacer que tanto el secundario como la universidad fueran gratis.

Al igual que el modelo económico de China, a la Abenomics se le ha llamado un esquema Ponzi, financiado por el dinero «gratuito» creado por el banco central. Pero es una estrategia que ha funcionado para la economía. Hasta el Fondo Monetario Internacional, antes tan escéptico, ha declarado que la Abenomics es un éxito.

El programa de compra masiva de bonos del Banco de Japón también se ha denominado «dinero de helicóptero», una política en la que el banco central financia directamente los gastos del gobierno mediante la suscripción de bonos, y se ha comparado con la Teoría Monetaria Moderna (MMT), que de manera similar afirma que el gobierno puede crear dinero con fondos del banco central. (Dinero de helicóptero es una expresión despectiva acuñada por Milton Friedman para descalificar la creación de dinero como estímulo económico).

Como escribió Nathan Lewis en Forbes de febrero:

«En la práctica, algo parecido a la MMT ha alcanzado un nuevo nivel de sofisticación en estos días en Japón. Esto realmente es moderno; pero no he visto ningún teórico de la MMT que pueda explicarlo. El Banco de Japón ahora posee bonos del gobierno que ascienden a más del 100% del PIB. En otras palabras, el gobierno ha logrado financiarse con la maquinita hasta aproximadamente el 100% del PIB, sin consecuencias inflacionarias».

Los funcionarios japoneses se han resistido a las comparaciones con el dinero de helicóptero y la MMT, argumentando que la ley japonesa no permite que el gobierno venda sus bonos directamente al banco central. Al igual que en los Estados Unidos, los bonos del gobierno deben venderse en el mercado abierto, una limitación que también impide que el gobierno estadounidense monetice directamente su deuda. Pero como observó el vicegobernador del Banco de Japón, Kikuo Iwata, en un artículo de 2013 de Reuters, no importa si se venden los bonos. Lo que es importante es que el banco central acordó comprarlos, y es aquí donde la ley bancaria de los Estados Unidos se aparta de las leyes de Japón y China.

Banco Central a la asiática

Cuando el Tesoro de los Estados Unidos vende bonos en el mercado abierto, solo puede desear que la Fed los compre. Cualquier intento por parte del Presidente o el Congreso de influir en la política de la FED se considera una injerencia grave en la sagrada independencia del banco central.

En teoría, los bancos centrales de China y Japón también son independientes. Ambos son miembros del Banco de Ajustes Internacionales de Basilea, que destaca la importancia de mantener la estabilidad de la moneda y la independencia del banco central. Ambos países modificaron sus leyes bancarias en la década de 1990 para reflejar mejor esas políticas. Pero aún difieren de manera significativa de las de los Estados Unidos.

El Banco de Japón es legalmente libre de establecer tasas de interés, pero debe cooperar estrechamente con el Ministerio de Finanzas para establecer la política. El artículo 4 de la ley orgánica de 1997 dice:

El Banco de Japón, teniendo en cuenta el hecho de que el control monetario y cambiario es un componente de la política económica general, siempre mantendrá un estrecho contacto e intercambiará opiniones con el gobierno, de modo que el control monetario y cambiario y la postura básica de la política económica del gobierno sean mutuamente compatibles.

A diferencia de Estados Unidos, Abe puede negociar con el presidente del banco central la compra de bonos del gobierno, asegurando que la deuda se convierta en dinero nuevo que estimule el crecimiento económico interno; y tiene el derecho legal de hacerlo.

La influencia del gobierno de China sobre su banco central es incluso más fuerte que la del primer ministro japonés. La Ley de la República Popular China de 1995 sobre el Banco Popular de China establece:

Bajo la dirección del Consejo de Estado, el Banco Popular de China deberá formular y aplicar políticas monetarias, eliminar los riesgos financieros y mantener la estabilidad financiera.

El Consejo de Estado tiene poder de decisión final en cuestiones como la oferta anual de dinero, las tasas de interés y los tipos de cambio; y ha utilizado este poder para estabilizar la economía al dirigir y regular la emisión de crédito bancario, el nuevo modelo macroeconómico chino que, según Noah Smith, tiene importantes lecciones para nosotros.

La exitosa carrera de la Abenomics durante seis años, junto con las décadas de crecimiento económico sin precedentes de China, han demostrado que los gobiernos pueden efectivamente monetizar sus deudas, expandiendo la oferta monetaria y estimulando la economía, sin elevar los precios al consumidor. Las teorías monetaristas de los formuladores de políticas de los Estados Unidos están obsoletas y deben ser descartadas.

Kyouryoku, la palabra japonesa para la cooperación, está compuesta por caracteres que significan «fuerza conjunta», «más fuerte trabajando juntos». Este es un principio reconocido en la cultura asiática, y es un enfoque que deberíamos adoptar. Los candidatos presidenciales de ambos partidos de los Estados Unidos deben hablar sobre cómo modificar la ley para que el Congreso, la administración y el banco central puedan trabajar juntos para establecer la política monetaria, siguiendo los enfoques exitosamente modelados en China y Japón.

 

El Cohete a la Luna - 14 de julio de 2019